242- EXPRESIVO SILENCIO

 

Silencio, algo se escucha, algo nos quiere decir, silencio… es el silencio.

 

No oigo nada pero habla, expresivo en si mismo, locuaz como nadie…, ni mil palabras…; quiere ser veraz, sin mezclar ideas verdaderas con falsas, sabias con banas, auténticas con interesadas, sinceras con torticeras… El silencio no quiere dejar lugar al engaño, solo busca la pureza de nuestro corazón donde habita lo auténtico, salvo que en él se haya infiltrado lo vulgar, falto de autenticidad.

 

El silencio, en cuanto ausencia de palabras, se escucha libre de ropaje y adornos que envuelven y ahogan. Y se escucha en su suavidad como un claro susurro, diáfano, transparente, sin segundas intenciones…, habla la naturaleza corpórea, habla su espíritu, habla el Espíritu de Dios… no necesitan palabras para darse en torrente de inspiración, clara, diáfana, luminosa, llena de esperanza.

 

En el silencio nos invade el misterio divino, nos llena de sus dones y en nuestra felicidad no existen palabras, no son el lenguaje adecuado, está en una dimensión no traducible a dígitos. Muchas veces pretendemos traducir lo inexpresable…, su forma de expresión es otra.

 

Es transeúnte pasajero, sutil y escurridizo. Las palabras lo excluyen, no pueden estar en un mismo lugar, pues le quitan su propia expresividad, su propia abstracción, su propio juego. En ello está la dificultad de profundizar en el mundo del silencio, mundo espiritual, inmenso, mundo de lo abstracto y a la vez de lo concreto, mundo de las ideas y del verdadero arte que emana de las profundidades de nuestro ser.

 

En el silencio habita la fantasía de los niños, motor del impulso creador de un Dios misterioso, simple, todo bondad. Solo las palabras se hacen compatibles cuando resuenan con pausada armonía, brotando de lo más íntimo, sonidos cadenciales que se funden con el misterio de nuestra alma espiritual… infinita.