| 241- NO SOY MÍO |
He vuelto a poner las manos sobre el arado, con más fuerza, sin volver la vista atrás. Tere miró al frente y siguió la llamada de Dios sin titubeos. Yo sigo mi camino, con Carmen, mirando adelante, sin ataduras, sin nada que me frene.
Una nueva vida solo tiene un sentido: la mayor unión con Dios, sin pensar en mi mismo, solo en el bien de los que tengo al lado, de los míos, aunque estén lejos, pensando en ayudarles y alegrarme con ello; lo que yo importe o deje de importar para ellos está en segundo lugar, no debe alterarme y mucho menos alterarles a ellos. La vida sigue para todos y estamos unidos en la fe de que las cosas suceden para bien, según Dios lo dispone en aras a nuestra felicidad.
¿El resultado final? Pronto lo veremos, no merece la pena impacientarse ni pensar que lo que tenemos aquí es para siempre, basta que dure suficiente para hacer bien nuestra labor y merecer por ello.
No soy mío, soy de Dios, y no puedo hipotecar con desvaríos algo que no es mío, que solo a Él pertenece. Sin embargo Dios es nuestro, de cada uno, somos sus hijos únicos y hacemos lo que queremos con Él y lo suyo. Pero… no hagamos tonterías, porque puede llegar un día que se canse de nosotros… No profundizamos en su Amor, y nos quedamos en la superficie donde hay oleaje y tormentas, ignorando que el fondo siempre está tranquilo…
Y damos tumbos por caminos equivocados, y en cada curva nos salimos al barranco; malheridos volvemos al camino, hasta la siguiente curva…, y volvemos otra vez a un camino que nos lleva a la perdición. Todo es error, obstinación, desatino. Qué difícil es salir de estas situaciones. Quiera Dios que no nos encontremos en ninguna de ellas, y de ser así, calma, recuperar la capacidad de reflexión y enreciar nuestra voluntad de salir de esa angustiosa espiral.
Yo sigo mi ruta, procuro implicarme en ella, aunque duelan prendas, no simplemente colaborando cuando me apetece... porque… en un plato de huevos con jamón ¿colaboran de la misma manera el cerdo y la gallina? No, la gallina simplemente colabora, el cerdo se implica. Está claro, o uno se implica hasta el cuello o, pasando de puntillas sobre los conflictos, no solucionaremos ninguno; pensamos que si, pero es que no, si no nos sumergimos en el oleaje, no encontraremos la paz, y con paz todo se puede solucionar.
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