LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS

 

 

1. Un lenguaje comprensible.

 

 

Corrían los años 60. Yo estaba iniciando la adolescencia, edad experimental muy influyente en nuestro futuro. Iba con mis amigos en bicicleta por la carretera de Triongu a Arriondas en la Asturias de mi infancia. Anochecía, y volvíamos para casa. En la curva del Portazgo, algo me hizo mirar a la derecha, al terraplén que caía sobre el canal de la Central de Coviella, y a pesar de la poca luz, me pareció ver una persona caída entre los zarzales.

 

Mi corazón dio un vuelco y paré en el borde para comprobar que efectivamente estaba allí inmovilizado. Era un paisano ya entrado en años, y estaba en pleno barranco, con peligro de caerse al canal y con una bicicleta encima. Comencé a descender como malamente podía, agarrándome a las zarzas que me arañaban sin piedad. Descubrí que el pobre hombre llevaba un tiempo caído sin esperanzas de salir, agotado y resignado a su suerte; había sido providencial que me percatara de su presencia. Mis amigos habían pasado delante sin darse cuenta, y extrañados de mi tardanza volvieron en mi búsqueda. Vieron mi bicicleta y se pararon a observar la lucha que mantenía con las zarzas. Por fin, no sin esfuerzo y cierto peligro, logré levantar la bicicleta que impedía la movilidad del paisanín. Me miraba contemplando inmóvil mis maniobras con una mirada infinita de agradecimiento. Les pedí ayuda a los de arriba y subieron la bici. Yo me afané en sujetar al “paisa” con cuidado de no caernos por el barranco y desenmarañarnos de las crueles zarzas.

 

Una vez arriba, observé su sencillez y pobreza. Llevaba una pequeña tartera de metal atada en la bici -su alimento de la jornada-, la bici tenia casi tantos años como él, y comparada con nuestras "orbeas" no era nada, pero le servía para ir todos los días al trabajo. El “paisa” no sabía qué decir, todo era humilde agradecimiento y buscando en su cinturón encontró "un duro" que quería dármelo a toda costa. Yo me negaba, me sentía suficientemente pagado con su alegría  y no quería admitir "un duro" que para un jovenzuelo como yo era mucho, pero para él, seguro que era mucho más. Después de agradecerme todo desde lo más profundo de su alma, ayudándole a subir a su bicicleta, se fue alejando despacio y tambaleante, hasta que le perdimos de vista. No lo conocía y pienso que nunca más le he vuelto a ver.

 

Siempre recordaré con agrado este suceso, convencido de que el mismo Jesús me llevó a él, o quizás, que él fuera Jesús en persona. Pero para el caso da igual, pues "todo aquello que hiciereis con mis humildes hermanos, conmigo lo hacéis".

 

Tanto este suceso como otros más normales que ocurren todos los días, son signos de Dios que esperan nuestra respuesta. Tenemos que saber ver esos signos, sin esperar que sean espectaculares, más bien cotidianos y sencillos a lo largo de la jornada.

 

Nuestra incapacidad para discernir el signo de los tiempos, en concreto, del tiempo presente, nos impide ver con claridad los objetivos de nuestro vivir. Jesús nos echa en cara esta ceguera:

 

"Cuando veis que sale una nube por el poniente, enseguida decís: va a llover, y así sucede. Y cuando sopla el sur, decís: viene bochorno, y sucede. ¡Hipócritas! Sabéis interpretar el aspecto del cielo y de la tierra: entonces, ¿como es que no sabéis interpretar estos momentos? (Luc.12, 54-56)

 

"...sabéis discernir el aspecto del cielo y no podéis discernir los signos de los tiempos"

(Mat.16, 3)

 

Esta recriminación referida a los tiempos mesiánicos, se produce también hoy día. Dios nos sigue dando innumerables muestras de su predilección por cada uno de nosotros, y seguimos ciegos, nuestra vida carecería de rumbo, y estaría abocada al fracaso más estrepitoso si no sabemos leer estos signos y darnos cuenta a tiempo para poder encauzar una vida, la nuestra, que es corta, que se acaba.

 

¿Como discernir sucesos con los que Dios quiere transmitirnos sus designios? ¿Como descubrir el sentido de estos sucesos que por menudos y cotidianos no dejan de ser providencias, y que Dios nos envía para nuestro bien? ¿Como responder?

 

Dios ha creado el mundo de la nada, y lo mantiene en el ser; si por un instante dejara de pensar en él, volvería a la nada. Todo ocurre porque Dios lo quiere o lo permite. Pero algunos sucesos tienen un significado muy especial para nosotros, para la sociedad, para nuestro mundo. Son esos sucesos de los que el Señor reprende a los judíos diciéndoles que están ciegos porque no quieren verlos, sucesos que también en nuestros días se nos transmiten "con toda claridad", "en un lenguaje comprensible", pero que nos empecinamos en no querer ver ni entender.

 

El sucedido que he contado de mi infancia es perfectamente comprensible: la providencia de Dios provocando un encuentro personal. Hay otros mucho más claros, más trascendentes, la mayoría muy sencillos y otros dramáticos. Todos tenemos innumerables vivencias personales a las que a veces no encontramos sentido, pero que han supuesto un cambio en nuestras vidas, queramos o no. Si estas vivencias son interpretadas correctamente, quizás nos dicen mucho más de lo que a primera vista parece. Hay sucesos en nuestra sociedad que ocurren porque Dios quiere intervenir decisivamente ahí, y así quiere que lo comprendamos, sin buscar otras explicaciones. Todo es un misterio, pero recordemos las advertencias de Jesús, urgiéndonos a que salgamos de la hipocresía. El Espíritu de Dios -el Espíritu Santo- nos ilumina en esta tarea de discernir la verdad que encierran los aconteceres de este mundo.

 

 

2. Dios es exigente, pero ofrece su ayuda.

                       

 

Trata con exigencia a las personas que corresponden a su amor. Por eso otros muchos no quieren escucharle, no quieren oír sus llamadas, pero merece la pena estar atentos, con toda la atención puesta en esas señales de los tiempos actuales que inequívocamente Él nos hace llegar y nos ayudan a no desviarnos del camino hacia la felicidad, que es el único objetivo de nuestra vida terrena.

 

Sucedió en 1993, yo me encontraba de viaje en Pamplona. Ese día notaba una especial alegría, y a la vuelta hacia Bilbao, unas tremendas ansias de estar hablando con Jesús, de rezar todo el camino, de no apartar mi mente del espontáneo agradecimiento a Dios por todos sus dones, los que me había concedido, los que me estaba concediendo y los futuros dones que me concedería de considerarme digno.

 

Llegué a Bilbao y en mi casa estaban ¡sorpresa agradable! tres de mis mejores amigos. Mi mujer, Teresa había sido hospitalizada para hacer unas pruebas en principio de poca importancia. Ellos venían a comunicarme que en la biopsia practicada a Teresa unos días antes, el análisis era terrorífico: tenia un adenocarcinoma gástrico en el peor lugar del estomago, muy avanzado (Mariano, que es medico me lo explicaba con todo detalle), y se le daba tres meses de vida. Efectivamente, fallecía a los tres meses. Dios me había preparado ese día para esta noticia. Teresa tenía 37 años y me dejaría con 6 hijos de corta edad. Yo, resignado, admití los hechos y se los transmití en el hospital a mi esposa. Los dos aceptamos la voluntad de Dios con paz.

