247- COMO ESCAPAR DE ESTA SELVA

 

1- Los dominios de la irracionalidad.

 

Cuanto más conozco el interesante mundo animal, mas reconozco en él a mis congéneres. Para muchos de ellos ha sido un garrafal error histórico el hecho de que un Ente Superior haya introducido modificaciones en el ser humano. Nos ha desviado de la ruta: vivir según nuestros instintos, perfeccionar nuestra genética, evolucionando en aquello que nos fuerza una naturaleza cambiante, adaptándonos a sus vaivenes.

 

Ser el líder, guardián y protector de la manada, utilizando para ello la fuerza bruta, una pizca de inteligencia y cuantas artimañas sean precisas para debilitar o eliminar al contrario. ¿En que se diferencia este comportamiento de la actitud de muchos humanos?

 

La responsabilidad que conlleva haber recibido del Creador el don de entendimiento y una superior inteligencia, no es asumida por muchos. Pasan de obrar por instinto de conservación propia y de su especie, a obrar por instinto de autocomplacencia y autosuficiencia, paternalista con los sometidos, eliminando a quien estorba.

 

Un animal puede llegar a provocar el aborto del feto que lleva dentro, si advierte que no va a haber suficiente alimento para su supervivencia. Un humano puede provocar el aborto sin motivo, o por considerar a su propio hijo un estorbo para su bienestar material y psíquico. Un animal mata casi siempre por necesidad, el humano mata casi siempre por placer.

 

Como he dicho, reconozco a mis congéneres en el mundo animal, pero ojala sea solo así. Que uno renuncie a ser humano para vivir como… un ciervo, con su manada, en los bosques que la naturaleza nos da, hasta cierto punto no repugna, es una opción libre. Pero por desgracia no se queda en eso, uno renuncia a lo ético, noble y moral que conlleva el uso de nuestra inteligencia y nuestra voluntad de bien.

 

Con esa carencia, con ese dejar de lado todo humanismo, se comporta instintivamente para lograr la supremacía sobre otros, el poder, lo que da ese poder: el dinero; y se comporta para conseguir tales fines con la única guía del lucro propio, en nombre de grupos o entidades que utiliza para su provecho.

 

En definitiva, muchos prefieren nacer esclavos, programados sus instintos como tienen los animales, a nacer libres, necesitados de un espíritu –o llámese como se quiera-, dinamizador de nuestra vida. Pero con sus capacidades intelectuales manipulan la realidad, acomodándola a sus mermados y retorcidos instintos, renunciando a reflexionar sobre la verdad, o, dicho de otra forma, no permitiendo que la verdad se refleje en ellos.

 

 

2- Reconocer los tiempos.

 

El Creador se la ha jugado, muchos le han fallado, ya contaba con ello, pero por un puñado de personas de corazón recto merecía la pena correr el riesgo.

 

Los cristianos sufrimos con dolor estas tendencias del mundo occidental, sufrimos el abismo que se crea entre una persona de fe y el nuevo paganismo, escéptico, relativista de toda ética, libertino y obseso del poder y dominio sobre los demás, sin excluir al contrario, mas bien, adoctrinándolo so pena de perecer ahogado en su irrespirable ambiente.

 

El cristianismo, base de nuestra civilización, está siendo expurgado por ella misma, que prefiere pan y circo, prefiere vivir sin trabas… ¡disfrutar, que son dos días!, prefiere regresar a las épocas felices de la irracionalidad animal, pero sin renunciar a los adelantos tecnológicos y científicos que algodonan nuestra civilizada existencia.

 

Los cristianos sufrimos esta sinrazón, vemos transformados esos caprichos en ‘norma’, escrita y rubricada, avalada por una mayoría manipulada, engañada con gratuidades que no existen, promesas imposibles de cumplir… Pero no es eso lo que nos preocupa:

 

Nos preocupan los lamentos de Jesús sobre Jerusalén, llorando su destrucción por no haber querido reconocer los tiempos mesiánicos; lamentos de dolor por la ceguera de muchos ante una verdad clara como la luz del sol, lamento de madre, padre, amigo, hermano que ve como son despreciadas sus palabras, tergiversada su verdad… porque han optado por el subjetivismo relativista que está fuera de la realidad del mundo.

 

 

3- Un nuevo espíritu.

 

Esa realidad es que existe pobreza, sufrimiento, hambre…, y uno considera que no es feliz mientras no logre eliminar estas… lacras. Pero ¡algo de esto nos toca! y… ¡algo nos dice!; algo en nosotros se despierta y desvanece nuestro mundo de justificaciones: el espíritu de las bienaventuranzas.

 

No hay nada más ‘real’, no hay nada más ‘carnal’ que lo que el autor de lo espiritual y lo carnal nos presenta como nuestra única y auténtica realidad: el espíritu de las bienaventuranzas. En nuestra sociedad occidental hemos magnificado lo ‘subjetivo’ olvidándonos de la ‘realidad’, pero todo queda desenmascarado y nos coloca a la altura de los demás, nuestros hermanos.

 

Porque las bienaventuranzas están en lo mas profundo del ser humano, suscitan lo mejor de nuestros corazones… ¿quién no ha experimentado la hermandad que se crea en tiempos difíciles?, ¿quién no ha experimentado la riqueza de compartir lo que se tiene?

 

 

4- Bienaventurado el rico….

 

Cuando la riqueza se entiende como acumulación de bienes, en realidad el rico es pobre, se encuentra solo, inseguro… ¿y si pierdo mis bienes, quien me socorre?; no se da cuenta que quien comparte nunca carece de nada, tiene la vida asegurada, y sin embargo la codicia nunca asegura la vida.

 

Los bienes son necesarios –comer, vestir, habitar, convivir, amar y ser amado, tener salud…-, dan vida, porque si no se tienen o escasean se nos va la vida; pero acumularlos para uno mismo es injusto, y nos engañamos, pues dan vida solo cuando se comparten. Aseguramos nuestra vida cuando damos y recibimos, no cuando acumulamos solo para nosotros.

 

Todo cuanto acumulamos se merma, se oxida, se deprecia, pero cuando lo compartimos se capitaliza. Esa es nuestra seguridad, la que muchos buscan obsesivamente y no encuentran.

 

 

5- Realidad humana.

 

Rotundo, Jesús ha dado la vuelta a la tortilla encarnándose en lo mas vivo de nuestra humana realidad, entre la gente llana, la que camina en paz con el mundo que le rodea, porque valora el existir en su justa medida: valora el desprendimiento de lo material, la no violencia, la paz, la fortaleza en la aceptación del dolor, valora la justicia, la verdad, el amor que todo lo transforma, la pureza de intención, el corazón limpio, valora la reciedumbre cuando el mundo no entiende esta verdad, y se burlan, y persiguen y maltratan al justo…

 

Cuando el ser humano encarna el espíritu de las bienaventuranzas, se hace eterno, porque es penetrado por el ser de Dios, y Dios es eterno. Este es el espíritu de Jesús, el que quiere imbuir en nosotros, los humanos, desde siempre…, y nos busca para sacarnos de nuestras cortas miras, de nuestra irracionalidad, de la ley de la selva…, para darnos eternidad.