379- REDUCCIONISMO

 

 

 

Cuando intentamos comprender lo que no cabe en nuestra inteligencia, sin conseguirlo, solo nos queda la opción –que requiere una gran dosis de humildad- de introducirnos nosotros mismos en ello, en lo inefable y sublime. Aprenderemos a convivir con el misterio. De lo contrario, corremos el riesgo de ir reduciéndolo hasta que quepa en nuestra mente… y quedarnos tan tranquilos.

 

No debe la razón humana querer comprender lo infinito so pena de terminar devaluándolo y colocándolo a nuestro nivel de racionalidad.

 

Por contra, si nos sumimos en el misterio y lo asumimos como tal, llegaremos a formar parte de él y nos quedaremos maravillados de contemplar lo inmenso en nuestra poquedad, cuando esta queda envuelta por lo divino, que se vuelca en nosotros.

 

Así sucede al descubrir la persona humana de Jesús, Dios inmenso y absoluto como persona divina, todo Él en un pequeño trocito de pan que se nos da como alimento de nuestra alma.

 

La humanidad de Jesús es asombrosa, nos lo transmiten los evangelistas…, y nuestros artistas han esculpido su cuerpo, desvelando la fortaleza y belleza física plasmada en la Sábana Santa1 -inestimable regalo de Dios-. Hombre perfecto. ¡Un grandísimo profeta!, dicen los musulmanes, influenciado Mahoma por el arrianismo: Un hombre maravilloso, pero… solo hombre.

 

Dios encarnado, decimos los cristianos, confirmando el Espíritu Divino en el Concilio de Nicea (año 325) lo que ha creído la Iglesia desde un principio, sin reduccionismos, ‘aunque no quepa en nuestra formidable inteligencia humana’.

 

 

1 Esculturas de Juan Manuel Miñarro expuestas en Córdoba y Málaga, realizadas a partir de la Sábana Santa de Turín