229- JESÚS SE HACE EL ENCONTRADIZO

 

Uno se puede pasar la vida buscando razones convincentes y definitivas para creer en Dios, queremos llegar a Dios por nuestros propios medios, con nuestros conocimientos, de una forma racional y concluyente.

 

Muchas buenas personas han fracasado en este empeño.

 

Bajemos a la realidad y como dice Benedicto XVI en la encíclica ‘Spe Salvi’, mejor si nos dejamos "alcanzar por Él", como los discípulos de Emaus: no le buscaban pero Jesús vino a su encuentro. Quiere nuestra compañía y solo espera que le abramos la puerta de nuestra intimidad para formar parte de nosotros, de nuestro batallar diario. Aunque no le hagamos mucho caso, apenas un par de saludos cada día y alguno mas los domingos..., con eso se conforma, pero, espera que nosotros no nos conformemos con tan poca cosa y le tengamos más en cuenta.

 

Jesús espera nuestra oración, en nuestro lenguaje, Él los entiende todos, el corporal, el lenguaje intelectual, el visual, el afectivo, el de la voluntad... Él nos transmite su ser utilizando todos ellos. Nos habla continuamente..., su expresividad es tremenda… ¡que estimulante es un rato de oración con Jesús sin mediar palabras!

 

Escúchale... con el corazón, cierra tus ojos de la carne, pasea tu mente por los sucesos que te han ocurrido en este día y piensa ¡en cuantos ha intervenido Jesús!, en nosotros y fuera de nosotros.

 

Piensa como sería el día si todo lo decidiéramos nosotros, a nuestra conveniencia, con nuestro poder sobre las cosas...,

 

sin Él,

  ausente por completo,

    los sagrarios vacíos,

      sin los influjos del bien en nuestros corazones...,

 

        nadie vela por nosotros,

          la racionalidad-irracionalidad y los instintos nos dominan,

            el subjetivismo,

              el relativismo...;

 

                nuestra soledad es terrible,

                  nos quedamos sin referencias,

                    sin apoyos,

                      sin brújula en medio de un mar amenazante.

 

Un día sin el influjo divino seria campo abonado para el mal, camparía a sus anchas y los señores de lo oscuro aprovecharían vivamente ese momento.

 

Por eso Dios sale a nuestro encuentro y como Buen Padre extiende su don sobre toda la humanidad, porque... ¿subsistiría una planta sin la lluvia, un pez sin el agua?, ¿subsistiríamos en una atmosfera sin oxigeno?

 

Aunque no le busquemos Él esta ahí, a nuestro lado, manteniéndonos en la vida, y... haciéndose el encontradizo.