Artífices de nuevos mundos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Todo llega, amigo y sufriente lector. Sin pretenderlo, nuestros mundos se engarzan, se unen en robusta cadena. No son fragmentos sueltos lo que aquí te presento, recórrelos eslabón a eslabón hasta lograr levar el ancla, nuestro mundo definitivo al final de la cadena.

No hay amargura, solo esperanza, y la esperanza se hace realidad.

 

1 Nuevos mundos

2 Podemos confiar en ella

3 Una grandiosa obra de arte, compuesta de pequeñas pinceladas

4 El bien es el arte supremo de la vida

5 Dios se aproxima

6 Una sociedad mejor

7 El arte de saber vivir con menos

8 Sociedad falsa

9 Todo por el bien de todos

10 Carne y espíritu

11 La excelencia en lo humano

12 El mundo definitivo

13 No podemos defraudarle

14 Comienza el dialogo

15 Encontramos la soledad

16 Puesta en escena

17 Indignante

18 Un buen administrador

19 Con los pies en el suelo

20 Irresponsabilidad social

21 A pesar de todo, seguimos construyendo

22 Todo llega

23 Compartir los valores eternos

24 La eclosión

25 Conclusión (Benedicto XVI)

 

 

  

Mundos nuevos

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Mundos nuevos creamos dentro de este mundo, partiendo de nuestra interioridad escondida donde el mismo Dios habita. Una infinita gama de emociones surge incontinente, explosiva... solo con un mínimo acto de amor.

 

Este es nuestro mundo, creado para nosotros los humanos, en continua creación por el protagonismo que Dios nos ha querido dar, con todos sus misterios, en el que tenemos que responder y actuar como parte de él; cocreadores en la parcela que tenemos asignada, en nuestro entorno, en nuestro medio, con los nuestros. Tenemos alma de artista y nuestro arte se ve reflejado en la naturaleza creada y en nosotros mismos que formamos parte de ella.

 

¿No estamos conformes? ¿No aceptamos este mundo así, tal como es? ¿No aceptamos nuestro papel?

 

Dios podría haber creado el mundo de infinitas formas y maneras diferentes, pero lo ha hecho así, simple, para no complicarnos demasiado la vida terrena y que podamos darle forma y contenido a nuestra manera, para lo bueno -eso es lo que Él pretende- y para lo menos bueno. Ha puesto unas leyes naturales y divinas, impresas en nuestra conciencia; ha creado el tiempo, para que nuestra correspondencia sea meditada, reflexiva, para que nuestra creatividad produzca una transformación evolutiva en el entorno natural y espiritual, donde se pueda ir conjugando lo humano y lo divino, hasta fundirse uno y otro al final de los tiempos en una única y definitiva realidad.

 

Si arrojamos fuera de nosotros todo atisbo de Dios, estamos renunciando a esa realidad, estamos construyendo un ‘muro’ entre lo humano y lo divino, cada vez mas alto e infranqueable, que llegará a hacer imposible esa unión de cuerpo y espíritu de Dios, unión esponsal para los que aman la Creación y a su Artífice.

 

Esta unión es rechazada por el maligno y sus seguidores, pues no están de acuerdo con el estatus que les ha correspondido. Quieren transformar este mundo en otro que puedan dominar a su manera.

 

Pero esta no es la idea primigenia de un Ser poderoso que transmite su fuerza creadora a los humanos, colaboradores en la tarea de perfeccionar la realidad, de completar la gran obra fundamentada por el Creador, pues según la expresión del Génesis, a cada hombre y mujer se le confía la tarea de ser artífices de la propia vida, su ‘obra maestra’.

 

Sin embargo, nuestra insignificancia es tan enorme y nuestra torpeza tan dramática, que solo colaborando con la naturaleza, material y espiritual, podemos vislumbrar algún rayo de esperanza.

 

  

Podemos confiar en ella

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Un primer acto intuitivo y un segundo razonado, encienden la chispa que causa la deflagración. Nuestro poder creativo se expande desde la nada hacia nuevos mundos interiores. El vacío estaba lleno de una Fuerza poderosa, bellos cánticos apagan el silencio, nuestra felicidad se colma contemplando la humilde dama que nos mira con ternura. Podemos confiar en ella.

 

Es necesario que el ser humano se deje traspasar por la sencillez de lo humilde, de lo cotidiano, de lo puro y simple, por la perfección de un instante, por los ecos del silencio, por la inmensidad de un suspiro…

 

Solo de esta manera comprenderá que su arte está formado de pequeñas partículas que con paciencia les va insuflando espíritu divino, creando así verdaderas ‘obras maestras’. Nuestras manos, nuestra ciencia, nuestra inteligencia son los artífices de la transformación de la materia en el proceso creador iniciado por Dios. Nuestro corazón y nuestro arte ponen el resto.

 

El mundo avanza, los cambios radicales de la conducta humana, provenientes de su obrar en sintonía con el Espíritu generador del que depende, producen un progreso integrador y evolutivo para la especie humana: crean y recrean en armonía. El arte logra su fin: otorgar belleza.

 

La obra realizada de esta manera puede incluso superar las expectativas del mismo Creador, decepcionado infinidad de veces por sus criaturas. Las obras humanas pueden confirmar la existencia del Espíritu de Dios, porque le hemos dejado actuar, no es preciso que nosotros actuemos, basta con dejar a Dios actuar en nosotros.

 

Las obras de nuestras manos, pequeñas en origen, insignificantes, se tornan obras de Dios, sobrevuelan nuestra época y perduran por toda la eternidad. De otra manera, se desvanecerían como una bella flor, pues lo bello es efímero dada nuestra limitación en el tiempo y el espacio. Solo cuando trascendemos del mundo material se completa la belleza con el don de eternidad.

 

Sabemos que la belleza de la mujer, del hombre, es armonía en todo su ser. Se puede modelar un cuerpo en un gimnasio, tener facciones relajadas, alegres, agradables, pero si no existe esa belleza interior del espíritu que brota y embellece el exterior, no pasará de ser un simple cuerpo bonito porque es joven y se cuida, flor de un día, como la flor de hibisco que brota con la mañana y se agosta al atardecer. Su radiante belleza es efímera y esta brevedad de lo bello es denostada por muchos…, queremos larga vida, pero no nos damos cuenta que la intensidad de lo sublime está unido a lo breve porque breve es el instante de un suspiro de amor.

 

Estamos equivocados si pretendemos apoderarnos de esos instantes de perfección, de una forma… vulgar, impropia de seres con un destino eterno, instalados lo más algodonosamente posible, limitando nuestra vida a cubrir los instintos de supervivencia, conservación y reproducción, y siempre bañados de divertimento. Eso lo hacen todas las especies animales. Eso nos asfixia cuando queremos elevarlo, etéreo, sin percatarnos que solo es el pesado envoltorio de la verdadera esencia humana que se encierra dentro... ¡hay que mirar dentro!

 

Somos pequeños, débiles, limitados, bastante mezquinos, donde hay sabroso néctar solo vemos carnaza, transformamos lo puro en corrupto…

 

Si conociéramos la formula mágica de lograr fugaces momentos de belleza y engarzarlos con delicadeza sutil, crearíamos la obra maestra de una vida de instantes al estilo de los enamorados, al estilo de Dios: ahora un pensamiento, después un detalle, una rosa, una sonrisa, una lágrima, una brisa refrescante, una caricia, un dulce aroma, sosiego, paz, trabajo ordenado, palabras de ánimo, una ayuda a tiempo, un hombro donde reclinar el rostro cansado por la fatiga… la fatiga… tan humana… la fatiga de Jesús, que busca… me busca a mi, te busca a ti…, puedes, podemos, confiando en ella, en la humilde dama.

   

Una grandiosa obra de arte, compuesta de pequeñas pinceladas

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Dios se prodiga en lo material y espiritual de nuestras acciones, dándoles un valor infinito cuando las impregnamos de su sencillez: la caricia al que sufre, el vaso de agua al que tiene sed, la mirada de comprensión, un trabajo bien hecho, sin valor aparente o de gran importancia…, hecho con amor y… con arte. Esas son nuestras pinceladas, versos sueltos de un hermoso poema.

 

Miguen Ángel Buonarroti con solo 23 años realizó La Pietá, una de las esculturas mas bellas y sugerentes de la historia del arte. Puso en ello toda su alma, su corazón, su ‘pasión de artista’, y con independencia del resultado –excelente resultado a ojos humanos- le dio valor eterno, valor que impregna ese acto creacional. Todos los actos humanos bellos tienen valor eterno cuando se realizan en armonía con la creación, en materia y espíritu.

 

Lo representado en el arte –cuando se intenta representar algo de forma artística- no está en la representación, pues nuestra torpeza es mucha, está en el espíritu e intencionalidad creadora de nuestras acciones, que responden a un alto cometido del ser humano; acciones libres, según el corazón de Dios.

 

Entramos, nos sumergimos en un nuevo mundo, a la vez viejo, pues siempre ha existido; un mundo de misterios por descubrir, misterios que nos acompañan en nuestro verdadero camino hacia la eternidad.