 

¿Es explicable este hecho si Dios no actuase antes?

 

Cuantas desgracias vienen y nos desesperan, pero si somos capaces de escuchar antes a Dios, las recibiríamos con paz.

 

Y a nivel social. ¿Cuantas calamidades vienen en este mundo por no saber interpretar los signos que Dios nos envía?, los signos de nuestros tiempos, que nos previenen de guerras, epidemias, conflictos entre hermanos, miserias morales y físicas, etc., por no saber interpretarlos y dar la respuesta adecuada.

 

El papa Juan Pablo II, era un estorbo para determinadas ideologías, y decidieron eliminarlo. No era el momento para Dios, la bala atravesó su cuerpo pero sin tocar ninguna víscera vital. Pudo el Santo Padre proseguir su misión.

 

 

3. ¿Qué nos dicen los tiempos de hoy?

 

 

En muchas zonas del planeta, las personas se alejan de Dios, sustituyéndolo por el bienestar material sin Dios, que se extiende como mancha de aceite, donde se pierde la dignidad de hijos de Dios por la de hijos de la banalidad, de lo efímero y hedonista, donde el nuevo dios es uno mismo… En otras zonas del planeta, con más sufrimiento y más dificultades, las personas se acercan a Dios, hay un mayor número de  conversiones y vocaciones a la entrega a Dios. Conocen el bienestar material del llamado primer mundo, pero conservan la dignidad intacta y eligen lo mejor: el bienestar material y espiritual.

 

En todo el mundo globalizado clama un rechazo a esta irracionalidad que es la causa de un apego perverso a ciertos bienes y como consecuencia, la causa del  sufrimiento de tantas personas en tantos lugares del planeta, sean del llamado primer mundo, sean del llamado tercer mundo.

 

En la Constitución Europea y en el rumbo político que quiere tomar mi país, se ve una clara intención de considerar del pasado toda referencia a Dios. Más aun, se desprecia no solo la religión, sino la cultura cristiana empapada de expresiones religiosas populares. Muchas personas sobrevivirán esta ola de poder político autosuficiente y absolutizador, pero otras se perderán con la extenuante opresión mediática en manos del poder. En aras de la tolerancia se hace un mundo falso, la ley de la selva, la ley del más poderoso. La Iglesia nos previene desde hace tiempo: vienen tiempos difíciles.  Pero contamos con la ayuda de Dios que a todos tiende su mano para que  la encuentre el que le busca.

 

 

4. Dios se hace visible.

 

 

En este contexto ¿como discernir el sentido de nuestro mundo? ¿Que señales nos envía el Creador para ayudarnos a encauzar esta sociedad? Abundan y sobreabundan,  pero no las vemos, unos porque no saben ver y otros porque no les interesa.

 

Después del atentado, el papa Juan Pablo II prosiguió su abnegada peregrinación por los corazones de todas las gentes de buena voluntad, y entregando su vida, removió conciencias, abrió los ojos de muchos, las mentes, movilizó masas, murió mártir y transformó el mundo. ¿No es esto una clara e impresionante señal de Dios a toda la humanidad? y ¿Qué nos quiere decir? Yo solo encuentro una explicación: estamos haciendo un mal uso de nuestra libertad y el Espíritu de Dios ha hecho surgir un hombre santo, que ha clamado por nosotros, ayudándonos en las flaquezas a fin de superar esta ola de materialismo egoísta que ataca nuestras conciencias y limita nuestra libertad, para educar a nuestros hijos, para oponernos a leyes inmorales que ofenden a Dios y degradan al hombre. Para soportar las persecuciones y limitaciones que se nos imponen, para salvar una generación que se pierde diluida en el hedonismo.

 

Dios no deja de guiarnos, y utiliza para ello a personas que de alguna manera hacen de mediadores entre Él y nosotros, algunas conscientemente y otras menos conscientes, de forma muy sencilla y personal o de manera más pública; en las pequeñeces o en grandes manifestaciones.  

 

Una vez que se supo la grave enfermedad de Teresa, mucha gente deseaba estar con ella para confortarla. Era ella la que confortaba a todos: personas llorosas que salían transformadas, serenas y alegres. Solo les hablaba de Dios y de la aceptación de su voluntad. Los días antes de morir, nos agolpábamos a su alrededor para darle nuestra cariñosa despedida, recibíamos reproches por nuestros afanes humanos, cuando ella sentía el gozo de estar viviendo la autentica vida, la más sublime y feliz que se puede desear. Fue un martillazo en nuestras conciencias, un aviso a no afanarnos tanto por cosas mundanas, que pasan.

 

Las vidas de Juan Pablo II y de Teresa, tienen algo en común, uno en su misión de dirigir la Barca de Pedro, y otra en la sencillez de la vida corriente; los dos con su entrega personal, dándolo todo. Dándonos un aviso de que por el camino que recorren tantos y tantos, sin Dios, se acaba en el abismo y la desesperación. Estos avisos se multiplican. Todos podríamos dar testimonio de muchas personas y circunstancias que nos vienen a decir lo mismo: nunca se logrará la paz sin un respeto a la naturaleza creada con criterios éticos y morales y unos principios basados en la ley de Dios. Y sin paz solo hay guerras, odios, autodestrucción.

 

Lo que voy a contar ahora, me sucedió en Pamplona en mi primer año de estudiante universitario.

 

1.968, estaba recién llegado a Pamplona. Un día me fui a una entidad bancaria de la ciudad y mientras esperaba junto a la caja, observé en una papelera un periódico arrugado con papeles que parecían billetes de banco, los cogí y efectivamente, entre las hojas de periódico había 5.000 pesetas. Algo me hizo depositarlas ante el cajero que, asombrado de mi insistencia en asegurarle que estaban en la papelera, me dijo que aunque el dinero era mío, lo guardaba e iba a estar pendiente por si había alguna reclamación. Yo insistí en dejarlo allí porque seguro que lo reclamarían, y allí se quedó.

 

Pasaron un par de semanas y recibo un aviso del Secretario General de la Universidad, quien me recibió en su despacho felicitándome orgulloso de que un estudiante -siempre escaso de dinero- hubiera tenido ese gesto de devolver el dinero, que, para mi satisfacción, pertenecía a un pastor del Roncal que había recogido la venta de la lana de ese año. Ese dinero era casi la mitad de su venta. Por esto el banco decidió llamar a la Universidad en vez de llamarme a mí.

 

Yo me quedé pensativo: Dios hace las cosas bien y no deja tiempo a titubeos cuando de gente sencilla se trata.

 

No soy un erudito, ni versado en asuntos teológicos, eclesiásticos o filosóficos, pero soy un cristiano que estoy con la voz de la calle. Transmito mis inquietudes similares a las de otros muchos, que solo queremos respeto a nuestras creencias, a poder transmitirlas libremente e nuestros hijos, y solicitamos a los estamentos públicos apoyo a estas creencias, que en definitiva ayudan al bien común y a la paz y concordia entre los ciudadanos.

