377- PALABRAS ENGAÑOSAS

 

 

La arquitectura envuelve una íntima realidad humana, hasta cierto punto ayuda a conformarla. ¿Y las palabras? Al no ser tan estáticas como la arquitectura, su fuerza es mayor. Las palabras no solo pueden conformar una realidad, pueden activarla, llenarla de matices, darle sentido o incluso traicionarla.

 

De la misma manera que el lenguaje puede alterar la realidad, vestir de blanco lo que es negro, puede también descubrir el negro que está bajo el blanco, sacar la verdad a la luz para que todos la vean.

 

Cada palabra define o trata de definir la idea que nos hacemos de las cosas, tangibles o intangibles, se representan gráfica y espacialmente en nosotros con independencia de lo que esas cosas son en sí -propiedades que solo ellas poseen-.

 

No me interesa la flor en sí misma, sino lo que una flor me inspira y me sugiere al contemplarla y aspirar sus aromas…

 

No vino Dios al mundo a explicarnos el funcionamiento de la materia, sino a traernos la Palabra que define la verdad de nuestro existir, el Verbo…

 

Por eso Dios se instaló en nuestro corazón y no en nuestra mente.

 

Pues el corazón solo traiciona por debilidad de criatura imperfecta, sin embargo la mente traiciona por desidia encubierta con una hemorragia de palabras incontrolables… El corazón se abre a la verdad, sin embargo no sabemos qué cantidad de verdad puede soportar nuestra mente, pues ante su incapacidad ella misma se auto limita, encubre la verdad, prefiere no verla, la transforma y racionaliza a su gusto y…, se tranquiliza simplificando el misterio, incapaz de aceptarlo como tal.

 

La verborrea es utilizada como envoltorio de la realidad, aunque los hechos canten y la muestren con claridad. Es preciso estar liberado, abriendo el paraguas ante esa pertinaz lluvia de palabras que distorsionan el dialogo, pues no dejan lugar a lo más importante en todo dialogo: los silencios y las preguntas…

 

No cabe la reflexión ante el exceso de lenguaje sin significado, de palabrerío engañoso que aturde nuestros sentidos, incapaces de percibir la clara realidad que se nos presenta. Es una técnica muy antigua de encubrimiento y se está utilizando hoy día más que nunca con todos los ensordecedores medios de difusión de la palabra.

 

Jesús comprendía nuestra dificultad inmersos en un mundo escéptico y pendenciero: Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena” (Juan 16, 12)

 

Y esto quieren evitar los charlatanes embaucadores para así poder dirigirnos como a un rebaño… Evitan nuestros silencios reflexivos, nuestras preguntas en busca de luz, nuestro dialogo con la verdad, para conocerla y… poder reconocerla en nuestros congéneres…; evitan la empatía entre humanos, la comprensión entre distintas formas de vivir, de culturas, de creencias en lo trascendente, de pensamiento en lo terrenal.

 

No y no, no quieren. Por eso nos aturden con palabras engañosas.

 

El Espíritu ha hablado durante estos veinte siglos... ¡no les interesa!, pues derriba sus murallas y desaparecen con un simple soplo retornando a la nada.

 

Palabras encubridoras y mentiras tendenciosas encadenan la verdad, simple y llanamente porque cada vez es más evidente en la claridad y sencillez de lo inocente y puro, y ellos prefieren lo oscuro y corrupto por una misteriosa e inconfesable perversión que destruye toda bondad humana.