...desconocen el amor, solo se aman a si mismos, y este es el mal que siembran en nuestro mundo: ‘el ser humano se desentiende del ser humano’

152 - ORGULLO RIDÍCULO E INTRANSIGENTE
 

La intransigencia humana en asuntos opinables es muy ciega, la mayor de las veces obstinada, normalmente poco reflexiva, siempre es poco inteligente, y en muchas ocasiones no damos la talla como seres humanos evolucionados.

 

Hay personas que tienen una visión monocromática, todo lo ven de ese color, y con el tiempo llegan a creer que todo es del mismo color, no existen otros colores. Si otra persona tiene una visión de color diferente y llega a la misma convicción, el entendimiento entre ambos, aun en asuntos nimios, es imposible.

 

Nuestro filtro mental no admite nada que no pase por él, nada que no interese a nuestra conveniencia, nada que no esté de acuerdo con nuestro parecer, con nuestra comodidad, con nuestro capricho. Es mas cómodo cerrarse en banda ante las ideas de otros que escuchar, razonar, reconocer opiniones y corregir la nuestra si es preciso, pues, este planteamiento choca con la egolatría en la que muchas personas están montadas, con la idea del éxito de profesional inflexible, que considera un fracaso, una humillación ceder a las razones del contrario, o admitir una equivocación o corrección en sus magistrales disertaciones.

 

La cerrazón de mente nos lleva a un mundo rocoso, de posiciones rígidas, de autómatas y robots, mundo injusto e inhumano, nos lleva a la tiranía.

 

Estos personajes, por desgracia abundantes y no exentos de ciertos traumas, complejos o deficiente educación, pululan a nuestro lado, en nuestra comunidad de vecinos, en nuestro mundo profesional, en nuestra sociedad mas cercana, cuando no nos toca en nuestra propia familia, o… nosotros mismos… si nos examinamos con humildad… Nadie se libra de la tentación de ser más que los demás, de dominar el cotarro caiga quien caiga. Nadie está exento de... carecer de agallas para corregir el propio rumbo en pro de un mundo más humano, más acorde a su destino eterno.

 

Esta gente endiosada -Dios quiera que no nos encontremos entre ellos- y sin corazón, causan un gran trastorno a la sociedad, por esencia tendente a la paz y la concordia, a la ayuda mutua, al bien común. Degradan estos nobles sentimientos con sus insidias y sinrazones, ahogan la bondad y la transforman en resentimiento, matan la confianza sembrando desconfianza, no creen en la igual dignidad de todo ser humano, siembran discordia porque con ello suben sus ganancias, se alían con el poder del mal oponiéndose a todo intento de construir algo bueno para todos, a no ser que... esa idea haya salido de su ‘privilegiado cerebro’, habrá sido un desliz, pero saben transformarlo en éxito propio y ya se las arreglarán para que solo ellos salgan beneficiados, no esa ‘chusma despreciable’ que somos los demás.

 

No mueven un dedo si no es en beneficio propio, no les importa que sea beneficioso para otros. Justifican sus actos pensando que todos actúan en propio provecho, con malas artes -como ellos-, pero ¡yo soy más listo y no me dejaré pisar!

 

Jesús les llamó hipócritas, guías ciegos, sepulcros blanqueados, por dentro podridos aunque luzcan largas vestimentas, “…no escaparéis del fuego del infierno que nunca se extingue…”

 

Conflictivos, discutidores y enrevesados por sistema, intransigentes con lo opinable. Se oponen a la verdad porque les molesta Dios, y nos llaman ‘fanáticos’ a los creyentes porque…,  no podemos transigir con los que mantienen que Dios no existe solo por el hecho de que no le ven; nosotros -pido perdón si les ofendo- sí le vemos, y podemos dar testimonio de Él, le vemos tal y como Él quiere que le veamos, del color con que se muestra, que quizás no sea el color que ellos ven, por eso no le ven, o no le ven porque no quieren verle, miran para otra parte, pues… alteraría su inmovilismo, su estatus en este mundo, su posición radical contra casi todo.

 

Desconocen el amor, solo se aman a si mismos, y este es el mal que siembran en nuestro mundo: ‘el ser humano se desentiende del ser humano’ y… siempre habrá sufrimiento, soledad, hambre física y espiritual…, miseria humana a la que un estado no puede dar respuesta. Solo las personas que aman, de corazón tierno y sensible a las necesidades de sus semejantes, solo estas personas salvarán al mundo del mal que nos carcome y se extiende más y más: la intransigencia, el fanatismo, la inflexibilidad, el empecinamiento, la obstinación, la intolerancia, la terquedad…, en definitiva, la soberbia ridícula.