 

Los cristianos muy poco tenemos que decir, pues está suficientemente claro lo que Dios ha querido decirnos en las Sagradas Escrituras y en la Tradición de los Apóstoles. Solo pretendo expresar a la clase dominante, lo que la gente de la calle estamos convencidos y es que los tiempos no son buenos, se siguen unos derroteros que irán llevando este mundo hacia "no se sabe donde". Por lo menos, nosotros sabemos hacia donde debe de ir, a pesar de nuestras debilidades humanas. La sociedad del bienestar no se conseguirá si no se nos respeta, a todos, a nuestras convicciones -siempre que no atenten la libertad individual-, si no atendemos el clamor del espíritu, que Dios nos trasmite continuamente a través de la naturaleza y de las personas sencillas que en Él confían.

 

Etty Hillesum (1914-1943), escribía en su diario poco antes de morir en un campo de concertación alemán:

 

"Bastaría con un solo hombre digno de este nombre para que se pudiera creer en el hombre, en la humanidad.

 

¿Que tiene el ser humano para querer destruir así a sus semejantes? Para ellos un judío no es un ser humano. De pronto uno de los innumerables uniformes que nos rodea ha tomado un rostro (ha hecho una buena acción con un judío). Es probable que haya entre nosotros otros rostros en los que podríamos leer un lenguaje comprensible para nosotros. Él también sufre. No hay fronteras para los que sufren. Se sufre en ambos lados de todas las fronteras y hay que rezar por todos.

 

Esta mañana tiene un valor histórico, no por padecer los rugidos de un miserable miembro de la Gestapo, sino por tener piedad de él y no indignarme. Lo que es criminal es el sistema que utilizan tipos así. Y si hablamos de exterminar, seria mejor exterminar el mal en el hombre que no al hombre mismo."

 

El mal siempre ha estado en este mundo, y si lo ignoramos, sus dominios aumentan, y con ello aumenta el sufrimiento de la humanidad, sobretodo de los más débiles. Tenemos derecho a sufrir, pero sin sucumbir en el sufrimiento. Somos dueños de dejarnos manipular por los “iluminados” de este mundo, pero nunca llegarán a dominar nuestro interior, nuestro espíritu, nuestra alma.

 

El testimonio de Etty Hillesum es valiente, de una persona libre, con una libertad que nadie puede arrebatar, ni aun en los peores momentos de opresión y tortura, ni con la muerte. Aquí está la dignidad humana, aquí está la huella de Dios. Una impresionante fuerza interior la lleva a tener piedad de sus torturadores, a considerar el sufrimiento como purificador, inherente a toda persona humana. Esto rompe con los esquemas que se nos quieren inculcar de rechazo total a todo sufrimiento y de odio al adversario.

 

El testimonio de Etty es para nosotros una advertencia, uno más de los infinitos testimonios que alimentan nuestra fe como manantiales de agua viva; son luces que iluminan nuestro caminar, y como decía, advertencias para quien sepa ver y oír en su corazón. Dios nunca se olvida de los que le buscan, nos hace llegar sus designios a través de personas concretas, mediadores entre Dios y nosotros, y con sus testimonios, proclaman los caminos que llevan a la felicidad humana, a la verdad de este mundo, por los que debemos ir y que nuestros políticos deben tener muy en cuenta. "La felicidad es aquello que deseamos todos, sin exclusión" (Aristóteles). Deseo de origen divino, que lo ha puesto en nuestros corazones para atraernos hacia El. "Solo Dios basta" (Sta. Teresa).

 

El cielo existe y muchas de estas personas comienzan a vivirlo aquí, pero el infierno también. Jesús nos lo ha dicho en innumerables ocasiones, no como una amenaza sino como una advertencia, como un estado de autoexclusión de Dios permanente al que llegaremos si nos obstinamos en vivir la vida solo a nuestra manera y capricho, sin tener en cuenta estas mociones del Creador, que son, en lenguaje actual "el manual del fabricante".

 

Dios se hace visible a los hombres en momentos especiales de la vida de cada persona, a través de mediadores o directamente. Momentos que descubrimos si nuestra alma sabe escuchar y ver. Momentos que pueden ser muy decisivos para nuestra existencia. Buscamos estos momentos deseando verlos con nuestros ojos carnales, y por eso no los vemos; o sentirlos con nuestras percepciones sensoriales, pero no los sentimos. Podemos ver sufrir a una persona y pensar ¿Qué hacen los responsables de atender a esta gente? Podemos pasar junto a ella y no darnos cuenta, ensimismados en nuestra forma egoísta de ver a los demás, sin un espíritu sensible al sufrir ajeno.

 

 

5. ¿Podemos discernir los misterios?

 

 

"...sabéis discernir el aspecto del cielo y no podéis discernir los signos de los tiempos"

 

En todas las épocas de la historia surgen personas con una gran fe en Dios, valientes, que se enfrentan abiertamente a la injusticia, que sufren por sus ideas y nos dejan una huella profunda, a veces inexplicable pero con un aroma que todo lo invade. Ese aroma proviene de Dios mismo que se ha acercado a los hombres a través de ese mediador.

 

No vulgaricemos los acontecimientos cuando el misterio sobrevuela en ellos. Sepamos hacerlos reales en este mundo de percepciones sensoriales. Sepamos ver el misterio que conllevan. Llegaremos a ser hombres y mujeres de otra dimensión, con una sensibilidad especial que supera lo carnal y mundano, que nos sitúa frente a lo eterno, frente a lo divino, frente a Dios.

 

Miremos al horizonte. Miremos más allá. La historia de la humanidad está llena de  sucesos terribles. Solo en el último siglo ¿Dios nos ha prevenido de lo que iba a suceder? Sí, en múltiples ocasiones, a través de signos y mediaciones, el Espíritu de Dios ha actuado y actúa en todo tiempo y lugar, y en cada alma, a través de innumerables inspiraciones, que son "todos los atractivos, movimientos, reproches y remordimientos interiores, luces y conocimientos que Dios obra en nosotros, previniendo nuestro corazón con sus bendiciones, por su cuidado y amor paternal, a fin de despertarnos, movernos, empujarnos y atraernos al amor celestial, a las buenas resoluciones; en una palabra, a todo cuanto nos encamina a nuestra vida eterna" (San Francisco de Sales). Su actuación en el alma es "suave y apacible (...); viene a salvar, a curar, a iluminar (San Cirilo de Jerusalén).

 

 

Mi padre tenía un cáncer en fase terminal. Le habíamos ingresado en la Clínica Puerta de Hierro de Madrid. Allí había un capellán dispuesto a atender a cualquier enfermo que se lo pidiera; yo se lo propuse a mi padre, quien me contestó con la mirada y sonrisa de siempre: “dile a ese sacerdote que en esta habitación siempre será bien recibido”.

 

 

Si dejamos actuar a Dios y siempre es bien recibido en nuestra alma, aunque a veces nos envíe dolor y sufrimiento, mantendremos una sonrisa interior permanentemente, que aflora hacia el exterior, como fruto de nuestra aceptación y abandono en el mejor aliado: Jesús.

 

Las personas movidas por este Espíritu, y dóciles a él, avanzan seguras hacia la paz interior, que de alguna manera transciende a los demás, a la sociedad entera. Saben recibir las mociones, responder y luchar en la búsqueda del bien para sí y para los demás.