 

Paso a paso, descansando el tiempo que dure la fatiga, siempre por la senda de la verdad, al paso de Dios que no es el nuestro, ciegos, sordos, mudos a los deleites que nos apartan de nuestros pequeños pasos..., pinceladas torcidas que queremos evitar.

  

 

El bien es el arte supremo de la vida

 

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El bien es belleza por su propia capacidad de crear emoción en el alma, por encima de la belleza artística que sale de las manos del genio humano, a la que van asociadas perfecciones como proporción, armonía, textura, luz, color, trama compositiva, etc. El bien tiene la perfección en si mismo, sin asociaciones. Él es la perfección, no es efímero, es eterno es el fundamento del resto de perfecciones, su fuente es Dios.

 

El bien es el arte supremo de la vida. El bien nos lleva a amar la vida, a ser creativos, a actuar en pos de la felicidad, que… existe, está al alcance de nuestra mano, está en nuestras profundas intenciones de bondad, donación y entrega al bien que emana de las fuentes divinas y discurre entre los humanos, aunque lo manchemos de perfidias.

 

El bien crea una armonía profunda entre lo más íntimo de nuestra persona y los actos que de nosotros fluyen. Nos envuelve en el placer de vivir, nos permite disfrutar ordenadamente este placer, donde la voluntad domina nuestros instintos, donde hay armonía entre el sentido y la razón. Templados como el hierro en la fragua, nos hacemos fuertes en el amor, porque… vivir bien es vivir el amor.

 

El bien es nuestra mejor expresión artística cuando lo impregnamos en el quehacer cotidiano, sea realizando un proyecto para un edificio emblemático, una delicada operación quirúrgica, una labor de hogar, una sustitución de la bombilla que se ha fundido… Cuando en todo buscamos el bien de nuestros hermanos, de la humanidad entera, por encima de nuestra propia satisfacción, estamos colaborando con el Creador en la consecución de un mundo que siempre ha tenido en su mente y en su corazón de Padre y Madre, expectante por el ‘toque final’ que los humanos libremente le damos.

 

No vamos a defraudarle, intentamos poner en nuestros actos toda la maestría de que somos capaces, toda nuestra genialidad artística recibida del ‘Gran Artista’; precioso don, que no debemos dejar encerrado en una caja, o despreciado en un rincón porque nos creamos mucho mas geniales e independientes, mayores de edad como para estar ‘tutelados’, y organizamos la vida a nuestra manera sin importarnos a donde lleva el camino que recorremos, porque en realidad nunca lo sabemos.

   

Dios se aproxima

 

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Algunos piensan que si Dios existiera podría mostrársenos con mas claridad, seria un gran alivio para los que estamos inmersos en este mundo material, donde el espíritu parece que se esconde a las realidades de todos los días.

 

Sin embargo, deberíamos pensar también que Dios está involucrado con nosotros en esas realidades, y de su bondad hemos recibido todo, pues este mundo no es fruto de la casualidad ni de la necesidad, sino de un proyecto surgido del Amor de Dios. ¿Como vamos a pasar de El por el hecho de que no se nos muestra con la claridad que queremos? Convivimos con el misterio, y queremos ver y entender todo cuando ni siquiera vemos lo que hay al otro lado de la pared.

 

No pasamos de nuestros padres, que nos han dado la vida terrenal porque les vemos con los ojos de la carne, porque son como nosotros, cuerpo y espíritu. Sin embargo, Dios, espíritu puro, es más Padre que los padres del este mundo y tiene todo el poder para mostrarse como quiera, por nuestro bien –Él nos conoce perfectamente- y por respeto a nuestra libertad.

 

Nos pide fe, nos ha dado suficientes pruebas de su bondad, de su continuo desvelo por nosotros, desea que le busquemos y se hace el encontradizo, está en todo porque todo ha salido de sus manos, está en todos los sitios porque su inmensidad abarca todo. Pero nos quiere libres para amarle, ese es el gran misterio de la humanidad.

 

Alguien puede pensar que me creo un ‘iluminado’, de verdad, todos estamos muy cerca de esa ‘luz’ y yo no soy mas que nadie; porque si consideramos las palabras de Jesús “Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.” (Juan 16,12-14), nos damos cuenta que el mismo Jesús, una vez ascendido a los Cielos nos envía su Espíritu para asistir a la Iglesia por Él fundada y seguir iluminando nuestro camino. Por eso la Iglesia tiene mucho que decir, puede dar mucha luz a este mundo…

 

No despreciemos su doctrina, ahí esta el Espíritu de Dios, ahí está nuestra ruta, nuestro caminar hacia la solidaridad en una mejor utilización de los bienes de esta tierra. La ruta para lograr el bien de todos y no solo el bien de unos pocos, para salir de uno mismo y ensanchar el corazón que abarque a todos, para liberarnos de ataduras que a ninguna parte llevan, para seguir sin desfallecer hacia un mundo más humano.

 

Solo si nuestros actos persiguen el bien objetivo, el nuestro y al mismo nivel el de los demás, sin anteponer uno a otro, sin falsas humildades, nos acercamos a la perfección, nos acercamos a Dios…

 

Damos un paso hacia lo alto, hacia el amor, que no hace distinciones pues todos los que se sumergen en sus aguas etéreas y luminosas experimentan el mismo gozo en la donación total del enamorado, y ese bien es reciproco, no se busca, se encuentra, te invade, nos invade, se extiende hasta abarcar a todos, no distingue, es el gozo de lo bello, de lo embriagador, es… la Bondad de Dios que se aproxima.

   

Una sociedad mejor

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Es esperanzador el hecho de que en determinadas sociedades las relaciones económicas se basen en la confianza y la reciprocidad. El ‘bancos de los pobres’ es un imaginativo ejemplo, donde el bien y la prosperidad de todos se apoya en la capacidad de unos pocos de organizar la producción con el apoyo de los demás; no en la fría e inhumana relación monetaria del beneficio económico personal, injusto y avaro, sino en la justicia de hacer rendir los dones recibidos en servicio y por el bien de todos.

 

La creatividad debe estar anclada en el bien de todos, recuperando los valores básicos de austeridad y solidaridad, fomentando un consumo responsable y solidario, hasta lograr que ninguna persona se sienta en situación de desamparo. Debe lograr un modelo económico sostenible y sin daño a nuestro medio ecológico.

 

Pero lograremos una sociedad mas justa y humana si dejamos a Dios ir por delante. El quiere ayudarnos en esa tarea:

 

"Si queréis ser mis amigos haced lo que os digo: Amaros unos a otros como yo os he amado". Propone un paso adelante de ‘hacer a los demás lo que queramos que hagan con nosotros’; propone imitarle en el amor, dar mas de lo que recibimos, excedernos…

 

Jesús nos viene a enseñar con su testimonio personal una forma de vida generosa y plena, cargada de simbolismo y belleza, donde el espíritu ennoblece la materia y se unen en la búsqueda del bien, en la búsqueda de sistemas de organización política y administrativa para extender este bien a todos, sin distinción, sin acaparamientos ni exclusividades, con un único objetivo puesto en el bien común.

 

“La razón necesita siempre ser purificada por la fe, y esto vale también para la razón política, que no debe creerse omnipotente. A su vez, la religión tiene siempre necesidad de ser purificada por la razón para mostrar su auténtico rostro humano.” (Benedicto XVI)

 

La confianza y reciprocidad de la que hablan los economistas como fundamento de la democracia, en convivencia pacifica entre los humanos, no se consigue con la sola satisfacción de nuestras necesidades básicas, a eso tenemos derecho con solo nuestro trabajo. Tampoco se consigue garantizando prestaciones sociales, necesarias pero a veces frías e injustamente distribuidas. Es preciso un paso más hacia el verdadero humanismo, una implicación personal que involucre nuestra vida al completo, pues nada importa más que nuestra felicidad y la de cada uno de los nuestros.

   

El arte de saber vivir con menos

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Experimentamos lo que significa darse a los demás cuando vivimos en un mundo carente de lo más básico, de lo más necesario para vivir dignamente. Quizás allí se encuentre lo esencial del ser humano, porque en un mundo satisfecho de materialismo es muy difícil; se necesita paz interior que… no surge de la abundancia, fluye del desapego que trae consigo la carencia de necesidades no vitales.

 

Dominan el arte de saber vivir con menos, incluso con casi nada. No saben qué es el apego a lo superfluo porque nada sobra de lo poco que disponen. Viven en paz, mueren en paz.

 

Partiendo de esta premisa, cualquier mejora en términos de prosperidad material ayuda a la realización personal y afianza los valores espirituales.

   

Sociedad falsa

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Es falsa la sociedad que potencia solo el aspecto material a costa de pisotear los valores humanos y espirituales. El arte de vivir queda mutilado y entonces no se vive, se malvive, pues la vida se transforma en una carrera de unos contra otros, donde uno asegura su pan y se olvida del de al lado; otras veces se lo quita, sin tener hambre, tiene panes pero quiere tener mas, y no le importa que el de al lado solo tenga ese pan… ‘Si tengo derecho al alimento, los demás tienen el deber de no quitármelo’. Para el ser humano todo derecho comporta un deber.

