91 - ¡ÁNIMO! NO ESTAMOS SOLOS

 

 

   

Uno de los grandes misterios que nos rodean, es la forma en que Dios interviene en nuestros asuntos; cómo respetando la libertad de cada uno, orienta los sucesos de manera que "todo sea para nuestro bien, para su gloria".

Actuamos muchas veces por envidia, por rencor, de forma impulsiva, injustamente, por vanagloria, sin cabeza... y Dios entra en ese juego, lo permite, permite que el mal utilice a unas personas para originar un injusto sufrimiento en otras, permite nuestro sufrimiento, nos purifica con ello, del mismo modo que permitió la Pasión de su Hijo Jesús y no le ahorró nada.

Nos obstinamos en hacer la guerra en vez de sembrar amor y concordia, y Él, aparentemente, no lo evita. Calamidades y tragedias, muertes violentas, odios que se desatan, fanatismos... y Dios esta ahí, sufriendo con sus criaturas, igual que sufría junto a su Hijo en Getsemaní, igual que una madre o un padre sufre cuando su hijo padece humillaciones y tormentos. Pero no lo evita y deja al mal hacer su labor. Parece que todo esta perdido como clamaba Jesús desde la Cruz ¡el abandono mas absoluto! Pero haciendo un dramático acto de fe, se pone en manos de su Padre y expira.

Todo nos lleva hacia un fin y solo Dios Padre con una paciencia infinita sabe el camino que cada uno de nosotros tiene que recorrer para lograr ese fin, camino que no es de rosas, que nosotros personalmente elegimos y andamos paso a paso, unos pasos muy difíciles y otros fáciles.

Pero el camino no lo hacemos en soledad ni con la incertidumbre del final. No, la fe nos ayuda a sentir y palpar que cueste lo que cueste, vamos acompañados por nuestro Padre, y, aunque estemos desconcertados porque no entendemos muchas situaciones aparentemente anacrónicas, Él si sabe donde conducen, y utiliza esas situaciones para corregir rumbos, para robustecer nuestro espíritu, para probar y fortalecer nuestra esperanza...

Él sabe mas, nosotros debemos abandonarnos en sus brazos y ¡no cejar en el empeño! Es nuestra seguridad, si no fuera así, ¡el túnel que aparentemente estamos atravesando, no tendría salida!

¿Cómo interviene Dios en nuestro caminar? Con toda la delicadeza y el cariño: provoca encuentros ¡casuales!, sucesos y circunstancias que nos llevan a tomar determinaciones, usando nuestra libertad de ver en ellas la mano de la Providencia. Dios respeta y desea estas decisiones que adoptamos, se congratula si son las correctas para nuestro bien y el de los nuestros. Pero nunca pierde la paciencia si son equivocadas, pues a veces las circunstancias se nos hacen difíciles e incomprensibles, no confiamos, no nos acordamos que Jesús ha dicho: "…hasta vuestros cabellos están contados. Nada ocurrirá sin el consentimiento de vuestro Padre que está en los cielos…", y erramos el camino. La vida se nos vuelve oscura, neblinosa y sin visión, nos desesperamos y nos revelamos contra el mismo Creador.

Unas cosas las quiere Dios, otras las permite, pero nosotros tenemos que buscar el "querer de Dios", no "su consentimiento". Ante la dificultad de discernir, podemos buscar la ayuda para eliminar temores si vamos al sagrario a desahogar con Jesús allí presente, que siempre nos espera pacientemente, porque " el sagrario es el quitapesares de los que aman a Dios". Podemos hablarle como hacían los apóstoles, encontraremos la paz verdadera, la que perdura por encima de los obstáculos, dolores y contrariedades.

No estamos solos, queramos o no queramos, Dios vela por nosotros día y noche, y nos espera, espera nuestra aceptación, quiere llevar nuestra carga, que confiemos en Él, que hagamos de nuestra vida una bella obra de arte, no un tosco empeño en esculpir nuestro capricho. Es cuestión estética.