 

Si sabemos desprendernos de ataduras terrenales y escuchamos al Espíritu de Dios, llegaremos al conocimiento e interpretación de los signos de los tiempos, pero si no nos dejamos imbuir del Espíritu, seremos lo que otros hagan de nosotros, nos dejaremos llevar por las corrientes del mundo, nuestro espíritu se irá difuminando y pondremos el corazón en el éxito, el prestigio, el poder, el bienestar, los goces que nos proporciona el mundo moderno. Terminaremos ahogando nuestra capacidad de ver a Dios en sucesos cotidianos.

 

Solo lo espectacular sería atractivo para nosotros, llegando a considerar lo sencillo como vulgar, a querer pruebas tangibles -eso es tentar al mismo Dios- a construir un mundo a nuestra medida, haciéndonos insensibles al sufrimiento de la gente, a sus necesidades, a veces vitales. Solo si personalmente vivimos una experiencia de extrema necesidad, comprenderíamos esas situaciones, pero reaccionando de forma utópica y discriminatoria. Quedaríamos inmersos en la dictadura del relativismo, que persigue la ceguera de todos, para poder absolutizar en todo, imprescindible -según ellos-  para la democracia.

 

Efectivamente, si el alma queda ciega, no podría discernir las señales claras de que llegan tiempos de sufrimiento, amargos y dramáticos para los afincados en lo mundano, tiempos de prueba y purificación para otros.

 

Establecida esta dicotomía, se puede hacer el siguiente análisis: el papa Juan Pablo II ha desgastado su vida y todo su pontificado buscando la paz, la fraternidad, la mejor distribución de los recursos, la justicia, la igualdad de derechos, hablando de Dios, siendo ejemplo de trato con Dios, etc.  Para unos, sus palabras han penetrado en el interior del alma, pues venían de un hombre de Dios. Para otros no dejaban de ser buenos deseos, pero irrealizables, sobre todo si afectaban a sus intereses personales.

 

Dos maneras de interpretar mociones del Espíritu de Dios a través de un mediador, en este caso muy cualificado. Sabemos que vienen de lo alto, que nos previenen sobre la consecuencia de nuestras actitudes en hechos futuros. Lo dramático es que chocan con intereses económicos, políticos... y nos cerramos a la verdad.

 

Mociones mucho más sencillas, que tenemos y ocurren a nuestro lado, también se pueden interpretar de muy diversas maneras.

 

Pensemos en el "paisanin" que estaba caído en el barranco sin poder salir, abandonado a su suerte. Dios orientó mi mirada a pesar de la poca visibilidad. No fue una casualidad. En este mundo creado las casualidades no existen. Pero Dios espera nuestra reacción ante estos hechos, y aquí interviene nuestro buen espíritu o nuestra indiferencia.

 

Sucesos como este ocurren en infinidad de ocasiones y todos ellos son toques del Espíritu a nuestra alma, toques que en muchas ocasiones no nos damos cuenta porque estamos distraídos o porque nuestro espíritu no sabe oír, toques que casi siempre se adelantan a sucesos que no han ocurrido y que podríamos remediar solo con tener el alma preparada y atenta, o estar pendientes de personas buenas, capaces de escuchar las mociones del Espíritu de Dios, por insignificantes que parezcan.

 

 

6. Los poderes de los hombres.

 

 

¿Podemos pensar que una persona creyente tiene poderes adivinatorios? No exactamente, pero una persona creyente está más en sintonía con los designios de Dios sobre lo creado y sus criaturas, obra según el fin con que han sido creadas y no altera su recto uso, por lo que existe una mayor penetración en la realidad de este mundo. Siempre que ponga los medios para cumplir la voluntad de Dios sobre las cosas y se esfuerce en formar su espíritu -pues la persona se compone de materia y espíritu- como Jesús nos enseñó, y como su Espíritu nos sigue orientando a cada uno y a través de la Iglesia de Jesucristo, pues Él mismo nos prometió que hasta el final de los tiempos el Espíritu de Dios nos diría cuanto tenemos que decir y obrar.

 

"si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa montaña que se arroje al mar y os obedecería".

 

Como he expresado al principio, es cuestión de saber escuchar y entender, lo demás depende de nosotros, de nuestras disposiciones y voluntad.

 

En la anécdota que he contado de Pamplona, lo normal es que una persona que encuentre dinero en una papelera, se quede con ello, pero en mi interior ocurrió algo que me hizo sin dudar llevárselo al cajero para que lo guardara hasta que vinieran a buscarlo. Dios cuida a la gente humilde y pobre; el cabrero consideraría imposible recuperar lo que suponía casi la mitad de su sustento anual, un desastre, pero según me han dicho, desde el mismo banco lo localizaron, le dijeron que recontara el dinero y efectivamente, tenia menos de lo que le habían dado. El pobre cabrero del Roncal habría pensado que la lana ya no daba ni para comer.

 

Dios arregla las cosas si confiamos en El y estamos atentos a su voz, sobre todo las de la gente humilde, y también las de la sociedad: los conflictos, los desastres naturales, los dramas de poblaciones enteras, las guerras... Cuantas personas podrían evitar estos males si está en Dios evitarlos. Pero si está en los hombres no evitarlo, Dios respeta escrupulosamente nuestra libertad. Está "atado" ante la liberad, y así ha querido crearnos, para bien y para mal, pero dándonos los medios suficientes para el bien.

 

Pilatos intentó evitar la muerte de Jesús, cuando supo por su mujer que ese hombre ere inocente. Después no tuvo la valentía necesaria, y por miedo lo entrego a la muerte. Políticos de hoy, aun sabiendo por personas buenas lo injusto de emprender una guerra, con enorme sufrimiento para poblaciones inocentes, no se atreven a evitarla por oscuros intereses que solo ellos saben. Males sociales, epidemias, hambrunas, muertes de inocentes..., originadas por transgresiones a la ley de la naturaleza, vengan de donde vengan estas transgresiones, no se evitan, a pesar de innumerables esfuerzos de personas buenas que ven con claridad el problema y aconsejan a los mandatarios, pero no son escuchados, tampoco se sabe por qué motivos o intereses y de quienes.

 

La visión del mundo que tienen unos y otros es divergente. El que tiene el poder, normalmente tiene una visión plana, pues está inmerso en la vorágine de los intereses de los que le han dado ese poder y a ellos se debe. Las personas sin ataduras en este mundo y con el Espíritu de Dios en sus corazones, tienen una tercera dimensión que les permite ver con más claridad los designios de Dios e interpretar "los signos de los tiempos". Pero los políticos no atienden sus consejos. Viven otro mundo y, de alguna forma más o menos represiva, nos lo imponen.

 

Dios creó el mundo para que lo domináramos, lo mejoráramos a nuestra medida, pero el mal hace muy difíciles las cosas, nos aparta de Dios, nos enfría el espíritu y consigue que en muchas sociedades el desarrollo se identifique con el bienestar material exclusivamente, donde todas las necesidades materiales están cubiertas y la corrección -lo correcto- es la base de toda relación social.