 

La falsa sociedad sigue regida por la ‘ley de la selva’ donde unos se alimentan de otros… Nada mas alejado del auténtico humanismo cristiano vivido como el Maestro nos enseñó y sigue enseñando.

 

“… no puede tener bases sólidas, una sociedad que -mientras afirma valores como la dignidad de la persona, la justicia y la paz- se contradice radicalmente aceptando y tolerando las más variadas formas de menosprecio y violación de la vida humana, sobre todo si es débil y marginada” (Juan Pablo II)

 

Pero esta situación interesa a muchos, y de esa forma mantienen sus prebendas, su dominio y poder; su éxito está asegurado mientras les dure esta vida, pues son escépticos con la justicia divina en el mas allá.

 

Si judicializamos nuestras creencias, nuestra fe, ¿que lugar nos asignaríamos?, ¿si somos nuestro abogado defensor? todo fenomenal, miel sobre hojuelas, somos magníficos...; ¿si somos nuestro fiscal?... entonces negro sobre negro, la pura negatividad, nos juzgaremos duramente. Menos mal que el Espíritu de Dios será nuestro juez "Cuando venga el Defensor que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí; y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo”  (Juan 15, 26)... ¡que alivio! ¿Y si la política asume ese rol, el de juzgar nuestras creencias y nuestra fe?... Dios mismo será nuestro defensor, ya pueden acusarnos de las maldades que quieran.

 

Lo cierto es que estos poderes dominan los medios de comunicación, la política y los grandes imperios económicos. Les interesa y potencian la ‘falsa sociedad materialista’ basada en el relativismo y el mal entendido laicismo. No les interesa el ‘arte de vivir’, solo el ‘arte de bien vivir’, por supuesto, a su manera, aunque estén fuera de la realidad del mundo. Además, hay que reconocerlo, tienen muy mal gusto, se les ve el plumero en cuanto tocas su vena sensible: el dinero que todo lo puede… están convencidos, su mente no llega mas allá.

 

Nos prometen un mundo sin dificultades, siempre y cuando nos sometamos a sus caprichos. Prefiero someterme a una Voluntad superior, aunque se prometan dificultades y renuncias a uno mismo.

   

Todo por el bien de todos

 

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Todo por el bien de todos, porque formamos parte de una inmensa sinfonía donde expresamos nuestro mejor ‘yo’, desprendidos de vicios y maldades; un ‘yo’ libre para extender nuestro arte a los cuatro vientos en el gran escenario que nos ofrece el mundo, con un genial Director de escena.

 

Las renuncias a nuestros egoísmos, permiten que la justicia se extienda por igual, con el bálsamo de la fraternidad y del amor. Muchas transacciones económicas se truecan en transacciones de servicios, sin interés de por medio, sufriendo con los que sufren, gozando con los que gozan. En todo caso, felices y dando felicidad, hablando de las bondades de Dios, disfrutando de sus continuos regalos.

 

¿Cómo se materializa esta utopía que… ojala no lo fuera?

 

Solo Dios tiene la respuesta, y pienso que no merecemos que nos la facilite. Tenemos que buscarla y el camino es arduo, pero… gran parte está recorrido, solo nos queda el tramo final, la parte más compleja; como cualquier obra de arte, los remates finales son los más difíciles. La sinfonía está compuesta, ensayada durante siglos y… suena muy bien. Falta el último esfuerzo para sacar nuestra máxima expresividad, una compenetración perfecta, una atención especial a quien nos dirige sin que nuestra mente se despiste hacia banalidades.

 

Pero… los organizadores y administradores de lo temporal, los llamados ‘políticos’, con frecuencia no están a la altura de su cometido, vulgarizan la representación, rompen la armonía a fuerza de trastocar el guión. No se conforman con potenciar al máximo nuestras cualidades artísticas, tienen que modificar partes de un guión salido y perfeccionado por continuas aportaciones humanas a través de los tiempos, en base a la creación primera. No consiguen entender la lograda armonía de nuestros mundos actuales.

 

Todo se puede romper a golpes de obstinación, se hace necesaria una reflexión sobre el auténtico humanismo para conformar nuestras relaciones, dificultadas por intereses materialistas inconfesables, por la ridícula soberbia de muchos.

 

Todo por el bien de todos, respetando la integridad de cada persona, física y espiritual; potenciando los valores individuales, de grupos, de pueblos, que avanzan hacia la justicia en todos los sentidos; no simplemente hacia una pura justicia igualitarista, sino hacia una justicia diferente para cada ser humano porque todos somos diferentes; nuestras cualidades, nuestras necesidades, nuestros afectos… nuestra libertad no se amolda a ningún canon preestablecido.  

 

Los ciudadanos de a pie no sabemos hacer política salvo excepciones, pero somos solidarios y colaboramos con nuestro tiempo, esfuerzo y dinero en muy diversas formas asociativas de voluntariado y cooperación en ayuda al menos favorecido, al mas necesitado. Es innata en los humanos la voluntad de apoyar al débil y lo hemos aprendido y practicado en la escuela de ‘nuestra familia’, institución donde aprendemos la mayoría de virtudes solidarias y cívicas que posteriormente ejercemos en nuestra sociedad.

 

Cuantos grupos de apoyo a divorciados y divorciadas, a los que sufren, a enfermos, ancianos, a jóvenes embarazadas, a niños en acogida, a minusválidos, al desarrollo social para combatir el hambre, a la educación en valores humanos...

 

Si la política apoyara este hecho asociativo, en función de sus miembros podría tener un mapa preciso de nuestra cultura; su misión se concretaría en coordinar la organización ciudadana en aras al bien común, legislando, impartiendo justicia y dirigiendo la prosperidad económica y social.

 

¿Utopía?

   

Carne y espíritu

 

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El desarrollo debe abarcar, además de un progreso material, uno espiritual, porque el hombre es uno en cuerpo y alma”. (Benedicto XVI)

 

Seguiremos en la utopía si no conseguimos esa anhelada unidad de vida: mundo material, mundo espiritual, fundidos en un único acto humano, nuestra más maravillosa representación, nuestro verdadero arte.

 

“…hay una única vida, hecha de carne y espíritu, y ésa es la que tiene que ser -en el alma y en el cuerpo- santa y llena de Dios: a ese Dios invisible, lo encontramos en las cosas más visibles y materiales.” (San Josemaría)

 

Dios se ‘materializa’ en la sonrisa de un niño, en la mano extendida del que pide ayuda, en el arte de un buen trabajo profesional, en la sencillez de nuestros hogares, en todo lo bueno y noble que encontramos a cada paso... Solo hay que descubrirlo y... sonreír al Dios escondido en cada una de esas acciones, al Dios que hace buenos –y lo bueno siempre es bello- nuestros pasos de esperanza en medio de un mundo que... quiere ignorarle, arrinconarle, quiere que nos deje en paz y no moleste.

 

Él, acepta con dolor esos desprecios, pero escondido derrama una fina y benéfica lluvia sobre cada uno de nosotros, sin distinción. Sabe que la necesitamos, que no sobreviviríamos ni un solo segundo con nuestra obstinación por prescindir de Él, Hacedor de cuanto existe y conocedor de nuestras limitaciones.

 

Nuestros actos son pequeños e insignificantes pero conforman el alma a la manera de Dios, o… a la de los hombres, según la intención que nos mueva.

 

La grandiosidad de lo sencillo fundamenta nuestra ‘unidad de vida’, necesaria para no volvernos esquizofrénicos pretendiendo ser una cosa aquí, otra allí y otra más allá, según nos interese. Termina enloqueciendo el afán de aparentar lo que no se es, de acallar nuestro corazón, nuestra inteligencia, nuestra sensibilidad, nuestra alma… Al final de la vida –está a la vuelta de la esquina- nos sacarán los colores de pura vergüenza…, pues se esfumará en el olvido todos nuestros afanes terrenales, solo brillarán las pequeñas lucecitas de aquellos instantes que elevamos a Dios nuestra mirada, instantes de oración, de gratitud, de trabajo y obras bien hechas… por Él…

 

Y si mi cuerpo no responde, ‘me siento en un rincón dentro de mi, con mi Dios, y hablamos, sin prisa, a la sombra, una copa de buen vino -solo una- y... son momentos entrañables de padre e hijo, de maestro y discípulo, de hermanos’. Ese es mi mundo, y lo comparto con la única persona que puede acceder a todos sus rincones.

 

Por naturaleza lo bello nos atrae: amor, fidelidad, bondad, paz, justicia, generosidad, lealtad... ¿Por qué lo contrario, lo feo, nos arrastra de forma tan irracional?, ¿por qué transformamos la belleza en fealdad: odio, infidelidad, corrupción, violencia, injusticia, avaricia, perversión...?, ¿por qué convertimos lo atractivo en repulsivo? Inexplicable, misterios de la vida cuando el bien está ausente.

 

Si nuestro mundo interior, del que brotan todas las acciones nobles o perversas, se reviste de fealdad, sus acciones se tornan impropias de un ser humano surgido del más sublime acto de amor de Dios.

