307- UN ENCUENTRO PERSONAL CON JESÚS

 

 

Los cristianos guardamos en nuestro corazón vivos encuentros personales con Jesús, su rostro, su palabra, su ejemplo, intimando más y más en cada encuentro, en actitud de escuchar, de mirar, de llenarnos de su influjo, de vaciarnos de nosotros, de dejarnos sacar lo bueno y positivo que poseemos, porque... te habla a ti, te habla de ti...

 

Hace años noté su viva presencia en mí, con más fuerza, me sentía confortado ¿por qué?, acompañado, como llevado en volandas ¿por quien? No tenia dudas, era Jesús que bien me conoce. Yo rezaba, me dejaba llevar por una oración contemplativa... un día muy bonito... especial.

 

Fue un largo día de preparación para la dura prueba que esa tarde-noche me iba a enviar. Mis tres mejores amigos me estaban esperando, ¡que sorpresa!, uno era médico y con toda delicadeza me explicó los nefastos resultados de una prueba que le habían hecho a mi esposa, un cáncer muy extendido en el peor lugar... tres meses de vida..., 37 años y seis hijos pequeños...

 

No me había hundido, porque con serenidad le hice al doctor todas las preguntas posibles... ¿Ninguna esperanza? ¡No, Ninguna!... ¿Muchos dolores? ¡Haremos lo posible por que no tenga!... ¿Otra prueba alternativa? ¡No hace falta, está claro como la luz de día!...

 

Cuando me quedé a solas conmigo le llamé a Jesús, estaba a mi lado, callado, le di las gracias por haberme mantenido sereno y pedí que le diera fortaleza a mi esposa cuando se lo explicase. Decidí no hacerlo hasta la mañana del día siguiente.

 

No fue fácil arrancar, pero al poco me di cuenta que Jesús también la había preparado como a mí. Lo aceptó serena, algunas preguntas y abandono en la voluntad de Dios con un “si Dios me pide esto es que confía en mí y me dará fuerzas para llevarlo”.

 

Hasta su muerte -tres meses- ella tuvo muchos encuentros con Jesús, muy íntimos y personales, seguro que preparando el gran encuentro definitivo que se aproximaba. No he visto mayor felicidad en medio de tan fuertes dolores. Ha sido un don que se había ganado de Dios, una predilección divina por las personas que Él mas quiere.

 

Mi vida cambió desde entonces, comprendí muchas cosas que antes solo conocía desde la distancia, sin participar. Mis encuentros con Jesús comenzaron a ser más humanos, más cercanos, más íntimos..., de tú y yo.

 

 

Una vez es la primera

Las otras llegan después

Por no dejar escapar

A quien se dejó ver

 

Seducido el corazón

Ante un rostro de bondad

Que jamás el ojo vio

Ni humano imaginó

 

Ya nada anhela el alma

Que de esperanza vivió

Todo quedó transformado

En bondad, felicidad y amor