 

Las sociedades del bienestar no dejan de ser organizaciones donde los valores espirituales -morales- no son comprendidos. En algunas son votados como si la ley natural y la Ley de Dios pudieran someterse al dictamen de la mayoría. Sociedades instaladas en el más absoluto relativismo moral, que deciden las leyes en función exclusivamente de la conveniencia material, económica, organizativa, no del bien del espíritu, de la conveniencia moral, de la ley natural impresa por Dios en todo lo creado, ni del fin eterno de nuestra alma y cuerpo. Funcionan con mente plana, como si la vida aquí fuera eterna, como si nunca fuéramos a morir. Y la preparación para la muerte es tan importante como la preparación para la vida. La soberbia humana no tiene límites, por el hecho de que nadie haya venido de la otra vida a contarnos lo que allí sucede. Jesús dice que si tal ocurriera, no le haríamos caso, le trataríamos de loco, por eso vino el mismo Dios en persona, y aun así, nos resistimos a creer la evidencia.

 

Voy a contar otra historia muy elocuente pero con resultado dramático:

 

Sucedió en el Madrid del 36, durante la represión de los milicianos contra el clero. Un asesinato en plena calle y al día siguiente se corría de boca en boca ¡han matado al cura Escrivá!, ¡han matado al cura Escrivá! Pobre hombre, confundido con el que llegaría a ser San Josemaría Escrivá. Con esto, el santo sacerdote tuvo una temporada de cierta libertad, que le permitió ver y confortar a sus hijos, vocaciones incipientes. Nunca dejaría de rezar todos los días por esa persona asesinada en su lugar, y de agradecer a Dios que le permitiera continuar la misión que Él le había encomendado de sacar adelante el Opus Dei.

 

Dios tenía un plan para San Josemaría, y saldría adelante aunque tuviera que recurrir a sucesos extraordinarios como la forma de librarle de la persecución, haciendo que lo confundieran con otra persona. Sabía el bien que su fidelidad iba a hacer a la humanidad y a su Iglesia, y así fue.

 

En el caso de Teresa, una persona que luchaba por aceptar siempre la voluntad de Dios, y aceptó lo más duro, Dios lo sabía y le mostró su ayuda dándole una gran serenidad y paz, y me ayudó a mi en ese momento dramático, preparándome para su enfermedad, su muerte y después para intentar sacar adelante mi familia.

 

De todo esto, se deduce que las personas, tengan una vida sencilla y sin relieve o un cargo relevante en la vida profesional o en la vida publica, reciben luces necesarias y ayuda constante de Dios si le oyen y saben escuchar. En otro caso, necesitarían tener la humildad de dejarse guiar por personas con el espíritu abierto a las mociones de Dios, que pueden guiar e iluminar nuestra alma, hasta discernir los signos de los tiempos.

 

 

7. Más claridad.

 

 

Dios se nos ha entregado, busca corazones humildes, simples, sencillos, que en medio de este mundo pongan un rayo de su luz en cada alma, en la sociedad entera.

 

Según progresa la acción del Espíritu en el mundo, se van perfilando los misterios ocultos hasta ahora.

 

La humanidad avanza paso a paso. Ha sido capaz de concienciarse que estábamos desequilibrando nuestro mundo debido al mal uso de sus recursos, y sensibilizarse hacia el ecologismo; ahora es capaz de convivir con la naturaleza, no contra la naturaleza. Hemos salvado especies en vías de extinción y protegido muchos ecosistemas. ¿Tenemos motivos para pensar que el espíritu humano, imagen del Espíritu de Dios está también en vías de extinción? No, siempre el Espíritu de Dios actuará sobre hombres y mujeres abiertos a Él, y esta sensibilización hacia la naturaleza acerca a su Creador, pues las leyes impresas en ella hablan de Él, y la naturaleza misma transmite el Espíritu de Dios.

 

Pero la autosuficiencia social, el relativismo moral y el hedonismo avanzan en las sociedades tecnológicamente punteras, no hay que asustarse, las carencias espirituales son patentes y reaccionaremos, tarde o temprano.

 

Los países mal llamados tercermundistas, son nuestra esperanza. Nosotros debemos ayudarles en su desarrollo y progreso económico y social, renunciando a parte de nuestros recursos para destinarlos a formación y educación de inmigrantes que volverán a sus países como impulsores del progreso. Ellos, sin embargo, tienen unos valores espirituales que serán de gran ayuda al mundo civilizado para recuperar la sensibilidad perdida, más bien, oculta tras el activismo -actividad desaforada y a veces estéril- y el estrés del mundo moderno.

 

Los misterios que rodean la relación de Dios con los hombres, se han hecho más patentes. Los siglos de la luz -siglos XI al XV- eran épocas de desarrollo místico y humano, pero por caminos no siempre convergentes. Hoy en día, lo divino y lo humano se juntan. El papa Juan Pablo II ha humanizado a Dios y ha divinizado al hombre, ha sensibilizado los corazones humanos hacia lo humilde, lo sencillo, donde se refleja la predilección de Dios. El humanismo ético por el que tanto ha luchado, tiene sus frutos, y avanza en este mundo globalizado de mano de personas luchadoras y de una gran fe en Dios y en el hombre, como Mary Robinson, por nombrar solo una gran persona relevante y humilde.

 

 

He visto en Copenhague a muchas personas contemplando enternecidas una menuda estatuilla, convertida casi en un símbolo del país. Al mismo tiempo, en frente, en Malmo -Suecia- también he visto el escaso interés de la gente hacia una extravagante torre -no dudo que es una obra importante de arquitectura e ingeniería-, casi convertida en símbolo -muy controvertido- del país. El edificio, de 185 metros de alto, me recuerda la torre de Babel, pretenciosa y arrogante. La estatuilla me sugiere a la jovencita humilde de Nazaret. Nuestro corazón aun no ha perdido la sensibilidad del espíritu y se enternece con lo humanamente frágil, humilde y sencillo.

 

¿Quiere esto decir que hemos dejado atrás la barbarie y nos hemos adentrado en la civilización que reconoce la dignidad del hombre cuerpo y espíritu?

 

Si, porque Dios se ha hecho más próximo, está en nuestras cosas sencillas, en lo cotidiano, en nosotros si le abrimos las puertas del alma; y es un invitado agradecido pues comparte lo suyo, nos adentra en sus misterios, nos acepta como hijos, herederos de su gloria.

 

Y así, viene el amor, vienen los frutos, pues el amor, para crecer y sobrevivir, necesita expresarse en realidades: la comprensión, la cordialidad, el optimismo, el orden, la afabilidad..., son frutos que Dios espera hallar cuando se acerca cada día a nuestra vida corriente. Con el tiempo y una lucha tenaz, lo lograremos y haremos un mundo más humanizado, y no daremos lugar a que Jesús nos tenga que decir las fuertes palabras que dirigió a la higuera porque solamente encontró en ella hojas, apariencia de fecundidad, follaje: "Nunca jamás coma nadie fruto de ti, y al momento se secó”. Palabras dirigidas a los hipócritas que actúan falsamente, no sienten con el corazón ni entenderán “los signos de los tiempos”.