   

La excelencia en lo humano

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Estoy en una pequeña iglesia románica construida en el siglo XII, en un pueblecito del Pirineo leridano. Todo me enternece, el magnífico arte de aquellas gentes con medios rudimentarios pero una intención clara: construir la casa de Dios entre nosotros, que esté a gusto, que, una vez instalado ahí, nos escuche y proteja. Es lo mejor que hemos podido ofrecerle, una obra de nuestro mejor arte, rudo, de piedra y argamasa, pero hecho con la mejor intención de agradarle.

 

Nosotros escuchamos a Dios, la naturaleza que nos ha regalado habla de sus intenciones, es dura con nosotros, por eso le pedimos que sea nuestro valedor ante su creación, vamos a la casa que le hemos erigido, le cuidamos, le rendimos culto, pedimos su protección.

 

Estos campesinos medievales han conseguido la excelencia con su obra, Dios que es la perfección absoluta, no quiere más, esta obra toscamente elaborada pero con el mejor arte de que eran capaces, es una obra perfecta. De igual manera, la monedita que la viuda echa en el templo de Jerusalén, todo lo que tenía, era una acción perfecta que enterneció a Jesús. Nuestras pequeñas acciones cotidianas, pequeñas o grandes, torpes o virtuosas, desapercibidas o impactantes…, hechas por amor al Creador, tienen la perfección de Dios.

 

De esa forma el ser humano logra la excelencia ante Dios, superior en belleza al lugar más hermoso de la tierra, porque materia y espíritu se funden para crear ese momento de amor filial al Ser que en el misterio de lo escondido dirige cuanto existe.

   

El mundo definitivo

 

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¿Que es un dibujo, una pintura, una fotografía, sino un reflejo de lo que pretenden representar? ¿Qué nos canta el poeta sino el rebosar de su alma, utilizando una torpe herramienta que es nuestro lenguaje? ¿Que nos dice la naturaleza cuando quedamos extasiados ante ella?..., un hermoso lago en el Pirineo, rodeado de cascadas, bosques y montañas...

 

De alguna forma Dios ha creado un mundo material y espiritual, donde palpita el corazón del primer mundo solo espíritu, la primera creación; y en este mundo material comparte su Espíritu con el ser humano, el Espíritu de Dios. Creará un nuevo mundo "Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron" (Ap. 21.1) material y espiritual, hecho a su medida y a la medida humana…, y ¿Qué es este mundo mas que un reflejo del mundo espiritual del que proviene y del mundo definitivo hacia el que avanzamos?

 

Somos artífices del mundo definitivo, conformado según nuestro mejor ‘saber hacer’ en el mundo que habitamos, ‘escuela de aprendizaje’ de lo divino, de lo eterno. Tenemos que formar el autentico ‘pueblo de Dios’, un extenso y fraternal lugar para vivir todos, sin exclusión. Hasta ahora nos hemos conformado con vivir en un barrio, muchas veces en pugna con el de al lado, olvidándonos del vecino que necesita de nosotros, sobre proteccionistas de lo nuestro, indiferentes a los demás.

 

Tanta confianza ha puesto Dios en la bondad del corazón humano, que su morada definitiva con nosotros la conforma según nuestro criterio artístico, ofreciéndonos sus poderosos medios para crear una magnífica mansión, un magnífico pueblo. No nos imaginamos el resultado final, no lo veremos construido hasta que el gran ‘Maestro de Obras’ lo considere terminado.

 

Nuestros anhelos, nuestras aspiraciones, nuestras ansias de felicidad se verán colmadas hasta decir basta. No esperaban los discípulos de Jesús lo que iba a hacer con unos panes y unos peces, el Maestro solo necesitaba su generosidad, que le dieran ‘todo lo que tenían’. Dios hace el resto…, y ese milagro solo ha sido una pequeña muestra de lo que quiere para nosotros.

   

No podemos defraudarle

 

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No cabe duda, la creatividad es innata en el humano, es un don que saca al exterior el ‘pequeño artista’ que llevamos dentro; volcamos lo más íntimo de nuestro espíritu sobre lo material, le imbuimos carácter, le damos expresión y orden, lo recreamos, nos recreamos en ello… somos constructores de mundos…

 

Pero nos convertimos en destructores de lo visible si lo feo suplanta a lo bello, si nuestra insensibilidad degrada la esencia creadora de la ‘primera creación’. A ningún artista le agrada ver su obra despreciada, minusvalorada o retocada sin estilo. Si el Gran Maestro cuenta con nosotros como continuadores de su obra, al menos deberíamos aprender de El y ‘perfeccionarla’.

 

No es fácil, necesitamos grandes dosis de humildad. Los soberbios no mueven el mundo, mas bien lo frenan, lo enredan con sus engreimientos y pavoneos que hacen, como poco, perder el tiempo a la gente llana. Los humildes se ven necesitados del poder y la bondad de Dios, y Dios les agranda el corazón y la inteligencia hasta límites totalmente inmerecidos, pero ciertos…, nos hace verdaderos artífices de nuevos mundos.

 

Él espera con entusiasmo estas ‘obras de sus criaturas’ para hacerlas suyas y recrear el mundo. No podemos defraudarle.

 

Ir descubriendo su maravillosa obra es un primer paso: la ciencia, la filosofía, el arte, la cultura, toda investigación es un avance hacia la comprensión de este mundo. Nuestra aportación humanista, ‘humanizar el mundo’ en el mejor sentido de la expresión, se opone a toda dominación violenta e irrespetuosa, se opone a toda actitud instintiva e irracional de supervivencia…; no estamos aquí para sobrevivir, estamos para vivir: el ser humano no muere con la muerte del cuerpo, muere con la muerte del espíritu.

 

Humanizar el mundo dista mucho de planteamientos ecologistas, muy loables pero se quedan ahí, cuando en realidad son un buen punto de partida: el respeto a la naturaleza tal como es. “La naturaleza es expresión de un proyecto de amor y de verdad. Ella nos precede y nos ha sido dada por Dios como ámbito de vida. Nos habla del Creador y de su amor a la humanidad… La verdad, y el amor que la naturaleza desvela, no se pueden producir, sólo se pueden acoger…” (Benedicto XVI)

 

“¿Acaso se cosechan uvas de los espinos o higos de las zarzas?” (Mat. 7,16) Dios ha hecho a la uva fruto de la vid, y al higo fruto de la higuera. Del mismo modo ha hecho al hombre masculino y a la mujer femenina; no podemos ni debemos alterar el guión preestablecido pensando que a la persona no le define el sexo, sino la opción sexual que elija.

 

“Ni la Verdad ni el Amor pueden ser sólo productos humanos; la vocación misma al desarrollo de las personas y de los pueblos no se fundamenta en una simple deliberación humana, sino que está inscrita en un plano que nos precede y que para todos nosotros es un deber que ha de ser acogido libremente” (Benedicto XVI)

 

Si no respetamos la naturaleza creada, nuestra creatividad es destructiva, estamos retrocediendo. Si partimos del respeto a la creación, nuestra creatividad irá aportando humanismo que poco a poco avanzará hacia un mundo más perfecto, a nuestra medida, la medida que da el espíritu del bien.

 

Esto nos acerca a la Voluntad creadora depositada en nosotros, nos hace partícipes activos, con todo un horizonte de justicia inimaginable, paz, bondad, bienestar físico y espiritual, en definitiva, felicidad…

 

Y esto perseguimos, no hay nadie que persiga la infelicidad, hemos sido creados para lograr la felicidad perfecta en Dios con nuestras obras, obras de fino aroma y bella factura, indignas de un Dios todo Amor, pero obras que Él acepta… Y conseguiremos la ansiada felicidad… sin fin… para siempre, porque a todos nos ha llamado y ¡no podemos defraudarle!

   

Comienza el dialogo

 

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Quizás lo expuesto hasta aquí sean solo ideas inconexas, pero podríamos imaginarlas como pinceladas o fragmentos sueltos de un todo aun sin  unir... Los artistas y los aprendices de artista –como yo- somos bastante desordenados y... humildemente, tenemos que pedir paciencia.

 

Llegado a este punto, ¡por fin! comienza el dialogo, comienza la representación, comenzamos a abrir puertas largo tiempo cerradas.

 

El ser humano es dialogante con su entorno conocido o, con misterios por conocer. Entablar conversación forma parte de nuestra condición sociable. Nuestra natural relación con la naturaleza, se torna en auténtico dialogo con la obra del Creador a fin de concretar nuestro papel en la representación de la vida en la tierra.

 

El objetivo es perfeccionarla hasta hacer que la muerte se convierta en vida para el humano, en alargar esta vida hasta la eternidad, pero una vida "plena", en el sentido más amplio de la palabra, una vida que sea antesala de la definitiva.

 

Una obra de arte hecha en barro siempre será magnifica cuando el arte es bueno, con independencia del material usado; si es malo, aunque utilicemos oro en cantidad no pasará a la posteridad, será una obra caduca, destinada a morir.

