| 227- VOLVER A NACER |
Los psicólogos hablan del trauma que sufre un niño cuando nace, cuando abandona el cómodo y seguro útero materno y nace a lo desconocido. Es un paso más en la vida que hemos recibido.
También es conocido el síndrome de Peter Pan, no tiene edad, ocurre a los niños y menos niños: A Peter, feliz en el mundo de ‘nunca jamás’, le llega la hora de volver, sus padres están a punto de llegar a casa y no les van a encontrar dormidos en sus camas. Peter se resiste porque “en mi casa voy a seguir creciendo".
Es preciso crecer, para ello hace falta volver a nacer muchas veces en nuestra vida, salir de la comodidad anterior y abrirse a la nueva etapa que Dios nos pone delante. Es preciso un nuevo renacimiento cuando el anterior ya está cumplido y... no puede limitarnos, ni atarnos, ni mucho menos inutilizarnos.
No querer pasar a la siguiente etapa una vez cumplida la anterior es quedar anclado, parado en el camino, llegar mal y nunca a nuestro objetivo existencial. Aunque no sepamos ‘qué pintamos aquí’, Dios si lo sabe y cumple su palabra de habernos creado libres para elegir nuestro destino a la felicidad en su morada eterna.
‘Volver a nacer en el agua y el espíritu’, nacer al espíritu en el agua del bautismo, tantas veces como haga falta, un nuevo impulso a nuestra vida hacia Dios, un pasar página hacia la siguiente etapa, sin olvidar la anterior pero sin que nos limite en la nueva que con ilusión y esperanza comenzamos. El bautismo nos ha abierto las puertas para llegar a poseer el Espíritu de Dios y... esa es nuestra meta.
Para ello es necesario andar muchos caminos, siendo conscientes que sin entrenamiento previo no podemos caminar por los más difíciles, sin calentamiento previo no podemos hacer el siguiente tramo… Sin oración constante, diaria, el Señor y cada uno de nosotros, a solas, no podemos avanzar hacia el conocimiento de Dios, no podemos acercarnos a Él si no sabemos donde está, si no hemos cruzado una mirada, una conversación de tu a tu, una... primera intimidad... "¿donde vives, Señor?... ven y lo veras...".
Cuantas veces vemos con claridad el camino, todo el camino, hasta el final aun lejano -nunca se sabe-, vemos ese final, atrayente, que nos llena de esperanza... De pronto se echa la niebla y desaparece, solo vemos cuatro palmos. Nos perdemos, desesperamos… Pero se va la niebla, volvemos a ver nuestra senda y ¡sorpresa!... aparece ante nuestros ojos otra senda, diferente a la que habíamos visto con anterioridad…
¿Dios ha cambiado nuestro destino? Eso pensamos pero no es así, nuestra visión de futuro ha dado un giro, la visión anterior no era nuestra senda, es esta, y el final es el mismo. Esto nos tranquiliza, es el nacimiento de una nueva senda en nosotros que nos lleva al sitio deseado, un nuevo renacer originado por el propio devenir de la vida.
Podemos planificar perfectamente nuestro recorrido pero Dios muchas veces nos limpia los ojos y vemos con más claridad un camino que no es el que habíamos elegido, pero es mejor, y si somos inteligentes lo seguiremos sin dudar, por muy duro que se presente, por muy difícil y doloroso.
Una enfermedad o una dura prueba que sobreviene nos hacen madurar esa decisión, nos hacen renacer de nuevo a una senda diferente, sin desesperar, asumiendo las dificultades sin frenar el paso. Un golpe de fortuna ¿para bien?, nunca se sabe, la diosa fortuna es caprichosa y fugaz, pero si ponemos empeño y confianza en Dios lograremos que todo sea para bien.
Un cambio profundo en la voluntad de querer dar un giro a nuestra vida, desterrar vicios que dañan el alma, con el mismo esfuerzo que ponemos cuando es la propia naturaleza quien nos cierra un camino, convencidos de que siempre nos abre otro… porque detrás de todo está un Ser superior que nos cuida como Buen Padre.
Cuantas veces hemos experimentado el gozo de renacer a Dios limpiando a fondo nuestra alma en el sacramento de la confesión, poniendo sobre la mesa las verdaderas intenciones de nuestras buenas y malas acciones, y ante ese panorama un buen sacerdote en nombre de Jesucristo dice "yo te perdono..." De la mesa desaparece lo negativo, para siempre, solo queda nuestro yo esculpido a imagen de la bondad de Dios
Siempre tenemos la posibilidad de un nuevo renacer, de un nuevo ‘paso adelante’ si no estamos contentos con lo que ‘llevamos entre manos’ porque… podemos, incluso debemos mejorarlo y mucho, no sea que se nos pase el momento y llegue el otoño donde ya nada madura.
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