373- MORIR PARA SIEMPRE

 

 

 

Os aseguro: quien guarda mi palabra no sabrá lo que es morir para siempre”. (Juan 8,51)

 

Todos moriremos, pero... ¿para siempre?...

 

Este temor queda despejado cuando leemos que el Padre Dios,  todos los días miraba a lo lejos, oteaba el horizonte, con la esperanza de ver regresar a su hijo... Y sus hijos somos cada uno de nosotros, hijos pródigos, desnaturalizados, sin entrañas..., que hemos recibido gratuitamente una vida y la vivimos ignorando sus misterios.

 

Pero con un Padre así ¿quién muere para siempre?... solo el obcecado que no quiere volver al abrazo de Dios...,  para... morir a esta vida en su regazo, dejándonos transportar hacia lo infinito.

 

¿Quién no estima lo verdadero y eterno por encima de lo caduco y limitado? ¿Quién renuncia a volar teniendo alas para hacerlo? ¿Quién pone límites al amor sin límites? Él siempre nos espera, buscando una simple mirada…, nada más…, ni nada menos.