 

La materia no da eternidad por mucho que nos empeñemos en alargar nuestra vida terrenal con sofisticados métodos científicos. Dan eternidad la sabiduría y el arte que pongamos en nuestro dialogo con la naturaleza creada, visible e invisible; dialogo de tu a tu, pues no en vano todos formamos parte del mismo universo, pero dialogo del artista con su obra y con los elementos que utiliza para componerla.

 

Toda la naturaleza nos contempla con admiración, y confía en nuestro buen hacer, por eso, es un fraude la destrucción o mala utilización de recursos naturales, que están a nuestro servicio para su buen uso; es un fraude la injusticia entre nosotros…, nos destruye, pues la sensibilidad se atrofia, el mal gusto se hace norma, el mal se apodera de las mentes, la destrucción se adueña del mundo…

 

Por suerte, cuando el río se desborda, tarde o temprano vuelve a su cauce y a veces deja un mantillo de fertilidad, una caricia de nuestro Protector que mantiene la esperanza de los humanos.

 

Volvemos a empezar, sin mirar atrás, no sea que quedemos inmovilizados, como le ocurrió a la mujer de Lot: se quedó convertida en estatua de sal. Ponemos a raya nuestras pasiones negativas, instintivas e incontroladas, y, antes de comenzar a dar pasos, recapacitamos:

 

Desde el primer paso, podrán surgir temporales y terremotos, a veces repentinos; nos asustarán, pero no deja de ser una tormenta bravía en un pequeñito lago oscuro por la noche cerrada…, como en Genesaret. Jesús pone calma y aparece de nuevo la luna llena… vuelve la paz, vuelve la luz, solo es precisa una enorme fe en nuestro destino en Dios.

   

Encontramos la soledad

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Surge el diálogo, va desapareciendo el silencio mudo que se había apoderado de muchos, muchos, encerrados en sus pequeños ataúdes. Por fin un poco de sentido común, el influjo que las acciones positivas de unos ejercen en los demás comienza a mover nuestros corazones. El dolor se atenúa con las caricias, pero el sufrimiento es mas difícil…, la soledad, el mas terrible…

 

¿Cómo puede una persona sola representar su papel, comunicar su arte…? ¡Si nadie la escucha, ni la ve, nadie se interesa por ella…, muerta en vida! Es nuestra primera tarea, nuestros primeros pasos van en esa dirección. Dios no es un ser solitario, todo al contrario. El hombre y la mujer tampoco, “no es bueno que el hombre esté solo…” (Gen. 2,18), es uno con su mujer y la mujer una con su hombre, son uno con su familia y con los próximos y con los lejanos; todos criaturas con un único fin: la felicidad, la eternidad, prolongar nuestra vida… hasta el infinito.

 

Por esto, la soledad degrada al ser humano, y sobretodo la peor de las soledades: la lejanía de Dios. Se vuelve inquieto, frágil, expuesto a merced de múltiples depredadores que invaden su intimidad con fines perversos, robándoles toda esperanza. Carnaza fácil para buitres, abundantes en este mundo moderno. Solo la genialidad humana y divina de quienes se vuelcan con ellas les devuelve la esperanza, porque nos importan tanto como nosotros mismos, tanto como a Jesús le importamos cada uno…

 

Pero la genialidad no surge sin haberse desarrollado antes en nosotros, como una semilla que germina, como un embrión que crece. Nadie tiene un cuerpo ágil si no lo ejercita. Nadie posee un espíritu de justicia si no lo cultiva con esmero. Toda mejora, en definitiva, necesita esfuerzo, tesón, constancia… y salir de nosotros mismos para que, al menos los que tenemos al lado ¡nunca se encuentren solos!, es entrenamiento arduo por las renuncias que conlleva.

 

Puede estar muy sola una persona rodeada de gente, puede uno sentirse solo en medio de una multitud. El mal de las grandes urbes, hacinadas, producen mas personas ‘olvidadas de todos’ que en otros lugares poco poblados.

 

Solos porque no se sienten comprendidos, ni valorados, ni útiles, porque no les dejan participar, porque se sienten objeto para otros, utilizados, explotados: ¡mientras seas rentable me sirves!... No reciben muestras de afecto, de cariño, no saben qué es la ternura…, heridos por la indiferencia ante lo que es humano y lo que no lo es.

 

Otras personas se aíslan en respuesta a su discrepancia con este mundo inhumano, es decir, impropio de seres humanos con inteligencia y corazón. Un mundo de seres guiados por sus instintos potenciados por una astucia racional y malévola, seres incapaces de escuchar los misterios de Dios, cuando los tienen tan cerca, al lado, y… no los ven…, les falta corazón para intuirlos.

 

La pobreza y la soledad son fruto de una insolidaridad humana vergonzante, de la desunión, de la pérdida de los valores recibidos de Dios y del humanismo a que aspiramos. La soledad se agrava con la falta de recursos mínimos para vivir dignamente. Estas situaciones son infrahumanas, la propia dignidad personal se nos revela contra este hecho, en nuestro mundo no puede haber hambruna, personas que se mueren y nadie las echa de menos, ni esclavitud, ni opresión del débil,...

 

La representación puede resultar un fiasco, no debemos dejas fuera de escena a nadie aunque no respeten el libreto, pero si se empeñan en ser autistas, en actuar por propio lucimiento, en triunfar ellos solos..., las cosas no salen, este mundo seguirá por sus derroteros, nada buenos. Y un fracaso de nuestra sociedad afectaría a todos, aunque algunos se salven porque... lo han intentado, han insistido y luchado hasta el final para que sea un triunfo de todos.

   

Puesta en escena

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Nuestros espectadores nos contemplan, quieren disfrutar con una buena representación de la vida terrena, quieren aplaudir, hacer una buena crítica… Nosotros también lo desearíamos, es nuestro mundo y queremos que salga bien. Queremos hacer bien nuestro papel, que nuestro arte sea digno del genial Artista de este inmenso teatro que es el universo, nos va mucho en ello…, es la prueba de nuestra madurez humana.

 

Las escenas se suceden, ningún acto queda sin representar; cada actor tiene forma de corazón abierto de par en par, ningún rescoldo queda oculto al espectador. Es un escenario especial en el que no existe la lejanía, todo se ve y se oye muy de cerca, no existen rincones para pasar desapercibido, todos salen a escena porque el tiempo es largo, muy largo.

 

Un voluntario atiende en sus necesidades más íntimas a un paralítico cerebral, totalmente imposibilitado; son Gustavo y Richard, dos amigos que se necesitan, y se dan uno a otro lo mejor que tienen: amor sin interés.

 

Un niño busca y busca algo medianamente comestible para alimentar… a su madre que no puede buscar, él ya se las arreglará. A otra persona le sirven una suculenta langosta… se come parte de la cabeza y tira todo lo demás…, apenas tiene un poco de apetito, desconoce el hambre y mucho menos la hambruna… silencio entre el público.

 

Momentos maravillosos de amor de una madre a su esposo, a sus hijos… arrancan muchos aplausos. Momentos de felicidad en medio de la pobreza material, de la miseria, arrancan admiración.

 

Una discusión, un violento enfrentamiento que arrastra a otros, toman partido, y de forma irracional destruyen y matan… algún espectador querría intervenir… pero, el actor es libre para interpretar el papel que desee. Muchos eligen un mal guión.

 

El público contempla absorto una mezcla de injusticias, crueldades e irracionalidades, junto al amor más puro y tierno. No cabe duda, representamos una tragedia con momentos sublimes de armonía y belleza.

 

Somos conflictivos, no podemos evitarlo, el mal nos enreda y causa estragos. Pero como en la parábola del trigo y la cizaña, crecen juntos, y al final, en el momento de la siega se separan, la cizaña se quema y el trigo se almacena en el granero.

 

Esta es la tragedia que representamos, escenas maravillosas y escenas para eliminar del guión. Porque ¿interesa la ostentación de riqueza de muchos magnates del petróleo con vientres satisfechos pero sin corazón?, ¿interesa el planteamiento monetarista de todo, incluso de lo mas noble y bello del ser humano?

 

¿Interesa violentar una naturaleza sabia porque sabio es su Hacedor? Todo sale al escenario, todo se permite, lo excelente y bello, y lo repugnante y feo… Bello y feo ¿Para quién?, para el Espectador que nos contempla, para infinitos seres situados por encima de nuestro nivel terrenal -que está a ras de suelo-, nivel al que accedemos elevando nuestro espíritu al lugar que le corresponde y desde el que se domina la escena con claridad. Nivel que permite al ser humano discernir los buenos y malos guiones, los que nunca deberíamos representar porque su arte es malvado, por mucho que se empeñen en justificarlo como bueno. El mundo asimila este arte, pero se degrada con él y… avanza hacia su autodestrucción.

 

Podemos evitarlo, ella nos da fuerzas.

   

Indignante

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Porque quieren que seamos dependientes, pero no por nuestro bien sino por el de sus bolsillos; solo les importamos como simples consumidores de lo que nos ofrecen. Y como no se fían, utilizan ilegalmente sustancias adictivas que incluyen en lo que nos venden ‘para nuestra salud’... Nos quieren encadenar a su mundo, escéptico, que no cree más que lo que ve con sus ojos y en lo que llena sus bolsillos, sus estómagos y su libertina promiscuidad.

