92 - LA FUERZA DE UN CRISTIANO

 

 

 

 

   

La fortaleza interior del cristiano es un don. Lo concede el Espíritu Santo a personas que con humildad y coherencia, saben ver en los demás virtudes de las que carecen ellos, y ver en sí mismos defectos que tienen otras personas. No miran la paja en el ojo ajeno sin antes conocerse a sí mismos en profundidad. Luchan por corregir esos defectos propios que los alejan de la bondad de Dios. Tarea ardua, pero encuentran en las dificultades de caminar hacia la perfección -que nunca se alcanza plenamente- unas condiciones excepcionales para crecer y afianzarse en la fortaleza interior.

Esta es la mejor escuela para nuestra superación: fortalecer nuestras virtudes para progresar en la vida espiritual. Supone mejora personal, mejora en nuestras relaciones con los demás y en nuestras relaciones con Dios.

La mejora personal no es una cuestión solo individual, es fuerza para otras personas, pues suple sus debilidades de igual modo que la fortaleza de otros suple las nuestras. No estamos solos, los seres humanos caminamos al unísono para el bien o para el mal.

Por eso los cristianos basamos la fortaleza interior en el dominio de nuestra capacidad de darnos a los demás, sin miedo a excedernos, a pesar de nuestros defectos, de nuestros temores, de nuestras ruindades..., porque transmitiremos voluntad de querer imitar a Jesús, apoyándonos en toda la humanidad de corazón noble que busca su paz, la paz de Cristo, su corazón herido por el pecado.

“Señor, ¿tu lo quieres?, pues ¡yo también lo quiero!” Transmitiremos esta fuerza que da el saber que Jesús siempre cumple la voluntad del Padre, aunque sea costosa. Transmitiremos que nuestra voluntad es libre, y obramos "porque nos da la gana", porque queremos hacer el bien y no el mal, porque el conocimiento de la “verdad” nos “enamora” de Jesús, porque no queremos ser solo “voluntaristas” que hoy se entusiasman y mañana se esfuman, queremos tener una recia voluntad de querer el bien, cueste lo que cueste, y energía en el alma para lograrlo.

Arrastraremos a los demás en lugar de ser arrastrados. Conseguiremos cotas aparentemente Imposibles. Construiremos donde otros destruyen. Llevaremos la paz donde hay guerra y plantaremos cara al odio y a la corrupción.