189 - LOS DRAMAS ECONOMICISTAS

Los creyentes vivimos la libertad y seguridad que nos da nuestra fe, por eso luchamos contra las simulaciones cobardes, contra las actitudes camaleónicas que nos hacen indecisos, nos hacen perder el rumbo.

 

Cuando así actuamos, queda en evidencia la desnudez de un sistema economicista que da el caramelo del bienestar material y lo quita sin previo aviso. Quita el caramelo a quien lo necesita y a quien no lo necesita, caiga quien caiga ¡todos sin caramelo!: inversores acomodados y familias que a duras penas sobreviven. Estándares para todos, que cortan las piernas al enfermo para que quepa en una cama ‘estándar’, que crucifican para escarnio publico al ladrón y asesino, incluso al que no roba porque nos ha dado todo y al que no quita la vida porque es dador de vida.

 

Por eso, porque manipulan la globalización a su antojo y nos desvalijan con engaño para solucionar problemas generados por su fanática codicia financiera, los cristianos debemos salir del armario y dar la cara sin complejos. Mostraremos un mundo más real, más humano, más acorde con las intenciones de quien lo ha creado, solidario con los más desvalidos, con los marginados, implacable para los que especulan con bienes de primera necesidad.

 

Hoy día muchas actitudes son vergonzantes, sobretodo cuando los ‘sabios’ que dominan nuestro destino terrenal se quedan con el ‘culo al aire’ -sin perdón- y, nos encontramos haciendo reverencias a quienes nos esclavizan con sus egoístas maquinaciones fruto de una ambición desmedida.

 

La codicia todo lo llena, el hombre se ha convertido en devorador de hombres, en tiburón para sí mismo, solo vale lo que vale el vil metal que es capaz de generar: quiebras fraudulentas, márgenes abusivos, gobiernos corruptos, monopolios, mafias, amiguismos, agresividad profesional en vez de la profesión como servicio… Vender, consumir, derrochar, dinero, dinero…

 

‘Yo he enriquecido a mucha gente’, me dice para justificar que no solo se ha enriquecido el, y yo le respondo: pero... ¿a cuentos has  empobrecido? Te enriqueces, enriqueces a otros, y después te envuelves en una coraza proteccionista vigilando día y noche las brechas que se abren en su costra. ¿Eso predicas? ¿Eso vas a dejar a los tuyos? ¿Eso dejas a la posteridad? ¿Con eso te vas a presentar ante Dios? 

 

El mundo no sobrevive sin Dios, Dios sobrevive sin el mundo, más aun, lo ha dejado en nuestras manos para que lo mejoremos, nos ha dado la inteligencia necesaria para ello. Respeta nuestras decisiones libres aunque sean para nuestra propia aniquilación, porque ¿estamos usando éticamente esos dones recibidos, de manera solidaria e inteligente o nos estamos comportando como viles animales carroñeros?

 

Ante este panorama autodestructivo, frente a esta caricatura de sociedad polarizada y ofuscada, ¿somos capaces de permanecer callados, impasibles? Tenemos el tesoro de la fe y hacemos el ridículo vendiéndonos a la mezquina maquinaria de fabricar dinero... ganancias, beneficios, cuentas de resultados, para sus bolsillos, porque a los demás solo calderilla y poca.

 

No es este el mundo que queremos, el del acaparamiento de los bienes que la naturaleza nos brinda por unos pocos para especular egoístamente con ellos, no, todo lo contrario, queremos el bien común, el bien de cada uno, la justicia en igualdad de oportunidades. Los cristianos tenemos el deber de buscar la verdadera sociedad que emana de la fraternidad, la solidaridad y el amor, con nuestra vida y nuestra actitud decidida. Solo así será posible desbancar el mal que nos consume, pues solo el amor nos salva, pero no el amor al dinero, al éxito, al placer..., que pasa en el mismo momento que nos abandonan.

 

El verdadero amor viene de Dios y lo abarca todo y a todos, no tiene límites y nunca pasa. El amor es la verdadera esencia de nuestro ser, no es el tener, el poseer bienes, el poder… Son dos verbos que no se pueden conjugar a la vez: ser y tener. ¿Es necesario tener para ser alguien? Jesús no tenía ni donde recostar su cabeza y era Dios...

 

Por esto, está equivocado quien dice: ‘Necesitamos algo para ser alguien’ porque cuando se refiere a ese ‘algo’ está diciendo ‘el dinero que todo lo consigue, el poder que satisface nuestro orgullo, el placer que da rienda suelta a nuestros instintos animales’. Está equivocado. El dinero, el poder y el placer como necesidad, como servicio y como expresión de amor, controlados por nuestras potencias superiores y no por nuestros instintos básicos, eso sí es ético, lo otro es un juego dramático.

 

Los bienes son importantes -no imprescindibles- para la subsistencia del ser, cuerpo y espíritu, a fin de poder crear nuestra propia historia, la de nuestro mundo, historia que se va haciendo con lágrimas, por lo que puede ser y no es, por el amor desparramado y no recogido, más bien, pisoteado, olvidado y despreciado… porque nuestro corazón se pega al vil metal.

 

Los dramas económicos se quedan en eso, en dramas, crispación, histeria, crisis existencial para los codiciosos y sufrimiento para todos. Pero Dios es justo y dará a cada uno lo que de verdad anhela en su corazón, cadenas de oro que engrilletan la libertad o amor que a todos abarca sin límites ni ataduras. El apego a los bienes de este mundo es incompatible con el desprendimiento que proviene del amor a nuestros semejantes y que llega a la donación de uno mismo cuando caminamos de la mano de Dios.

 

Porque… la historia también se hace con cánticos de agradecimiento, de alegría porque existimos, éramos nada y ahora somos... poca cosa pero somos algo, y seremos dioses, por la misericordia del Dios que nos ama desde siempre con amor de Padre y Madre. Este es el destino de los elegidos, y deseamos con toda el alma estar entre las vírgenes doncellas que, pacientemente, desprendidas de toda codicia perseveran en el amor y entran en el gozo de su amado.