371- IGNORANTES Y SABIOS

 

 

 

Tanto los sabios como los ignorantes percibimos el mundo a través de nuestros sentidos, procesamos datos con nuestra inteligencia, recabamos información y, con la mente y el corazón, tomamos una decisión..., y otra, y otra. Estamos aprendiendo algo nuevo que formará parte de nuestro conocimiento.

 

Mas, el sabio no se conforma con conocer, utiliza el conocimiento para discernir, elegir buenas fuentes que den vida, que le acerquen a un conocimiento superior. No bebe en cloacas de muerte y falsedad, fruto de mentes ignorantes.

 

Para los ignorantes solo existe lo que ven con sus sentidos, se endiosan creando un mundo según les dictan sus inteligentes instintos. Se entusiasman con ello, pues deleita sus vanidades, su afán de poder y dominio sobre los demás.

 

Están convencidos que el conocimiento de algo superior a ellos es humillante para el humano, ya que el fuerte siempre aplasta al débil; es lo que practican, no conciben otra forma de actuar. Y por no querer admitirlo, desconocen algo que los cristianos sabemos: que la inmensidad de Dios no aplasta, nos abraza suavemente, porque nos ha deseado desde siempre, desde que concibió este mundo nuestro.

 

Sin embargo, el sabio busca la verdad en lo que ve y oye, reflexiona, y cuando descubre esa verdad, inmensa y sencilla, la hace vida propia.

 

Los ignorantes se hacen dios y, a la manera de Dios, sus palabras son creadoras de un lenguaje que no designa nuestra realidad, la que Dios ha querido para nosotros; producen una realidad que provoca la transformación social a su gusto, con el único fin de someternos.

 

Muy claramente nos dice Marguerite A. Peeters:

 

“La revolución del gender -género- es, ante todo, no una simple "teoría", sino un proceso de negación de todo lo que es real, verdadero y bueno para el hombre, y un compromiso personal y cultural dentro de esta negación… No nos encontramos de entrada en un “debate de ideas”, sino en una lucha entre la luz y la oscuridad, la vida y la muerte, el bien y el mal, el amor y el odio, la verdad y la mentira…”.

 

Se vive lo que se cree, pues de otro modo, no creeríamos en nuestra propia vida, ni en la vida misma, sería todo una gran falsedad. No podemos vivir en la oscuridad, la muerte, el mal, el odio y la mentira porque nadie cree en ello, ni el propio Satán.