146 - CARICIAS DE DOLOR Y TERNURA   

Hoy me ha venido otro soplo de aire cortante, afilado como una daga, ¡otra vez!, yo creía superada esta... debilidad. También ha rebrotado, al menos en mi imaginación, como un temblor profundo, ya calmado hace tiempo -eso pienso- que me hizo estremecer. Hoy, también he tenido contradicciones, enredos humanos... nunca acaban.

 

El día ha dado mucho de si, abundante en caricias de Dios, unas dolorosas pero otras tiernas, y estas últimas lo compensan todo.

 

"El dolor es la sal de nuestra vida" he escuchado, y pienso: ¿que sería de mí si un día Dios me tratase con blandura, todo sobre ruedas, la mar en calma, Satán dormido...? Empezaría a temblar, algo no iría bien, la vida fácil no es para los que seguimos a Jesús.

 

Es humanamente comprensible nuestra tendencia a hacernos la vida llevadera, pero no debemos rechazar la sal que sazona y... escuece. Sí, escuece y nos hace reaccionar ante nuestra tendencia a la horizontalidad. Debo aceptar que el día a día de un discípulo de Jesús esté lleno de pequeñas renuncias a mí mismo, a mi comodidad, a mi capricho... como el mismo Jesús enseñó y la Iglesia nos recuerda.

 

Unas renuncias vienen, se afrontan con aplomo, y buscamos otras porque necesitamos domar nuestro desbocado galope. Toda empresa merecedora de estima comporta esfuerzo y si nos empeñamos en evitarlo nunca echará a caminar, es un contrasentido aspirar a una noble meta y darnos por vencidos antes de la salida.

 

Nuestro destino en la vida es llegar al Amor con una hermosa rosa en el corazón, asida fuertemente aunque se nos claven las espinas. ¡Que importan los sufrimientos si al final... el gozo, la felicidad para siempre, las tiernas caricias del Amor! Por eso, no quiero quejarme. Hoy no me quejo, mañana... intentaré de nuevo no quejarme.