 

 

8. Nosotros ponemos las dificultades

 

 

La hipocresía se instala en los soberbios obstinados en su autocomplacencia. La soberbia hace que haya deportistas incapaces de soportar la derrota. Para ellos es una humillación. Voy a contar dos casos, uno justamente castigado por los hombres y otro justamente castigado por Dios:

 

En el Gran Premio de Mónaco de Formula 1 -2006-, Mikael Shumaker, pretendió obstaculizar la última vuelta lanzada de Fernando Alonso, simulando una avería,  previendo que le iba a quitar la primera posición. Así lo interpretó la organización del Gran Premio y le castigó a salir en última posición. Castigo ejemplar al juego sucio de los orgullosos que no admiten su derrota.

 

El segundo caso ha pasado más desapercibido: En la final de tenis del Roland Garros, a principio del segundo set, iba dominando hasta entonces Roger Federer a Rafael Nadal. Queriendo Federer romperle el servicio, asintió en dar como mala una bola de Nadal cantada por el linier como "fuera", cuando había sido claramente buena. El árbitro la vio buena, pero como Federer no estaba de acuerdo, tuvo que bajar a confirmar que era buena. Federer, con su mala conciencia a cuestas, sacó de nuevo, en vez de adjudicarse el punto. Desde entonces comenzó a fallar en el juego hasta que fue derrotado por Nadal. Aquí Dios ha hecho justicia, pues el orgullo de Federer que quería ganar "como sea", no le permitió jugar con la suficiente concentración desde ese momento. “Es un tenista arrollador, pero le falta humildad”, comentaba después del partido el famoso tenista Emilio Sánchez Vicario.

 

Quizás son dos ejemplos muy simples de actitudes orgullosas, pero la soberbia si no se corrige a tiempo, es el principio de todos los males, pues por soberbia, el ser más excelso de la Creación -Luzbel- se cayó a lo más profundo del abismo, y con él ha venido el mal a este mundo.

 

El soberbio no descansa, no tiene paz, vive errante, no admite sus errores. ¿De que se engríe un soberbio si todo lo que es y tiene, lo ha recibido? Ha recibido hasta sus magníficas cualidades para llegar a ser un nº1.

 

El soberbio no acierta a perdonar, el rencor le quema, las criticas le hieren, los fracasos le hunden, las rivalidades le asustan, desea imponer su voluntad, eliminar al rival, desea vengarse, no perdona de corazón, no acepta la contradicción, no acepta correcciones, no hace autocrítica, no soporta desprecios, olvidos ni indiferencias, es infeliz en los anonimatos, busca autosatisfacción en sentimientos, palabras y hechos, es susceptible, simula dolor, tristeza, enfermedad, etc. para que le compadezcan…

 

La soberbia es el más ridículo de los pecados, se viste de apariencia, se llena de vacío, se engríe como el sapo de la fábula. El soberbio es desagradable hasta humanamente, se contempla a sí mismo y desprecia a los demás, que le corresponden burlándose de su vana fatuidad. El soberbio ignora los bienes espirituales por ceguera hacia ellos.

 

Sería terrible que en una persona se acumulara toda esta enumeración de características que definen al soberbio, pero como he dicho, el mal ha entrado en el mundo por un pecado de soberbia de Satán y todos los suyos. La hipocresía que tanto desprecia Jesús, proviene de la soberbia, y el mundo está lleno de hipócritas, en todos los estamentos, capas sociales, entre ricos y pobres, jóvenes y ancianos…, las apariencias muchas veces engañan, pocas veces se saben las verdaderas intenciones de los actos humanos…, solo Dios sabe. Solo Dios tiene una paciencia y una bondad infinita con nosotros. Él no pone las dificultades en la vida, somos nosotros quienes torpemente dificultamos el progreso hacia el bien, hacia la concordia, hacia la paz, hacia la felicidad.

 

¿Cómo?

 

Esta época de relativismo, donde cualquier cosa es justificable y la verdad objetiva se está perdiendo, convertida en lo que para mi es verdad, en lo que me interesa que sea, es una época difícil para que los hombres hagamos un mundo mejor, como ha sido concebido por el Creador y entregado en nuestras manos para perfeccionarlo.

 

Lo dicho hasta aquí parece muy negativo, pero es la realidad y hay que tener los pies en el suelo. Nuestra arma es rezar por las personas, por todas, por cada una, por nosotros mismos y los nuestros, para que se conviertan al Dios que es humilde, bueno, que siempre perdona, es justo, es nuestro Padre y nos quiere con locura aunque estemos alejados de Él.

 

Como he mencionado, es muy difícil que alguien tenga "todos" los defectos de soberbia enumerados. Lo normal es tener alguno: todos somos un poco soberbios en algunas cosas y más humildes en otras. Nuestra lucha se centraría en ir poco a poco ganando en humildad, saliendo más de nosotros mismos, volcándonos más con los demás, en detalles de cariño, ayuda, comprensión..., nuestra mejora personal no estaría en ser mas eficientes, capaces, deportistas, estupendos, simpáticos..., eso también, pero habría que comenzar por ser más humildes a fin de darnos más en servicio a los demás. Pondríamos nuestro granito de arena en hacer una sociedad mejor.

 

Por desgracia hay personas vulgarmente llamadas “trepas”, que ponen todo su empeño en adquirir una posición social dominante, con unos fines nada claros que no son la búsqueda del bien común, del bien de todos, sino del suyo propio y de su grupo. Normalmente son soberbios con muchos de los defectos mencionados, simulan hipócritamente lo que quieren aparentar ante los demás y de esta forma adquieren una gran capacidad de engañar. Si alguna de estas personas son nuestros líderes, nuestros dirigentes políticos, económicos, sociales…, es decir, que influyen decisivamente en nuestro deambular por este mundo, la cosa se pone difícil.

 

De nosotros depende elegir bien a nuestros gobernantes y líderes, que sean al menos honrados, consigo mismo y con los demás. Pero ¿cómo distinguirlos? “por sus frutos los conoceréis”, y los “frutos” no son las palabras, sino las obras.

 

En este país, existe una especie de personas que se llama charlatanes, finos y hábiles embaucadores, te convencen de que serás el más fuerte, guapo y poderoso, y te venden algo sin lo que no puedes vivir. Una vez que han sacado el "durillo" todo es humo, se volatiliza y fin de la historia. Si todo se redujera a esto, no pasaría gran cosa. Lo malo es cuando estos “charlatanes” tienen poder de decisión en nuestros asuntos temporales. Nos pueden llevar a la catástrofe.

 

Por contra también existen en este país personas parcas en palabras y largas en hechos, que normalmente pasan desapercibidas, pero dejando un poso imborrable a los que con ellas conviven.

 

 

Mi padre era Maestro Nacional en Arriondas de los años 30 a los 70 y en Madrid de los años 70 a 80. Me veo en la obligación filial de hablar de él, y por justicia como ejemplo del segundo caso: “parco en palabras y largo en hechos”.

