| 202 - las dificultades hacen crecer. | ||
La falta de problemas, de situaciones difíciles, de sufrimiento... no es sinónimo de crecimiento personal armónico. Podemos engordar por fuera debido a la relajación, pero interiormente necesitamos la lucha de cada día por dominar nuestras tendencias al desorden, a la horizontalidad mental y para evitar ser succionados por el activismo irreflexivo, triturador del pensamiento humano.
De todas formas no vienen mal unos momentos de descanso, pero sin bajar la guardia, porque ni en esos momentos nos libramos del bombardeo continuo de ofertas de felicidad, disfrute y placer -por un módico precio-.
Hay muchos motivos para estar en guardia:
¿Que estamos apáticos y no nos sale nada bien?, son momentos de buscar en lo profundo, algo encontraremos, algo que quizás no vemos en momentos más inspirados, porque otras muchas cosas nos ocupan y lo ocultan.
¿Que salta un conflicto y no podemos quitarlo de la cabeza? Si tiene solución a por ella; si no depende de nosotros, pastillas de ‘amiplines’ y que no falte nuestra ayuda para resolverlo.
¿Que nos deprime la malicia humana ‘supurando’ en casi todas las noticias que vemos, escuchamos o leemos? La corrupción abunda, las malas intenciones y la falsedad también, ¿quien dice que "to er mundo e güeno"?, el mal tiene sus seguidores, y sus inspiradores, los cristianos los conocemos y sabemos como hacerles frente: Jesús nos pone los medios, la Iglesia los custodia y nos los facilita en cualquier lugar y circunstancia.
No hay tarea imposible en esta vida, solo hace falta fe y voluntad. La falta de voluntad convierte todo en montañas inaccesibles, pero ‘solo están en nuestra mente’. La realidad es que ‘las dificultades nos ayudan a crecer’ hacia el Espíritu de Dios.
¿No hace daño a los oídos escuchar en boca de políticos que rigen nuestro presente "¡¡¡antes lo han hecho ellos!!!", refiriéndose a prácticas corruptas y vergonzantes, que sonrojan al mismo Dios? Defraudan la bondad creadora y mantienen al maligno en su feudo. Perderán su poca esperanza presente en un mundo futuro más justo, puesto que se han convertido en sembradores de injusticia y esa será su cosecha.
No debemos perder la paciencia ante las dificultades, recogeremos la cosecha en la otra vida y si somos dignos será inimaginable, “el amor no será ambicioso ni egoísta, sino puro, fiel y sinceramente libre, abierto a los otros, respetuoso de su dignidad, un amor que promueva su bien e irradiara gozo y belleza” (Benedicto XVI). Aquí solo podemos anticipar un poco de esta felicidad, si somos de espíritu fuerte y justo, de fe inquebrantable y voluntad de lucha contra el mal que nos rodea, entonces disfrutaremos esa felicidad aquí y completa y para siempre allí. Después de esta vida terrenal Dios no será un extraño para nosotros, ni lo seremos nosotros para Él |