240- EN EL BIEN HABITA LA VERDAD

 

Existe una verdad absoluta que da razón de nuestra existencia. En esta verdad habita el bien. El mal no está en ella, aparece sustituyendo al bien cuando escasea y desaparece cuando el bien abunda. Pero el mal, una vez que toma cuerpo, se degrada hasta su autodestrucción y la nuestra; no ocurre lo mismo con el bien, que siempre es.

 

Por eso interesa no cejar en la lucha contra el mal antes de ser destruidos por él, y con mayor motivo sabiendo los cristianos que el mal ha sido definitivamente vencido en la Cruz por Cristo Jesús.

 

Por otro lado, es justo lo adecuado a esa verdad única que sustenta nuestro vivir, pues la parte se adecua al todo buscando el bien; de otro modo entraría en escena el mal, corruptible, injusto por esencia, inadecuado a la verdad.

 

El justo practica el arte de vivir: arte de bien hacer, bien amar, bien morir...

 

Puede pensar el lector que me meto en caminos filosóficos y teológicos sin saber. No intento dogmatizar en esos terrenos dada mi ignorancia, pero anoto lo que considero cierto por provenir de personas doctas, dóciles al Espíritu de Dios que guía a su Iglesia.

 

En un difícil momento de la vida, una persona podría sentir que ‘el dolor propio es insoportable y el ajeno es exagerado’, no es ley general, es apreciación subjetiva y egoísta, no se adecua a la bondad humana que emana de un espíritu imagen de Dios.

 

Lo adecuado a verdad forma parte de un todo que es el bien, la justicia; y solo sabemos qué es lo justo cuando escuchamos a Dios, cuando vivimos en el espíritu de oración, de dialogo con Dios, con su lenguaje que es el nuestro…, muy variado y expresivo…, como el de los enamorados…, todo habla y con todo hablan; cuando el corazón hierve en deseos de expresarse, exclama ¡dime algo!… ¡cuantas cosas y de cuantas maneras nos dice Dios en esos momentos de tierna intimidad!