...el demonio difícilmente me tienta en cosas grandes, muy desesperado tiene que estar conmigo para hacer tal cosa, me tienta en esas ‘pequeñeces’ que desprecio por ‘poca cosa’ y no les doy importancia... Pero de cosas pequeñas se hace una montaña que me impide ser eficaz para Dios.

147 - O NOS DESPRENDEMOS DE NUESTRAS MISERIAS, O NOS AHOGAMOS EN ELLAS
 

Este mundo está acelerado, es muy exigente y complejo, tiene prisa por llegar a… no se sabe donde, pretendemos resolver las cosas ‘ya’, ‘ahora’…, pero… yo al menos procuro serenarme y no perder la paz. Si los asuntos terrenales son difíciles, los pongo en manos de Jesús, libero mi mente, me limito a rezar y esperar instrucciones, ya me dirá en qué momento tengo que actuar. De esta forma estaré más centrado en lo que tengo entre manos y no me disperso ocupado en asuntos… imposibles, a veces fruto de mi despendolada imaginación.

El control de la imaginación exige esfuerzo y resolución, es impulsiva, entra a destiempo, crea aprensiones y ve lo que no hay donde no hay. Es una virtud esencial para avanzar en la intimidad con Jesús: controlar esos desordenes que todo lo limitan y dificultan. Quiero desprenderme de estas ataduras de la mente, de los afectos pasados, y limitar los afectos presentes y futuros, así estaré libre para caminar sin lastre con paso firme.

El dominio de mi mismo pasa por controlar estas ‘menudencias’ que la imaginación agranda, incordian en todo momento y me apartan de lo que verdaderamente interesa. Son tentaciones y el demonio difícilmente me tienta en cosas grandes, muy desesperado tiene que estar conmigo para hacer tal cosa, me tienta en esas ‘pequeñeces’ que desprecio por ‘poca cosa’ y no les doy importancia... Pero de cosas pequeñas se hace una montaña que me impide ser eficaz para Dios. No quiero que mi vida sea inútil estando este mundo nuestro tan necesitado de… testimonios de fe, de amor y comprensión, de confianza en Dios, que devuelvan la esperanza perdida… a tantos…

Tengo que convencerme… también de sutilezas se hace una ‘gran obra’. Dios se apoya en los pequeños detalles que tenemos con él diariamente, en esas pequeñas renuncias, en ese poner buena cara, acabar bien algo que estamos haciendo, esa pequeña ayuda, esa limosna, esa palabra de animo... ¿quedaría tiempo para mis ‘menudencias’? ¡No!

Esto es la guerra contra nosotros mismos, porque en esta lucha somos tentados ahí precisamente: Pasamos de largo con indiferencia ante una persona necesitada y no nos duele, no le damos una pequeña ayuda, al menos un saludo, una sonrisa, pensamos ‘ya le darán de comer las instituciones, que para eso pagamos impuestos’. Seguro, más que eso necesita nuestra comprensión y ayuda. Las pequeñas renuncias al capricho, la comodidad, la pereza, se nos vuelven grandes tragedias; nuestros propósitos se desinflan en pocos días, y… para qué seguir.

Salimos de nosotros mismos y entramos en otra vida, pero vuelven los fantasmas de nuestras debilidades que ‘nunca vamos a erradicar’. Dios nos quiere así, plantando cara a un mundo que le ignora, luchadores, aunque caigamos una y mil veces, Él está con nosotros y nos levantará otras tantas veces. Dios no elige instrumentos poderosos, elige instrumentos débiles, y nos hace fuertes si confiamos plenamente en Él, si le entregamos nuestra ‘poca cosa’ para que vierta todo su poder en nosotros.

No nos ahogaremos en nuestras miserias, saldremos de ellas, subiremos, volaremos, buscaremos a Dios, ¡lo encontraremos!, le pediremos perdón por nuestras calamitosas dudas, nos alistaremos en sus ejércitos y… a luchar. No tendremos grandes batallas, serán pequeñas escaramuzas, todos los días, en nuestro ambiente, nuestro trabajo… sabiendo que Él está a nuestro lado y nunca nos dejará.

Pero… estoy inquieto, no me sosiego, me falta la paz interior, la paz que tenía Jesús en medio de tantas tribulaciones, odios, sufrimientos incomprensiones y traiciones. Tenía paz en medio de tanto desamor, y yo, que siento el aprecio de todos los que me rodean, estoy inquieto. ¿Será mi conformismo?, ¿mi falta de compromiso serio con lo que creo, aunque duela? Es bonito tener grandes ideales, y ponerlos en práctica en nuestro ambiente, pero… tengo que sentir ese peso, como Jesús lo sentía, dar más de mí, en esas pequeñeces diarias que ‘cuestan’ porque… ‘todos los días lo mismo, las mismas batallitas’… Ahí se nota nuestra unión con Jesús, saliendo de las pequeñas miserias personales para ser Él mismo, dándonos de verdad, día a día, escuchándole en lo profundo de nuestro ser.