 

Gritan –no saben decirlo de otra manera- ¡eficacia!, ¡productividad! -producir mas y mas barato-, ¡nuevos mercados!... ¡dinero!... ¡lo que no se ve y se palpa no existe! ¡lo que no se disfruta no interesa!... Viven en la cultura del desencanto total, han limitado muchos logros sociales y pisoteado muchos derechos...

 

Cuando salen a escena, un silencio total; nosotros, entre bastidores quedamos horrorizados... no por ignorancia, sino por la mucha gente que anda este camino.

 

Indignante, por indigno el ser humano que así se comporta con su mundo, con los suyos. Deberían tener un mundo aparte para ellos solos, quizás desde allí verían mejor el mundo que anhelamos y... quizás se avengan a colaborar. Es un misterio.

 

“Al entrar en una casa, saludad; si la casa fuera digna, la paz que le deseáis vendrá a ella. Pero si no fuera digna, la paz volverá a vosotros”. (Mat. 10, 12-13)

 

Desprecian nuestra paz porque piensan que solo la obtienen con los bienes materiales y su disfrute sin límites; pero están equivocados, ese planteamiento es el origen de los conflictos y de las guerras. Nunca tendremos paz.

 

Se oyen voces tras las bambalinas: ¡venid con nosotros por la senda del Amor…!

 

Se apagan, se diluyen, vuelve el silencio…

   

Un buen administrador

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Clamamos por un buen administrador de nuestras capacidades artísticas: poetas, escultores, sabios, pensadores de lo divino y humano, artesanos…, no deben estar a merced de líderes que no ven lo que tienen delante, no saben captar la conciencia planetaria que clama por una justicia común, un bien común. Líderes oportunistas, sin capacidad para el liderazgo, sin humildad para aceptar nuestra realidad aquí, en el tiempo y el espacio, sin preparación ni convicción para poner metas que ilusionen a todos.

 

Un buen administrador de lo temporal que no nos encadene a ideales limitadores de lo eterno, que haga aflorar nuestro más noble humanismo, que canalice nuestras actitudes de servicio, nuestra valiosa energía en pos del bien de todos. Paladín de la moderación, del autocontrol de cada uno por el bien de otros, de una educación ciudadana consecuente con un mundo sostenible que trasciende más allá de nuestra persona, porque… solo somos un eslabón de la cadena.

 

Un administrador protector de la verdad, que lleva a procurar el desarrollo y protección de la persona humana en su integridad: cuerpo y espíritu, sociable, solidario, en busca de la felicidad temporal y eterna; y del medio ambiente donde vivimos, crecemos, utilizamos sus recursos, nos relacionamos, encontramos y vivimos el amor, potenciamos nuestros ideales, conocemos a Dios, le buscamos insistentemente…

 

Los políticos tienen miedo a actuar con la verdad por delante; piden honestidad, autocontrol y esfuerzo en todo excepto en el sexo y el dinero, no se atreven, pierden votos… La avaricia y el sexo sin límites están bien vistos por nuestros políticos, aunque tanto uno como otro sean destructivos para nuestra persona.

 

Los dioses de este mundo ciegan a quienes quieren destruir, mantienen dando tumbos a toda una clase dominante que además de estar ciegos, no quieren escuchar ni hablar, es decir, también se han quedado sordos y mudos ante el chantaje de los que utilizan la economía y la liberación sexual como arma de presión.

 

No renunciaremos nunca a un buen administrador de lo temporal que nos facilite nuestro caminar hacia lo eterno. Una colaboración incondicional será nuestro agradecimiento.

 

Imaginación, sentido común, y usando la estética del buen arte, saldría a escena con aplomo y convicción:

 

‘El egoísmo se ha extendido por todo el mundo, globalicemos nosotros la solidaridad.’

‘El egoísmo genera pobreza, miseria, es un atentado contra la dignidad humana, genera conflictos, pues cuando uno no tiene lo mínimo para subsistir, explota con violencia irrefrenable ante las ostentaciones de otros… Globalicemos nosotros la solidaridad.’

‘En la historia, nunca como hoy ha habido una conciencia de formar parte de una misma humanidad, con los mismos derechos, con las mismas obligaciones: luchar por el bien de todos.’

‘Nunca ha habido una comunicación más fluida, un conocimiento de las culturas mas profundo, una capacidad de involucrarnos en el desarrollo de los pueblos mas empobrecidos.’

‘Nunca ha existido una ocasión tan clara de conseguir la paz, luchando denodadamente contra la pobreza y la injusticia.’

‘Nunca jamás ha existido una posibilidad tan palpable de conseguir un mundo mas libre y solidario…, un mundo sin falsos líderes que nos arrastran al desastre.’

 

Prorrumpen los aplausos contenidos hasta ese momento.

 

‘Somos artífices de nuevos mundos y estamos en puertas de uno, siempre anhelado pero no imposible’

 

No cesan los aplausos.

 

……

   

Con los pies en el suelo

 

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De la misma forma que a un árbol le crecen ramas y hojas, el humano se asocia, se coordina, se apoya en otros para conseguir un fin. Las organizaciones ciudadanas proliferan como fruto de nuestro caminar hacia delante, hacia el bien, practicando la ‘autocrítica’ en todo momento, la ‘suma de fuerzas’ y no la ‘división’. Una gran cadena en la que cada eslabón es importante por necesario, tirando todos en el mismo sentido por el bien de todos.

 

No es una utopía si partimos de la unidad básica que es la familia. Allí se forman nuestros hijos en valores humanos, viven la fraternidad y se preparan para ser ciudadanos responsables y para crear futuras familias. Las asociaciones de barrios, de pueblos…, todo tipo de agrupaciones ciudadanas en todos los ámbitos sociales de la cultura, la ciencia, el deporte…, en competencia leal, no ‘en contra de’ sino ‘a favor de’, potenciando una sociedad en armonía.

 

Bien, pero ¿quién coordina, dirige, establece normas y hace que sea posible esto?

 

Los poderes públicos, nuestros administradores de lo terrenal. Muchas cuestiones básicas en los campos de la sanidad, la educación, el trabajo, la cultura, el bienestar social…, quedarían encauzados con solo coordinar este movimiento asociacionista alimentado por el voluntariado, la cooperación, la donación de esfuerzo, tiempo y dinero, el acogimiento de niños y ancianos, la ayuda a jóvenes embarazadas, a personas sin trabajo y con cargas familiares, a divorciados/as, a minusválidos, a drogodependientes, a… personas sin recursos, solas, que viven en la miseria y el abandono… a cualquier ser humano que necesite ayuda para vivir una vida digna, material y espiritual.

 

“La subsidiaridad respeta la dignidad de la persona, en la que ve un sujeto siempre capaz de dar algo a los otros. La subsidiaridad, al reconocer que la reciprocidad forma parte de la constitución íntima del ser humano, es el antídoto más eficaz contra cualquier forma de asistencialismo paternalista,…para no abrir la puerta a un peligroso poder universal de tipo monocrático…” (Benedicto XVI)

 

Los poderes del estado nunca pueden suplir la capacidad humana de involucrarse en la ayuda mutua desinteresada, de ser solidario, de vivir fraternalmente en un mundo en el que todos somos vecinos, estamos muy cerca, y… hoy necesito que me prestes un poco de sal, mañana te cuido el perrito y pasado mañana charlamos un rato. Aunque seamos miles de millones, esto no es una utopía.

 

Todos estamos de acuerdo en la conocida frase “no soy lo que tengo, soy lo que soy”, porque es falsa la pretendida ‘naturalidad’ de muchos de querer ser como los demás, ¡cual un autentico rebaño!; tener lo que tienen los demás, y si puedo, mas y mejor que ellos... Y ¿qué soy?... un ser humano, capaz de lo mas sublime y de lo mas ruin; pero quisiéramos quedarnos solo con lo primero, lo mas sublime; quisiéramos el bien de todos, la felicidad y el amor para todos sin excepción. ¿Por qué no somos capaces de conseguirlo?

 

Somos flojos, tiramos la toalla con facilidad, no acudimos a quien puede ayudarnos para hacer un mundo que potencialmente somos capaces de lograr, para completar la construcción del mundo que nuestros antepasados comenzaron. Nos falta fe en la Verdad, en lo verdadero, en quien todo lo puede y es el principio de vida de nuestro universo, de nuestra existencia.

   

Irresponsabilidad

social

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“Sin verdad, sin confianza y amor por lo verdadero, no hay conciencia y responsabilidad social, y la actuación social se deja a merced de intereses privados y de lógicas de poder, con efectos disgregadores sobre la sociedad, tanto más en una sociedad en vías de globalización, en momentos difíciles como los actuales.” (Benedicto XVI)

 

Claramente, estamos desunidos, no nos ponemos de acuerdo. Se contempla en la escena, todos representamos ‘nuestra verdad’, la que vivimos, no nos interesan otras. Sin embargo, unidos y apoyados en una única verdad podemos hacer un mundo responsable, no basado en la pura relación de intereses, sino en una relación humana de personas que caminan juntas hacia la Sabiduría que venció a la muerte.

