304- OBSTINADOS CABEZOTAS (2)

 

 

Dentro de este género encontramos a unos personajes siniestros que podríamos designar como ‘manipuladores de personas’

 

Es una actitud inhumana que rechina a cualquier sensibilidad. Se confunde –casi siempre intencionadamente- con la educación, el orden y la disciplina que debe haber en toda familia o empresa social... Pretenden prolongar esos procesos hasta el infinito, cuando los niños ya no son niños, cuando solo necesitan ‘buenos consejos’ y ‘una mano’ en momentos oportunos.

 

La manipulación de personas es egoísta, va dirigida al bien de uno mismo, a nuestra comodidad; pretende controlar, someter, atemorizar, haciendo ver que somos su único apoyo, que sin nosotros nada puede hacer en la vida. Para eso utiliza armas despreciables: control absoluto de sus movimientos, ¡llámame en cuanto llegues!, ¡llámame si tienes alguna duda!, ¡mantenme informado!..., ¡haz esto!, ¡haz lo otro!, ¡cuidado con este, no es bueno para ti!, ¡olvídate de tu padre, es malo!..., ¡te conviene esto otro!..., son ordenes e instrucciones que anulan la libre voluntad de decidir, creando personas dependiente e indefensas para la vida por indecisas.

 

Manejan lo afectivo: “si en realidad me quieres –nos quieres, se dice en plural cuando forman un clan los que así actúan-, ya sabes que tienes que hacer, si haces esto otro, olvídate de mi, de nosotros”. Utilizan el ‘chantaje sentimental’.

 

Claramente hay una mezcla interesada de elementos educativos de adolescentes, de niños y personas que aun dependen de sus padres; pero empleados con personas mayores son, simplemente, la más cruel de las manipulaciones mentales y psicológicas. Someten su libertad a paranoias ajenas, no hay una relación humana libre, positiva y estimulante para ambos.

 

Generalmente son personas que odian porque han amado, llegan a odiar mucho porque han estado muy enamoradas. Transmiten ese odio a otros y transforman el querer de su voluntad libre por un contagioso deseo, a veces intolerante y violento. Destrozan matrimonios, destrozan amistades, destruyen la libertad personal de elegir y decidir.

 

Quien así actúa, solo tiene dos motivos, o está psicológicamente enferma o quien está enferma es la persona que requiere ese exceso de protección y cuidados impropios de esa edad.

 

A muchos nos toca sufrir este tipo de manipulación, y lo que es peor, ver sufrir a otros, sin posibilidad de remediarlo. Son estados de ofuscamiento frecuentes en divorcios, viudedades y rupturas de todo tipo; no se superan y crean mucho dolor a inocentes que sufren situaciones muy injustas en lo afectivo.

 

Ellos no sufren, no sienten, no padecen este tipo de dolor intenso, porque son insensibles, para lo bueno y para lo malo; porque creen tener emociones, creen saber de afectos, pero no saben qué es, ni lo uno ni lo otro. No saben que si alguna vez han amado de verdad, ese amor no pasa nunca, aunque no sea correspondido, pues el verdadero amor se forja y crece en el sufrimiento, y siempre crece, nunca acaba. Otra cosa, no es amor, aunque le llamen así.

 

Solo saben de sus ruines locuras, de sus frustraciones, y las transmiten convencidos del bien que hacen a las personas por ellos manipuladas. Pero... ¿al final de nuestros días nos encontrará Jesús obrando en verdad y en justicia o simplemente haciendo la puñeta a otros?