209 - UN CORAZÓN TRAIDOR
 

Nuestro maravilloso corazón, ese ente invisible que llevamos dentro y llamamos corazón, que tantas alegrías nos da y... tantos disgustos, porque tiene el don de enamorarse con facilidad e indiscriminadamente de cualquier cosa. Ese maravilloso corazoncito, ¡a veces me saca de mil casillas!

 

Me enreda el día cuando menos lo necesito, y ¡monto en cólera!... lo arrancaría de mis entrañas estrujándolo fuertemente entre las manos hasta exprimir todo su jugo, luego lo trituraría, lo arrojaría al interior de un cofre con 12 cerrojos y tiraría las llaves al fondo de 12 mares ...

 

¡Nuestro pobre corazón!, merece todo eso y más, pienso yo. Es un traidor incorregible...

 

¡Pero si el corazón esta hecho para amar!... Si, es un encanto, mi corazón está pirriado por los ojos de corderita de mi esposa, siente ternura por mis hijos, se ablanda con los que me necesitan, es compasivo, me hace mas humano...

 

Efectivamente, no le quito sus valiosos méritos, pero por otro lado es como un "blandiblú", se pega a todo y se le pegan todas las cosas, se ensucia con ellas y no hay quien lo limpie, es torpe como un pato. Gelatinoso, caprichoso, le resbala la sobriedad y corre tras cualquier cosa que emita llamativos destellos. Le gustan los cantos de sirenas y... recibe por todos los lados... sopapos, claro.

 

Puede que él no tenga toda la culpa, quizás no le he educado bien... Quizás he estado muy a gusto con todos los afectos que iba creado en mi, y ahora me quejo ¡Se ha pasado!, pienso yo, o, me he pasado yo con él permitiéndole demasiadas locuras.

 

Lo cierto es que en este momento merece estar bajo 12 candados, me tiene hasta las narices: que si me cae muy simpática la chica de la tele, ¡pobre ella!, la ha dejado su novio, y lo dice toda llorosa (cobrará lo suyo por salir, y doble por las lagrimas); que este vinillo gran reserva, ¡pobre tu!, ¡no sufras!, ¡da lo mismo!, el coche no termina de gustarme, deberíamos..., esos amigos  ‘s-o-n-u-n-o-s-p-e-s-a-d-o-s’, mi ‘secre’ está muy bien... para qué seguir, si le dejo no pararía de argumentar.

 

El corazón es mi gran aliado pero si lo dejo suelto me traiciona, y no en cosas menudas, los líos pueden ser monstruosos. Insisto, mejor con 12 candados.

 

Con tanto apego se olvida de la máxima del amor: hacer el bien sirviendo a los demás, por Dios, siendo el último. Por eso...

 

¡¡¡ lo pondré de felpudo para que los demás pisen blando y se restrieguen en el !!!

 

...así aprenderá algo del verdadero amor, porque de lo contrario no hago carrera con este precioso corazoncito que como me descuide un instante vuelve a hacer una de las suyas, ¡me la vuelve a liar!

 

Tendré un poco de paciencia y le enseñaré que cuando un corazón tan valioso se empequeñece con esos apegos, se hace ruin, avaro, malicioso... De otra forma, si domina los afectos se ensancha su capacidad de amar a los demás, aprende a darse y quizás descubra que... ¡ahí está la felicidad!

 

No se si me entenderá, pero insistiré con paciencia, con tesón, aunque tenga que hacer violencia, le dolerá a el y también a mi, porque, aunque le odie somos amigos inseparables, no podemos vivir separados, estamos juntos queramos o no queramos.

 

Sé que por el bien de los dos, trae cuenta que mi corazón vaya unido a mi inteligencia. Desbarraría cualquiera de los dos sin el otro. La voluntad de querer el bien iría muy bien servida con esta entrañable pareja de locos si se volvieran más cuerdos.

 

Entonces, siendo sensatos ‘ambos dos’, el corazón transformaría la inteligencia racional en inteligencia emocional, mas inteligente por cuanto la pura inteligencia tratando de ser justa, a veces es muy injusta. El mundo ganaría en humanismo, que tanto necesita. Nosotros, cada uno, seríamos ‘mas persona’, ‘mejor persona’.