 

“La fidelidad al hombre exige la fidelidad a la verdad, que es la única garantía de libertad y de la posibilidad de un desarrollo humano integral.”  (Benedicto XVI)

 

Nadie es propietario de la verdad, pues la verdad está en el amor y nadie posee el amor en exclusiva, es el bien mas preciado que Dios ha donado a los humanos por igual, sin distinciones de ningún tipo, como una lluvia benefactora que a todos beneficia.

 

Pero el efecto que produce la asunción de nuestra realidad es muy diverso. Somos socialmente irresponsables, nos divertimos representando nuestros papeles ajenos a lo que afectan al resto de la sociedad, no nos importa demasiado.

 

La obra carece de unidad, sale inconexa, un crítico de arte la consideraría ‘inmadura’, carente de interés, una obra ‘prescindible’, para abandonar en el baúl de los recuerdos.

 

Es una irresponsabilidad social no percatarse de la oportunidad actual que el mundo nos brinda. Es momento de resurgir con fuerza sobre nuestras propias cenizas.

   

A pesar de todo, seguimos construyendo

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Seguimos construyendo nuestro mundo, continuamos la tarea iniciada por nuestros antepasados, siglos y milenios de esfuerzo por crear una verdadera y auténtica obra de arte, con múltiples fracasos, nuevos intentos, lágrimas y sonrisas, noches en vela, momentos trágicos, momentos de ilusión…, una historia rica en luces y sombras. Una historia de amor con final feliz que está en nuestras manos, en las de todos. Momentos entrañables en el escenario donde se representa ese diseño inicial, su evolución, partes bellísimas del edificio, y partes… que hay que rehacer.

 

Somos continuadores del gran edificio que es nuestro definitivo mundo, no podemos prescindir del pasado, no podemos desvincularnos, ni mucho menos derribar todo lo construido para levantarlo de nuevo a nuestro gusto, sería un acto de soberbia totalmente irresponsable. La parte que se está construyendo y representando en este momento es nuestra ‘obra’, tenemos que demostrar ‘maestría’ para que sea una ‘obra maestra’, si no la hacemos nadie la hará, el edificio quedará incompleto, un vacío será nuestra aportación.

 

Está sustentado por múltiples columnas, repartidas en base a sabios criterios del Maestro de Obras: los recursos humanos, los recursos naturales, los medios económicos, la tecnología, la ecología... No podemos concentrarlas caprichosamente en una parte del edificio, seria un derroche de capacidad de sustentación para unos y una carencia trágica para otros, pues se derrumbaría esa parte, y ello supone una ruina total del edificio completo.

 

Lleva mucho tiempo en construcción. Nuestros antepasados, con menos medios han intentado completarlo y no han podido, pero… estos tiempos son propicios para lograr lo que siempre hemos clamado a Dios, por nuestra incapacidad…, Él nos ha hecho un guiño… ¡ahora podéis!, ¡ahora es el momento! Muy significativo…, son “los signos de los tiempos” que menciona Jesús.  

 

¡Es nuestro tiempo!, nuestro momento, pero… recapacitemos: No se puede sustentar el edificio material del mundo en columnas mal repartidas, muchas en unos sitios y pocas en otros; como he dicho, se derrumbaría todo, comenzando por la parte débil. No caben los privilegios en una sociedad avanzada en auténtico humanismo, no caben en una sociedad justa y fraterna; justa porque ajusta las cosas en su sitio, en el sitio que requiere la estabilidad de todo el edificio de nuestro mundo; fraterna porque todos necesitamos el apoyo de todos, nadie escurre el bulto.

 

Salen nuestros científicos a escena, vienen con la verdad en la mano, sin tapujos, sin falsear los datos, sin sucumbir a presiones mezquinas e innobles. Asombro y admiración invade el ambiente. ¡Son unos héroes!

 

Salen nuestros técnicos, vienen con soluciones para aliviar el sufrimiento humano, cualquier tipo de sufrimiento sin distinción de personas: psicológico o físico, espiritual o material… las guerras, las enfermedades, la soledad, la desnutrición, la sed, la incomunicación, la invalidez…, no traen inventos para ‘inutilizar’ más al inútil rodeado de ‘todo tipo de inventos para no hacer nada’… ¡Sube la emoción en el ambiente!

 

En la técnica se manifiesta y confirma el dominio del espíritu sobre la materia. La técnica facilita el acercamiento y conocimiento de Dios, por cuanto nos libera de ataduras y facilita el avance de la ciencia en el conocimiento de su espléndida creación con todo el arte de su infinita sabiduría.

 

Salen nuestros filósofos, teólogos y artistas. La verdad es un don recibido y nunca suficientemente agradecido por los humanos, proclaman.

 

El ambiente sigue emocionado y expectante, porque los humanos estamos representando una obra que nunca antes ha salido a escena y nunca volverá a salir, es única, el éxito o fracaso no tendrá segunda oportunidad, continuará otra escena sin mirar hacia la anterior. Estamos representando nuestra vida y el camino es siempre hacia delante, hacia la perfección. Ponemos nuestro ritmo, cada instante tiene el suyo, y este instante es nuestro, de cada uno y de todos.

 

Constructores de mundos, pequeños mundos que se engarzan. Juntos configurarán un gran mundo en el que habitaremos todos, inimaginable, porque el toque inicial y el toque final lo ha puesto y lo pone el Gran Maestro. Podemos estar de acuerdo o no con la caricatura que nos hacemos del mundo definitivo, puede gustarnos o no gustarnos su estilo, su arte; muchos miles de millones de humanos hemos intervenido en su diseño a lo largo de los siglos y de los milenios, pero de algo estamos seguros: el Maestro Director de las Obras es un genio, y el resultado final será simplemente genial.

   

Todo llega

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Esa pareja de enamorados que, como otras muchas, levantaron calurosas ovaciones, son los verdaderos artistas que han entendido las palabras de Jesús "...has ocultado estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los sencillos y humildes...", no se preocupan de qué comer, qué vestir..., no buscan la seguridad obsesiva en esta vida, Dios viste a las flores del campo y alimenta a los pajarillos... (Mat. 6, 25-27)

 

Han descubierto el valor del amor sincero, que se abre y extiende en donación sin límites ni distinciones. El público se emociona, la construcción del mundo avanza con detalles maravillosos de buen estilo, el mejor arte: amor en estado puro.

 

Y como el amor no tiene límites, es infinito, vamos configurando un mundo impregnado de infinitud, de eternidad.

 

El amor es inteligente: “No existe la inteligencia y después el amor: existe el amor rico en inteligencia y la inteligencia llena de amor” (Benedicto XIV). Amor a la sabiduría, a la reflexión, al pensamiento filosófico, a la verdad humana, a nuestro Creador.

 

Así, se descubren puntos convergentes entre las personas, entre los pueblos; surgen soluciones a los conflictos, a las desigualdades sociales, a la pobreza, a las crisis culturales y morales del ser humano…

 

El amor todo lo abarca, desea lo bueno, desprecia la maldad y el engaño, perdona al malvado una y mil veces hasta que el mal huye de su alma ahogado por la bondad.

 

Cada pueblo y cada cultura tienen la semilla que Dios ha sembrado de la ‘civilización del amor’. La Dulce Señora  encarnó el Amor que Dios siempre ha tenido a sus criaturas, haciéndolo comprensible a nuestra inteligencia, haciéndolo real, abriendo la esperanza de que el humano pueda llegar alguna vez a hacer brotar esa semilla de la ‘civilización del amor’…, para que crezca.

 

Somos escépticos, estas cosas nos parecen inalcanzables, de gente soñadora, pero… muchas veces me he quedado pensativo al observar el trabajo de un buen profesional: concentración, arte, sabiduría, intuición… Un don muy preciado que junto al esfuerzo serio de formación e investigación, conforman algo maravilloso en el hombre y la mujer: están trascendiendo de si mismos hacia en bien en una naturaleza herida e inclinada al mal. Están dando forma a la ‘civilización del amor’ con la puesta en escena de unos dones, un desear el ‘bien hacer’ aun en asuntos nimios, un… querer estar en la verdad.

 

Todo llega, “…el don supera el mérito, su norma es sobreabundar” (Benedicto XVI), porque el don proviene gratuitamente de Dios. Nuestra aspiración al bien supera la tendencia al mal, nuestras flaquezas dejan paso a la fortaleza de lo divino, nuestra confianza recíproca aumenta, crece, crece… Transformamos la justicia, la economía, las relaciones sociales... en donación gratuita de personas solidarias que buscan ‘el bien de todos’, que van conformando la ‘civilización del amor’.

   

Compartir los valores eternos

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“Compartir los deberes recíprocos moviliza mucho más que la mera reivindicación de derechos.” (Benedicto XVI), nos adentramos en un mundo nuevo, creativo, menos constreñido y mucho más extenso y diáfano: compartir nuestro destino final, compartir la felicidad, compartir el compromiso de avanzar hacia ella.

