381- EL SUFRIMIENTO DEL JUSTO

 

 

 

¿Por qué? Solo entrando en el fondo de la pregunta, comprenderemos la respuesta. El justo muere al pecado, por ser este la mayor injusticia del humano contra su Hacedor, y en ello encuentra el dolor, en la muerte de uno mismo al mal que lo quiere esclavizar.

 

No es fácil romper cadenas entretejidas como una gigantesca tela de araña. Las sufren el culpable y el inocente. Pero el justo es incómodo para el culpable felizmente encadenado, estorba, su actitud le pone en evidencia...

 

¡Dice que sufre viendo nuestros desmanes, nuestros endiosamientos, nuestras perversiones!,

¡Pervirtámosle a el también!,

¡Le liberaremos de su sufrimiento!...

 

El impío se burla del justo, pues no percibe el noble anhelo de su alma: buscar la verdad de nuestro existir... Su sensibilidad le lleva a descubrir la verdadera justicia divina, impresa en toda criatura, oculta en su ser... Y sufre con paciencia infinita la injusticia de este mundo que no reconoce su proceder, sumergida en lo temporal, en lo inmediato, en lo que palpa y no ve, en lo placentero y halagador, en ciencia que pretende conducir nuestra evolución hacia  una especie humana manipulada por intereses mezquinos, liberada de la tutela del Creador.

 

Convertidos en creadores irracionales, causantes del sufrimiento del justo, incapaces de dar contenido a sus vidas porque… conlleva compromiso, sufrimiento y dolor.

 

Y un corazón vacio y sin contenido, no tiene vida, sus palabras están huecas, ni sufre ni padece…, pero cuando lo llenamos de la Palabra que da vida, adquiere sensibilidad, goza, sufre, se llena de Dios, se sumerge en el mundo creado, maravilloso y... dramático por la obstinación humana en mantener un mundo de enloquecido mercantilismo:

 

"La gente que come, a pesar de no tener ni siquiera para comer, está viviendo claramente por encima de sus posibilidades” -Viñeta de Guillermo en el Mundo- ¿Habría que negarles el acceso a un comedor de Caritas?, esta gente sobra, ¡somos demasiados! aquí y, por supuesto, en el tercer mundo. Su penuria hace sentirnos culpables, estamos ‘descentrados en nuestro bienestar’.

 

Pero el dolor es purificador de tanta maldad y odio al Justo, que nos ha dado todo su poder y..., no merece este desprecio.