 

Su arma era el dialogo, el razonamiento, suave, pausado, tendido, sin perder la paciencia, aunque se encuentre frente a un comportamiento grosero y airado. De esta manera convencía a mentes rudas, campesinos de pocos recursos de la Asturias rural, con economías familiares muy limitadas. Les convencía de que "su hijo vale para estudiar", de que merecía una profesión de más futuro, y les conseguía las becas de estudios, y les daba clases particulares después de salir del Instituto, pero si tenían dificultades para pagar esas clases -cobraba poco-, ya le pagarían. Normalmente le enviaban un par de litros de leche o un pollo y con eso se consideraba pagado. Mi madre completaba la labor enseñando a coser, bordar, escribir a maquina, las cuentas y operaciones aritméticas con problemas, leer y escribir, sobretodo a las chicas que sus padres relegaban a las labores del campo y de la casa, porque..., ¡ya se echarían un novio!

 

Para mí fue un ejemplo continuado de exigencia, dialogo, comprensión y ante todo respeto a mi libertad de decisión. Si yo fracasaba, él me había prevenido, y "animo", la próxima será la buena. No buscaba que fuera el mejor, sino, que fuera yo mismo, con libertad y ante todo con responsabilidad, asumiendo las consecuencias de mis actos. Nunca intentó llevarme por otros caminos distintos de los que yo elegía, pero me aconsejaba y me apoyaba siempre, con una sonrisa, mirada comprensiva y hasta cierto punto cómplice, ánimos y toda la ayuda que podía prestarme.

 

Era un hombre de fe, de fe sencilla en Dios y de fe en las personas. Una de sus frases era "prefiero que una persona me engañe, antes que dudar de ella". Confiaba plenamente en sus alumnos, sus hijos, en todos los que con él convivíamos. Si alguien le engañaba o lo decepcionaba, callaba y sufría.

 

Siempre tenía la frase oportuna, el ánimo dispuesto, la ayuda desinteresada, el consejo amable. Para mi madre era el bálsamo que ponía paz y sosiego, pendiente de sus hijos y previsor con el futuro de todos.

 

Murió como vivió, sin dar la lata, con una gran paz interior, una sonrisa y mirada que nunca se me olvidarán. Esa fue la última lección magistral de un maestro de pueblo volcado con todos, sin distinción.

 

 

Podría extenderme indefinidamente contando sus bondades -tenía también defectos, como todos tenemos- pero no quiero dar más que una pincelada, y la  considero suficiente para el fin que pretendo con esta breve semblanza.

 

Es una utopía pensar en un mundo lleno de bondad y servicio a los demás, en personas que no desean para otros lo que no quieren para sí mismos. Pero podemos aspirar a mejorar nuestra realidad, que indefectiblemente va unida a la de los demás, al pequeño servicio que continuamente podemos prestar a las personas que están a nuestro lado. Rara vez se nos ofrecen grandes ocasiones de servicio a los demás, pero pequeñas ocasiones, continuamente, y “el que es fiel en lo poco, será constituido en lo mucho”. Son las cosas pequeñas las que hace perfecta una obra de arte, la cincelada, la pincelada, el toque final, todo hecho con maestría. “Por sus obras los conoceréis”.

 

“conozco tus obras, y que tienes nombre de viviente y estás muerto (…). Porque yo no hallo tus obras cabales a los ojos de Dios”. (Apocalipsis 3, 1-2)

 

De nosotros depende el camino que siga la historia, de cada uno de nosotros que formamos este mundo. Dejarnos orientar por Dios, que nos desvela los misterios de la naturaleza y sus sendas, o recorrer el camino de los hipócritas que solo se reconocen a sí mismos, aunque aparenten otro sentimiento, en el fondo, por ignorancia. Los creyentes rezamos a Dios a menudo por nuestros dirigentes, que sean sinceros, que lleven a la sociedad por el camino de la justicia y del bien, por encima del progreso. Este progreso irá unido a la justicia y al bien común, sin distinciones, porque de otra manera sería un progreso hacia “ninguna parte” o mejor dicho, un progreso de unos pocos hacia su propio poder sobre los demás y su propio enriquecimiento material, dando una idea pagana de la vida, como si Cristo no hubiera venido a redimirnos y a recordarnos que nos espera el Cielo.

 

A la historia se le puede imprimir un rumbo distinto porque no está predeterminada al mal y Dios nos ha dado la libertad para que sepamos conducirla a Él.  Y veremos cómo en tantos casos se cumplen aquellas palabras de Tertuliano referidas al mundo pagano, que rechazaba la doctrina de Jesucristo: “…dejan de odiar, quienes dejan de ignorar…”.

 

Tenemos que optar y apoyarnos siempre en personas que den buenos y abundantes frutos, sobradamente conocidos, que no defrauden, que sean dignos de dirigir nuestro destino en la tierra. Por honradez, una persona no dispuesta a entregarse en beneficio de los demás, de todos, sin distinción, debería renunciar a ocupar cargos para los que no sería digno. 

 

 

9. Alcanzar nuestro verdadero destino. 

 

 

“… ¡hipócritas!...sabéis discernir el aspecto del cielo y no podéis discernir los signos de los tiempos"

 

Sigue siendo dura esta acusación de Jesús. Nos llama ¡hipócritas!, no nos llama ¡ignorantes!, ¡ciegos! o simplemente ¡despistados!, no, nos llama ¡hipócritas!, nos acusa de hipocresía porque nos ha expuesto con toda la claridad posible el sentido de este mundo, el sentido de la Creación. Nos ha desvelado lo esencial de los misterios de Dios, nos ha abierto un camino seguro para andar por la vida hacia la felicidad en Dios. No es hipócrita quien una vez conocidas estas verdades decide no aceptarlas y optar por otro camino, simplemente se ha equivocado, sino el que dice seguir a Dios pero su corazón está lejos de Él.

 

Nuestro verdadero destino es el que forjamos nosotros mismos, pero sabiendo todas las opciones que tenemos. Seríamos unos insensatos si no profundizáramos en cada una de esas opciones hasta ver con claridad la que de verdad nos interesa. Aferrarse a una de ellas sin conocer suficientemente las demás, sería arriesgado. Es una decisión que afecta a toda nuestra existencia, y llega un momento que ya no es posible rectificar.

 

Esta es la posición lógica ante cualquier negocio en este mundo: barajar y estudiar a fondo todas las posibilidades que se ofrecen. ¿Y que mayor negocio que nuestra felicidad y la de los que nos rodean? Y si además buscamos un buen socio, Dios, nuestro compañero de camino nos ha prometido una Vida para siempre, que es eterna porque Él es eterno. Es como un Padre que quiere lo mejor para sus hijos, nosotros, los que le seguimos y los que no le siguen, creados por Él y adoptados como hijos.

 

Este es nuestro verdadero destino, solo se alcanza recorriendo el camino de la humildad, conociéndonos como verdaderamente somos, saliendo de la hipocresía y dándonos a los demás, que en realidad es darnos a Jesús.

 

Voy a contar un “cuento de Navidad”, de los que nuestros padres nos contaban de pequeños y escuchábamos embelesados:

 

Érase una vez un osito de peluche que vagaba por la ciudad, deslumbrado por sus luces de colores. Era Navidad.

 

Buscaba servir de juguete para algún niño, pero un niño bueno. Había servido siempre a un niño malo, déspota con todos los juguetes. Los rompía y maltrataba, despreciando todo lo que tenía, sin querer saber que otros niños no tenían nada con qué jugar. Era un niño cruel e inhumano, caprichoso y envidioso con otros niños. A todos odiaba y los innumerables juguetes que tenía le parecían pocos. Siempre quería más, era insaciable.