 

El edificio crece, la representación llega a su cenit, la obra se nos presenta colosal, inabarcable. El resultado en su materialidad se muda, envejece, se renueva, pasa por distintas fases a lo largo de los tiempos, evoluciona, cae en desuso y se vuelve a retomar… Pero el espíritu humano crece y crece, se enriquece con cada acción noble, nuestros actos, los de nuestros antepasados, milenios de civilizaciones, de culturas florecientes que adquieren una elevada cota de humanismo muy agradable el Creador.

 

Culturas que se tambalean y caen, desaparecen, pero su espíritu no; culturas que se tecnifican, logran unas altas cotas de bienestar material, pero olvidan valores humanos importantes y caen, se autodestruyen, desaparecen también, solo se salva el espíritu que animaba su lucha por el bien, los logros que representaron auténticos avances humanos.

 

El bagaje es tremendo. Lo verdaderamente humano que hay en las tradiciones de los pueblos no puede ser menospreciado en aras a lograr una civilización tecnológica globalizada. Si indagamos con rigor la verdad que hay en cada una de las culturas históricas y actuales, quedaríamos atónitos. El influjo del Creador se ve en todas ellas, las revelaciones de lo divino planea en mas o menos medida según nuestra capacidad de entender y querer, nuestra capacidad de acogimiento.

 

Si somos sensatos, iniciaríamos una serena recapitulación y síntesis de la historia de nuestro mundo, el estado en que nos encontramos y el destino de todo ello. Se nos ha dado mucho, tenemos una abundantísima información, los medios que disponemos y el conocimiento adquirido es muy, muy superior a lo que tenían hace quinientos años, infinitamente superior a lo que disponían hace cinco mil años…

 

Estamos en un punto de partida, final de una fase en nuestra obra artísticamente elaborada, a pesar de lo torpemente realizada; principio de otra en la que la ‘aldea global’ se puede organizar con auténticos seres humanos, que respetan lo positivo de cada cultura y trabajan duramente por la consecución de la ‘civilización del amor’.

 

Nuestro espíritu está preparado para superar los errores cometidos en el pasado –de los que tenemos información exhaustiva-, y los presentes –a los que tenemos que dar solución-, solo necesita el empeño de unos poderes públicos que crean en nuestras capacidades organizativas y actúen como verdaderos promotores del bien de todos, el bien común; subsidiando, administrando y empujando hacia la libertad y la responsabilidad como hace un buen padre de familia, que además, huye del paternalismo.

   

La eclosión

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Llegará la eclosión, será lenta, paso a paso, meditada, fruto de la sabiduría, de corazones enamorados, intuitiva, expresión de nuestra libertad para caminar hacia el bien, hacia la liberación de lo que nos ata. Emerge la vida como en primavera, con fuerza, con el orden de una nueva creación, de un nuevo mundo hecho por los humanos, aceptado con agrado por el Creador, morada del espíritu de Dios entre nosotros.

 

Es inevitable, la fuerza del querer, del deseo de paz, de armonía, de conocer la verdad del destino humano…, todo ello no cabe en nuestro mundo interior y brota hacia el exterior, brotan anhelos fuertemente comprimidos durante excesivo tiempo…, para compartir, para crear un nuevo gran mundo formado por infinitos pequeños mundos; el mundo de todos, de cada uno… la ‘aldea global’, la ‘civilización del amor’.

 

La escena ha cambiado, solo se oyen cánticos de vida, porque otra vida ha dejado de latir. Han dejado morir en ellos aquello que estaba abocado a la muerte, que les ataba mientras tenia vida, limitando, incluso ahogando sus aspiraciones de eternidad con la muerte del espíritu para Dios.

 

La escena ha cambiado, el poema trágico se transforma en expresiva poesía, el edificio de la vida embellece, se engalana, aires nuevos se pasean por el gran teatro del mundo; retornan las representaciones despedidas con silencio, retornan transformados sus semblantes, retornan con rítmicas danzas, sin palabras, desprendidas de su viejo caparazón, como crisálidas, jóvenes ninfas en eclosión… El cántico es armónico…, nunca se ha escuchado tan bella melodía… El ser humano ha llegado a su madurez, palpa la belleza, la máxima expresión del arte de conformar nuestro mundo, palpa el infinito, palpa a Dios… tan cercano y entrañable… tan excelso e inabarcable…

 

 

Roberto Sola Castaño. Julio de 2009

   

Gran parte de las citas del Papa Benedicto XVI corresponden a la Carta Encíclica

‘Caritas in Veritate’.

Por el interés de este documento, incluyo sus conclusiones  finales:

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CONCLUSIÓN

 

78. Sin Dios el hombre no sabe donde ir ni tampoco logra entender quién es. Ante los grandes problemas del desarrollo de los pueblos, que nos impulsan casi al desasosiego y al abatimiento, viene en nuestro auxilio la palabra de Jesucristo, que nos hace saber: «Sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5). Y nos anima: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final del mundo» (Mt 28,20). Ante el ingente trabajo que queda por hacer, la fe en la presencia de Dios nos sostiene, junto con los que se unen en su nombre y trabajan por la justicia. Pablo VI nos ha recordado en la ‘Populorum progressio’ que el hombre no es capaz de gobernar por sí mismo su propio progreso, porque él solo no puede fundar un verdadero humanismo. Sólo si pensamos que se nos ha llamado individualmente y como comunidad a formar parte de la familia de Dios como hijos suyos, seremos capaces de forjar un pensamiento nuevo y sacar nuevas energías al servicio de un humanismo íntegro y verdadero. Por tanto, la fuerza más poderosa al servicio del desarrollo es un humanismo cristiano, que vivifique la caridad y que se deje guiar por la verdad, acogiendo una y otra como un don permanente de Dios. La disponibilidad para con Dios provoca la disponibilidad para con los hermanos y una vida entendida como una tarea solidaria y gozosa. Al contrario, la cerrazón ideológica a Dios y el indiferentismo ateo, que olvida al Creador y corre el peligro de olvidar también los valores humanos, se presentan hoy como uno de los mayores obstáculos para el desarrollo. El humanismo que excluye a Dios es un humanismo inhumano. Solamente un humanismo abierto al Absoluto nos puede guiar en la promoción y realización de formas de vida social y civil -en el ámbito de las estructuras, las instituciones, la cultura y el ethos-, protegiéndonos del riesgo de quedar apresados por las modas del momento. La conciencia del amor indestructible de Dios es la que nos sostiene en el duro y apasionante compromiso por la justicia, por el desarrollo de los pueblos, entre éxitos y fracasos, y en la tarea constante de dar un recto ordenamiento a las realidades humanas. El amor de Dios nos invita a salir de lo que es limitado y no definitivo, nos da valor para trabajar y seguir en busca del bien de todos, aun cuando no se realice inmediatamente, aun cuando lo que consigamos nosotros, las autoridades políticas y los agentes económicos, sea siempre menos de lo que anhelamos. Dios nos da la fuerza para luchar y sufrir por amor al bien común, porque Él es nuestro Todo, nuestra esperanza más grande

 

79. El desarrollo necesita cristianos con los brazos levantados hacia Dios en oración, cristianos conscientes de que el amor lleno de verdad, caritas in veritate, del que procede el auténtico desarrollo, no es el resultado de nuestro esfuerzo sino un don. Por ello, también en los momentos más difíciles y complejos, además de actuar con sensatez, hemos de volvernos ante todo a su amor. El desarrollo conlleva atención a la vida espiritual, tener en cuenta seriamente la experiencia de fe en Dios, de fraternidad espiritual en Cristo, de confianza en la Providencia y en la Misericordia divina, de amor y perdón, de renuncia a uno mismo, de acogida del prójimo, de justicia y de paz. Todo esto es indispensable para transformar los «corazones de piedra» en «corazones de carne» (Ez 36,26), y hacer así la vida terrena más «divina» y por tanto más digna del hombre. Todo esto es del hombre, porque el hombre es sujeto de su existencia; y a la vez es de Dios, porque Dios es el principio y el fin de todo lo que tiene valor y nos redime: «el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios» (1 Co 3,22-23). El anhelo del cristiano es que toda la familia humana pueda invocar a Dios como «Padre nuestro». Que junto al Hijo unigénito, todos los hombres puedan aprender a rezar al Padre y a suplicarle con las palabras que el mismo Jesús nos ha enseñado, que sepamos santificarlo viviendo según su voluntad, y tengamos también el pan necesario de cada día, comprensión y generosidad con los que nos ofenden, que no se nos someta excesivamente a las pruebas y se nos libre del mal (cf. Mt 6,9-13).

 

Al concluir el Año Paulino, me complace expresar este deseo con las mismas palabras del Apóstol en su carta a los Romanos: «Que vuestra caridad no sea una farsa: aborreced lo malo y apegaos a lo bueno. Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo» (12,9-10). Que la Virgen María, proclamada por Pablo VI Mater Ecclesiae y honrada por el pueblo cristiano como Speculum iustitiae y Regina pacis, nos proteja y nos obtenga por su intercesión celestial la fuerza, la esperanza y la alegría necesaria para continuar generosamente la tarea en favor del «desarrollo de todo el hombre y de todos los hombres.

 

   

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