301- EL MUNDO QUE VIENE

 

 

Me importan en primer lugar los que están a mi lado, y también los que están a 5.000 Km. de distancia. A los primeros puedo atenderles con mis propias manos, a los demás a través de mi Dios que a todo llega, no me faltarán noticias de como les va. El mundo es nuestra patria, las injusticias, el sufrimiento, la falta de libertad, nos afecta por igual aquí y allí.

 

Hoy somos una aldea global, y esto no era así, es de ahora. Como muestra, un botón: mi bisabuelo:

 

Hace casi 100 años, mi bisabuelo decidió ‘hacer las Américas’, y salió una primavera con sus baúles a lomos de mulas desde Cangas de Onís, río abajo hacia Ribadesella; todos sus enseres iban consigo, dejaba aquí una desconsolada familia que no veía otro horizonte a su maltrecha economía. Cuatro días vadeando el río hasta llegar al puerto. Allí estaba, un magnífico velero que pronto saldría rumbo a Cuba. La esperanza de todos los suyos.

 

Se hospedó en una fonda aguardando que estuvieran listos la tripulación y el pasaje; la espera se hizo eterna y cuando todo estaba a punto para izar velas, unos vientos contrarios impidieron la salida. No llegaban vientos favorables y se estaba adentrando el otoño..., hubo que posponer la partida hasta la próxima primavera. Imposible invernar con los suyos en el pueblo -perdón, ciudad de Cangas de Onís- dejando todos sus enseres embarcados. Por fin en primavera zarparon para una travesía de no menos de 45 días.

 

Contado así, parece una auténtica aventura, pero nuestros abuelos saben de aventuras como esa. Hoy, el recorrido se hace en 15 minutos, y el vuelo a Cuba con todo el equipaje, en 10 horas.

 

¿Que ha cambiado? Mucho. Hoy nos conocemos todos. Pillo un resfriado en Madrid y estornudo en Chile, el mundo se empequeñece a pasos agigantados –o se agranda, según se mire-, cada vez tenemos más vecinos, más conocidos, mas personas a quien ayudar, con quien convivir. Nuestros intereses se han extendido a todos: todos deseamos paz, bienestar, justicia, igualdad, respeto..., nuestras culturas se funden entre si, nuestras creencias conviven. Nuestro profundo sentir humano se globaliza...

 

Pero ¿qué está pasando?

 

Quizás la cercanía despierta diferencias que parecían ocultas: queremos ser más que el vecino, protegernos de él. Ya no podemos vivir en el anonimato, por eso nuestras virtudes trascienden a los demás y nuestros vicios también, las diferencias se hacen patentes, para lo bueno y para lo malo.

 

Donde hay más ricos-ricos, hay más pobres-pobres, el deterioro moral trasciende a lo público, se propaga y difunde, pretende legitimarse; las virtudes públicas son oscurecidas por la corrupción: la honradez, la verdad como base de nuestras relaciones, la solidaridad y ayuda desinteresada al débil... Por eso los cuantiosos gastos que exigen los vicios privados y públicos nos hacen más pobres a todos. Esta es la gran mancha de aceite seboso que se extiende por el mundo y no frena: la corrupción. Y un cuerpo corrupto es un cuerpo muerto.  

 

El que cae en el vicio y no se levanta es un fracasado, ha perdido la esperanza en una nueva oportunidad para vivir un mundo mejor que... gracias a Dios existe, aquí... Solo es preciso aprender a florecer donde estamos plantados, como otros muchos, pues... la floración es contagiosa, se extiende por todo el mundo anunciando la primavera de la materia y el espíritu.

 

El silencio vuelve a suplantar al ruido, la conversación a los gritos, el fino polvo de cemento solidifica y une lo disperso, los mensajes perdidos son recuperados, las contiendas se trocan en armonía ¿Acaso no perseguimos todos el mismo objetivo?, ¿es necesaria la competencia que genera derrotados cuando hemos aprendido a competir noblemente?

 

El mundo que viene necesita madurar sin caerse del árbol, necesita sentar las bases de una convivencia inteligente antes de ser esclavizados por poderes excluyentes y pervertidos, necesita la fuerza de la ética y la moral, necesita a Dios como guía y compañero en nuestro camino hacia la justicia, la paz y el amor.