217 - nadie es perfecto

 

Que nadie se crea perfecto, pues solo uno es perfecto, Dios, y habiéndonos creado con todos los dones de la perfección, elegimos la imperfección, alteramos las leyes naturales y de esta forma sobrevino a la humanidad la muerte terrenal.

 

Dios solo creó perfecta a su madre la Virgen María, pero no la eximió del sufrimiento ni del dolor. El mismo Dios, Jesucristo, también se adentró en el sufrimiento y el dolor para ser hombre en todo como nosotros.

 

Las imperfecciones nos hacen más humanos, porque nuestra soberbia nos haría inhumanos si fuéramos perfectos. Solo la Virgen María poseía el don de la humildad en grado tal que enamoró al mismo Creador: todos sus actos son agradables a Dios. No así nuestros actos, faltos de humildad, rebosantes de autosuficiencia cuando en realidad ni siquiera dominamos nuestros instintos primarios.

 

Por eso hemos caído tan bajo, damos nuestro beneplácito a conductas impropias de seres inteligentes, relativizando lo demás, hasta lo mas sagrado. Ese es el mundo al que nuestro orgullo nos ha llevado. No consentimos que nadie lo altere y estamos en permanente contienda unos con otros, sin que nuestro progreso social logre disminuir los conflictos.

 

Somos irracionales e inhumanos cuando nos creemos los mejores, nos creemos perfectos. Humillamos al que ponga en duda nuestras decisiones, ni siquiera somos educados con el...

 

La soberbia es ridícula, la verdad está en la humildad que nos hace conscientes de la realidad de las cosas, de nuestras meteduras de pata y de la necesidad de reconocer nuestra deuda con Dios. El engreimiento fatuo de seres intransigentes con todo aquello que no comparten, les lleva al desprecio de ideas, personas, instituciones, costumbres, creencias... en fin, todo lo que pone en evidencia su vida aburguesada y estéril, cuando no fanática y violenta.

 

Miramos demasiado nuestro ombligo y nos metemos en un embudo que solo apunta en una única dirección cada vez más estrecha y excluyente...

 

Para qué seguir. Los verdaderos triunfadores son gente de corazón amplio, que dan amor porque necesitan amor, dan ternura porque la necesitan... necesitan para dar, sin quedarse con nada, porque su felicidad está ahí, en no tener nada pues han dado todo.

 

Los humildes, los pobres, los excluidos de este mundo porque no siguen sus caminos..., no tienen nada, solo a Dios que les da todo. Lo demás sobra, nos ata a nuestras nimiedades malsanas y corruptas, nos llena de trastos inútiles que solo estorban porque para nada sirven. Ahí está nuestra perfección, en la humildad de sentirnos ‘nada’ porque Dios es 'todo', y nuestra ‘nada’, vacía, se llena a rebosar porque Dios lo da ‘todo’.

 

“Sed perfectos como nuestro Padre...”, nos enseña Jesús con su ejemplo y su doctrina el camino de la perfección, camino de humildad, del desapego, de no ser ‘nada’ porque Dios y nuestros hermanos los hombres y mujeres nos dan ‘todo’.