| 98 - DEJARME EXPRIMIR | ||
|
| |
A lo largo de la jornada ocurren en mi vida innumerables sucesos de los cuales muchos no son como yo quiero, todos son como Dios quiere o permite. Dios es mi valedor, acepto los aconteceres como vienen y yo pongo todo mi empeño en responder como Él espera de mí, aunque en muchas ocasiones me equivoque. Para amar es necesario comprender y compartir. Yo a Dios a veces no le comprendo pero acepto con todo mi corazón los avatares de la vida porque sé que vienen de su providencia sobre los hombres. Comprender a mis hermanos y compartir lo mío con ellos, sí está a mi alcance, y lo hago por Jesús, porque “todo lo que hiciereis a uno de estos, mis pequeños hermanos, con migo lo hacéis”, en ellos está mi Dios y comparto todo lo mío con Él porque es suyo: gratis me lo ha dado, gratis lo he puesto en sus manos. Este es el camino, servir a mis hermanos con lo mejor de mí mismo, y esta es la entrega que Dios me pide, no otra. Estaría equivocado si pensara en otros planteamientos, si pensara en mí. Dejarme exprimir, como la uva, que se pisa en el lagar para que salga de ella el mejor jugo y obtener el mejor vino. ¿Que pasaría con la uva si no se pisara?: que se quedaría con su preciado jugo y poco a poco se iría evaporando, secando, marchitando, no serviría para nada ni para nadie, se perdería. Dios no quiere eso de mi, quiere que me exprima en servicio a los demás, en mi familia, en mi trabajo, con mis amigos, conocidos, en cualquier circunstancia, que transmita el "fresco aroma de Jesús" que es paz, comprensión, donación, alegría, esperanza y fe en su promesa de vida eterna. Es tarea difícil, imposible de lograr plenamente en esta vida, pero merece la pena intentarlo. | ||