| 232- VIVIR PARA TRIUNFAR |
El triunfo, el éxito como objetivo en la vida de la sociedad occidental, heredera de la cultura romana, choca frontalmente con la doctrina de Jesús en el ‘sermón de la montaña’. Son caminos opuestos y antagónicos, por eso el mundo materialista plantea una guerra cada vez mas sutil y virulenta al mensaje de Jesús.
En la época del Imperio, los arcos de triunfo celebraban sus éxitos, querían hacer eterno su poder esculpido en piedras para que duren siglos y siglos, decoradas con relieves que cantan sus glorias...
Vencer o morir, triunfar o fracasar. Los arcos de triunfo de los perdedores no existen, el perdedor está muerto, o se convierte en esclavo sin derecho a vivir.
Podemos pensar que hoy día, en una sociedad democrática y civilizada como la que tenemos, esto es una exageración. Sin embargo, en muchos ambientes, es una realidad.
En ese mundo escéptico no entienden que se declaren bienaventurados a los perseguidos por la justicia... ¡si ellos son la justicia!, ¿como van a consentir semejante planteamiento?
Por el orden y la justicia se masacraron a los cristianos bajo el yugo del Imperio, y mas civilizadamente se suprime hoy día esta ‘forma trasnochada de pensar’. Se la declara antisocial y limitadora de libertades… Se vapulea a la Iglesia por los cuatro costados porque pone claridad donde hay confusión y manipulación.
Matan al mensajero cuando el mensaje no es de su agrado. No pueden eliminar al Autor del mensaje y arremeten contra el mensajero que trae ideas diferentes a las del poder impuesto por ellos… ¡Hay que callarle!, no dejarle pregonar su mensaje, encarcelarlo porque altera el orden establecido y… ¡no es de los nuestros!
Esa es la actitud de los ofuscados e intransigentes. Pero nunca podrán acabar con las ideas aunque acaben con su portador. Las ideas perdurarán y ellos morirán sin saborear el dulce néctar que nos trae el mensaje.
No han querido escucharlo y otros recibirán con gozo la gran noticia, y recibirán el don de Dios, habitarán para siempre una nueva morada que sacia sin saciar todos los anhelos del corazón humano.
Ellos, los violentos, tapan sus oídos…, “ya han recibido su paga”, ellos mismos se la han procurado con sus mezquindades, sus placeres egoístas y sus ansias de éxito mundano…
Desconocen los caminos divinos de la tierra…
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