| 210 - MI ALEGRÍA | ||
Mi alegría no está en mí (mi bienestar, mi satisfacción...), está en la esperanza del Reino de Dios prometida por Jesús, está en mi fe en esa promesa de vida eterna en el Cielo: “En la casa de mi Padre hay muchas moradas. De lo contrario ¿os hubiera dicho que voy a prepararos un lugar? Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. (Jn 14, 2-3)
Mi alegría es completa cuando trato de corresponder al gran Amor de Dios (la alegría de los enamorados) y siento que su Reino está en mi, porque le he aceptado en mi corazón. Desde ese momento Dios reina en mí, para siempre, pues... su Reino que no tiene fin.
Mi alegría no está en mí, no depende de mis reacciones a las contrariedades y sufrimientos que Dios me envía, reacciones a veces impulsivas. Está, mas bien, en ver en estas aparentes contradicciones, caricias de Dios Padre que... me cuida, porque corrige los desvaríos de sus hijos, y aunque sean dolorosas, no dejan de ser auténticas predilecciones de un Buen Padre que quiere nuestro bien y nos cuida y educa con ternura, y... con alguna que otra reprimenda.
Mi alegría viene de sentirme feliz con un Padre como el mío, y tuyo, y de todos y cada uno, aunque nos haga sufrir, ‘quien te quiere te hará sufrir’, ‘quien mucho te quiere mucho te hará sufrir’. Pienso en los sufrimientos de Jesús... ¡por ser un buen Hijo!
¿Que no entiendo muchas cosas malas, horribles, que ocurren? ¿Como un Padre así puede permitirlas? Unas las envía por nuestro bien, otras son fruto del mal y muchas veces los inocentes sufren las maldades de otros, actos que Dios permite respetando nuestra equivocada elección de seguir esa senda malvada. Lo importante es que Dios está pendiente de todo cuanto ocurre y nada irreparable nos puede suceder si no somos obstinados.
Mi alegría no está en mi mismo, en ver satisfechas todas las aspiraciones terrenales de riqueza, poder, éxito, placeres y un sin fin de veleidades efímeras y pasajeras, porque:
¡Que alegría cuando gozamos con lo poco que tenemos!
¡Que tristes cuando mucho deseamos... porque nunca llegamos a poseerlo... porque nunca estaremos satisfechos!
Mi alegría viene de la aceptación del designio de Dios sobre mí, aunque tenga que caminar por sendas muy difíciles. La Cruz, gran misterio para el hombre, es el trono de mi alegría, porque Dios transforma el dolor en gozo, la pena en júbilo, la muerte en resurrección. Aunque no parezca, lo que Dios nos envía siempre es mejor que nuestro mejor deseo, que nuestro mejor y fantástico sueño.
Mi mayor alegría es llegar a ver su rostro sonriente al final de mis días aquí y lo deseo para cada uno de vosotros. Esta es mi alegría, sin quejas, sin mirar para atrás, sin despistarme por el camino, aceptando todas las penas, dolores e incomprensiones que puedan venir como cosa salida de sus manos. Feliz porque sé que mi Padre me quiere así, que Él no me va a dejar nunca..., y si me vuelvo triste es porque soy yo quien me estoy alejando de Él. | ||