236- ¿ESTAMOS DESADAPTADOS?

 

Uno con los años se va desadaptando de los tiempos que corren, es decir, los tiempos corren más deprisa que uno y, lógicamente, si no sabemos administrarnos, aparecen los tan temidos problemas psicológicos ¿Qué hay que administrar? Yo diría que la fatiga de los años, nuestra energía, nuestra salud, la forma de resolver conflictos con nuevos ingredientes de difícil condimentación, la intolerancia con nuestra fe... ¿Cómo? Con imaginación, creatividad, talento, ingenio, optimismo y una fuerte dosis de motivación. Todo unido a una fe bien arraigada  nos convierte en... "Superman".

 

Bien claro está que distamos mucho de ser así, por desgracia carecemos de casi todo lo que he dicho, y nuestra fe en Dios es muy tambaleante... somos capaces de tragarnos las mayores barbaridades por... miedo, cuando sabemos que la verdad es otra. Somos capaces de pensar que el mundo ha cambiado, cuando los que hemos cambiado somos nosotros, los humanos, ¿para mejor?... en tecnología hemos avanzado, en lo demás, depende. ¿De que pende? De tener humildad para aceptar que no somos el ombligo del universo, que existe el misterio -inabarcable para los humanos-, alguien que vela por nosotros, por nuestra salud física y espiritual, por nuestro bien.

 

Pende de reconocer la verdadera dignidad del ser humano, don inmerecido, creado libre para amar, para decidir su destino como parte de un todo cósmico, en armonía con él según las leyes que lo han formado.

 

Nadie puede manipular esta realidad, atribuyéndose la verdad en base al consenso de muchos. A falta de otra autoridad el consenso sería válido para decidir lo que mas nos conviene, es básico en una democracia, es necesario para administrar este mundo que no ha surgido casualmente y de manera gratuita nos ha sido donado. Nadie puede atribuirse la verdad sobre la vida, solo el Ser hacedor de cuanto existe, que se ha quedado con nosotros, aquí, no se ha marchado, no se ha olvidado de nosotros… “ahí os las den… arreglaos como podáis… olvidaos de mi…”. No…, y nos da todos los días múltiples pruebas de ello.

 

Porque… cuando los discípulos de Juan le preguntaban a Jesús “¿Eres tu el que ha de venir, o hemos de esperar a otro? Jesús les respondió: id y anunciad a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan sanos y los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia el evangelio. Y bienaventurado aquel que no se escandalice de mi” (Mat. 11,3-6).

 

Recobran la vista los corazones y mentes ciegas, oyen los que buscan palabras de vida, se curan los que quieren ser curados de sus dolencias de cuerpo y espíritu… El influjo divino es como paternal lluvia de bondad que a todos llega.

 

Hoy día, esta lluvia benefactora se ha extendido hasta el último rincón del mundo: sigue saliendo el sol todos los días, Dios expresa su providencia a través de su Iglesia y de todos los hombres y mujeres de buen corazón, permite desaciertos, calamidades, sufrimientos…, como buen educador y padre no es ‘sobreproteccionista’. Acudimos a Él y siempre nos acoge y perdona. Hace felices a los humildes, a los que nada tienen y nada necesitan porque le llevan en su corazón, le poseen; convierte las almas y las llena de sus dones: bondad, generosidad, amor, ternura…, esperanza de una vida sin fin, porque solo el cuerpo muere por un tiempo, pero el alma con todas nuestras potencias vuela hacia su nueva morada… Dios, infinito en todo, es así.

 

Por eso, no estamos desadaptados, estamos excesivamente bombardeados por quienes quieren imponer sus leyes humanas contrarias a las divinas, y quieren que mayoritariamente se les de la razón…, quizás lo logren de puro cansancio. Por eso, aunque no seamos ‘Superman’ estamos forzados a serlo para no convertirnos en sus marionetas.

 

No estamos desadaptados, simplemente sufre nuestra dignidad, la que hemos recibido de lo alto como herederos de un Padre maravilloso, muy superior a la que nos quieren dar los que prometen igualdad para todos y bienestar fisiológico, olvidando el bienestar espiritual, excluido de la ‘sociedad del bienestar’ a la que tendemos: dignidad de personas con todos los derechos y obligaciones ciudadanas, consensuados en una sociedad democrática.  De una u otra forma quieren garantizar nuestra supervivencia de manera civilizada, pero...

 

Sufre nuestra dignidad porque la que nos ofrecen está rebajada a mínimos, y nos la quieren imponer con la promesa de que en democracia todo es mejorable. Pero si el ser humano es dueño absoluto de este mundo seguiremos siempre con nuestras disputas interminables, porque no reconocen que nuestra dignidad es muy superior: somos Hijos de Dios.

 

Y Dios es un misterio, pero nos da pruebas continuas de que está aquí, a nuestro lado, en cada uno de nosotros, y si estamos ciegos nos hace ver, si buscamos palabras de vida las encontramos, si estamos muertos nos vuelve a dar la vida, otra vez, las veces que haga falta.

 

Pensemos en ello, abramos nuestra mente y nuestro corazón. Yo nunca he cruzado el Atlántico pero se que existe América, tengo suficientes pruebas, visuales, testimoniales, físicas, culturales, intelectuales. Mis sentidos, todos ellos, me lo dicen; mi intelecto también, mi corazón y lo más íntimo de mi alma lo creen, aceptan y asumen.

 

El mismo proceso he empleado con Dios, basado en sus mismas palabras, las de Jesús, en la historia de la Iglesia, que somos todos los que en ella vivimos, en este mundo o en el otro; pruebas sensoriales, intelectuales…, mi corazón, mi alma, lo aceptan y asumen con la misma fuerza. Pero así como con el continente americano no dialogo –lo hago con sus gentes-, con Dios sí, y lo siento dentro y fuera de mí. Es más viva su realidad, sus efectos en mí, en mi entorno, en la sociedad entera.

 

No estamos desadaptados, simplemente necesitamos llegar a un acuerdo de respeto a las ideas, en libertad, en pluralidad, en convivencia pacífica, valorando lo positivo de cada creencia en aras al bien de todos.