| 221 - LA BUENA MUERTE |
Es muy edificante y llena de esperanza vivir de cerca la muerte de una persona buena, santa. Parece como si Dios hubiese tomado posesión de ella antes de decirnos el ‘hasta pronto’ definitivo.
Parece ver el cielo con claridad, incapaz de expresarlo con palabras -no existen las palabras- pero sí con una sonrisa, una paz y una felicidad de todo punto contagiosas e inexplicables.
Parece que experimenta ya la acción del Espíritu de Dios en toda su profundidad y que gozosamente se ha abandonado en sus brazos ‘para siempre’. Aun en medio de fuertes dolores incontrolables, la paz, la serenidad..., no se pierden porque se espera al amado, y el amor todo lo invade, todo lo cauteriza, llega, nos posee, todo cambia..., nada cambia. Somos lo que hemos hecho de nosotros, y seguiremos siendo lo que somos.
Dios nos reviste de perfección, de incorrupción, en lo que nosotros hemos querido, deseado, en el amor perfecto. Todo esto es vivido por estas personas 'aquí', antes de dar el paso 'allí', por eso la expresión de sus ojos se transforma, su semblante también, por eso ¡no se quieren curar!
Por eso, cuando se nos van, dejan un suave perfume en el ambiente, una paz misteriosa en medio del dolor de la perdida -que es ganancia- y nos hace exclamar ¡que lección nos dan!, ¡que lecciones da la vida! porque sabemos que ‘el libro de la vida’ es con mucha diferencia el mejor libro jamás escrito.
Gracias José Antonio por tu maestría. El 9-3-2009 has dado un paso importante en pos de la felicidad sin fin. |