 

Hasta que un día, el osito de peluche, harto de servir de juguete a tal amo, decidió huir. Una noche saltó por la ventana y una vez en la calle se alejó de la casa.

 

Así, seguía paseando por la ciudad, deslumbrado de sus luces, descubriendo un mundo nuevo. La vida le parecía maravillosa y su felicidad sería encontrar a ese niño bueno a quien deseaba servir. No sabía donde buscar, pero el osito caminaba y caminaba sin rumbo hasta que poco a poco, alejándose de la ciudad, se perdió entre bosques y praderas.

 

Caminaba sin saber a donde ir. Pero llegó la noche y el miedo le invadió todo el cuerpo. Pensaba: “los ositos de peluche no comemos ni pasamos frío ni sueño, pero eso de no tener miedo es otra historia, buscaré algún sitio donde cobijarme hasta que amanezca”.

 

En ese afán estaba cuando comenzó a escucharse un rumor, como de un grupo de gente que se acercaba. El osito de peluche se escondió asustado para no ser descubierto, y al rato observó una caravana de personas que se aproximaban, con unos grandes animales que nunca había visto. Se parecían a un camello de juguete que tenía el niño malo. Eran unos animales rarísimos y venían con gentes vestidas de forma muy extraña.

 

De pronto el osito de peluche gritó ¡ahí va, si son los Reyes Magos con todo su séquito! Los había reconocido por unos libros que había ojeado en la casa del niño malo. ¡Que alegría, ellos me podrían ayudar a encontrar al niño bueno, a quien servir de juguete!, pero ¡como hacerlo si no se hablar!

 

Se acercaban. El osito temblaba de emoción. Eran unos animales gigantescos, iban cargados de grandes fardos ¿que contendrán? Les fue siguiendo desde lejos, sin acercarse mucho para que no le descubrieran. Llegaron a las afueras de la ciudad y allí distribuían el contenido de la carga a los pajes y ¡oh sorpresa! eran juguetes que repartían por las casas donde había niños.

 

El osito de peluche les observaba tan extasiado que fue descubierto. De pronto oyó una fuerte voz a sus espaldas ¡que haces tú aquí! El osito se llevó tal susto que de un salto se encaramó en la pata de un camello, y este le lanzó con violencia ante las carcajadas del rey Baltasar que decía: ¡que osito más divertido!, ¿se habrá caído de alguna caja?, ¡pero, es curioso, nunca había visto un osito así, parece que me oye y me entiende!

 

Se miraban con complacencia. ¡Ven conmigo, osito! le dijo, y le llevó donde estaban los demás:

 

-Nosotros queremos hacer felices a los niños y les traemos regalos en estas fechas. Los mejores regalos son para los niños buenos y a ti como me has caído simpático te regalaremos al mejor niño que encontremos-

 

El osito de peluche no cabía en si de felicidad. Por fin se iban a cumplir sus deseos de servir a un niño bueno, al más bueno, para hacerlo todo lo feliz que pudiera.

 

Desde entonces les acompañaba a todos los hogares donde había niños durmiendo. Como el no podía ayudar mucho, se conformaba con dejar bolitas de caramelo en todos los zapatos para añadir ¡sorpresas! a los regalos.

 

Observaba que los Reyes Magos se inclinaban ante las imágenes del Niño Dios que iban encontrando en las casas. El osito de peluche dedujo que ese era el niño más bueno, a quien el iba a servir y se quedaba mirándole todo el tiempo que podía, pensando ¿donde estará este niño?, ¿como podré encontrarle?

 

Un día, los Reyes Magos le observaban mirando al Niño Dios con cariño y le explicaron:

 

-El Niño Dios está en el cielo y en nuestros corazones. Nosotros le hemos adorado en persona hace muchos años aquí en la tierra. Ha dicho que lo que hiciereis con otros niños es como si lo hicierais con Él, por eso nosotros todos los años repartimos juguetes a todos los niños del mundo. Sabemos que esa es su voluntad y le hace feliz -

 

El osito de peluche había entendido, también se daba cuenta que ese era su destino y su felicidad: servir al Niño Dios haciendo feliz a un niño de la tierra.

 

Pero algo más le pedía el corazón. Al Niño Dios le gustaría ser amado por todos, y también por en niño malo. Le entró un temblor que recorrió todo su cuerpo de muñeco, pero buscar la felicidad haciendo feliz a un niño bueno no era lo mismo que buscar la felicidad haciendo feliz al Niño Dios; decidido se fue a la casa del niño malo. Pensaba: con mucha paciencia, respondiendo amablemente las iras del niño malo hasta hacerle agradable su compañía, y buscando la colaboración del resto de juguetes, podrían llegar a transformarlo en un niño bueno, a gusto del Niño Dios. Sabia que el sacrificio iba a ser muy grande pero merecía la pena hacerlo por el Niño Dios, así fue. Después de un tiempo, consiguió sacar lo bueno del corazón del niño malo.

 

Jesús-niño, quedó prendado de la bondad del osito, y como Él todo lo puede, decidió llevárselo consigo al Cielo, donde van los niños buenos; un osito de peluche feliz, amigo de los niños y con un corazón así de grande.

 

 

Es un relato infantil, pero sencillo y entrañable. El osito había descubierto el verdadero motivo del actuar de muchas personas. Un muñeco inanimado que entretiene a un niño, está cumpliendo aquello para lo que ha sido creado, con la colaboración del hombre que le ha dado forma de muñeco. Un ser animado cumple su misión para la que ha sido creado actuando según sus instintos de supervivencia, mantenimiento de la especie y protección de los suyos, aunque a veces parezca cruel la vida salvaje donde el más fuerte se alimenta del más débil.

 

Los seres humanos tenemos un alma espiritual que nos hace semejantes a Dios, porque espera mucho más de nosotros. Espera que con nuestra inteligencia y nuestro corazón le descubramos y le amemos por habernos creado, desinteresadamente y de la nada, pues nada éramos.  Espera que usemos nuestra inteligencia y sentido común para discernir el significado de la creación, el sentido del bien y el mal, de lo justo e injusto (con la justicia de Dios, no la de los hombres), de lo verdadero y lo falso, de la bondad interior que da frutos buenos y de la hipocresía que da malos frutos.

 

Él se nos ha revelado y se ha hecho hombre como nosotros, y con eso nos ha prestado una ayuda inestimable, desvelando gran parte de los misterios divinos. Nos ha puesto en bandeja salir de las dudas existenciales si abrimos nuestro corazón, nos ha dado la vuelta a la tortilla poniendo a los humildes por encima de los poderosos, a la pobreza por encima de la riqueza, a apreciar el dolor, la humillación, la incomprensión, la burla…, la muerte. En fin, nos ha desvelado un camino de amor, que aunque sigue lleno de misterios y dificultades, también está lleno de esperanza y fe.

 

Y este es nuestro verdadero destino. Cualquier otro camino, aunque está en el pensamiento de Dios, no es el que desea para nosotros. Nos ha creado para Si, para compartir con nosotros su gloria, para siempre.

 

 

10. La verdad está en nosotros.

 

 

Voy a contar un suceso que le ocurrió a Roberto, mi hijo, estudiante de primaria.