| 90 - MUERTE Y VIDA | ||
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Dos compañeras inseparables. Decir muerte es decir vida en esta naturaleza creada por Dios, dueño absoluto tanto de una como de la otra. Él mira en los corazones de cada criatura, seres libres para elegir su propio destino, haciéndose providente el que es misericordioso, engendrando vida generosamente: vida para vivir, vida con el don de la elección de vivir, elección de ¡como vivir!, sellando con la muerte terrenal el momento cumbre -Dios providencial- del espíritu humano. Vida y muerte, un ciclo vital de nuestra existencia. La vida brota en abundancia, la muerte engendra más vida. El espíritu que Dios nos infunde, eleva a la vida como portadora de eternidad dejando la muerte relegada solo a este mundo.... Llegará un momento en que el espíritu regenerará la materia y la transformará en incorruptible. Será un nuevo mundo, una nueva vida, eterna, de alma y cuerpo en perfecta unión, en perfecta armonía con el Creador y todo lo creado. La Redención de Cristo ha propiciado este salto cualitativo en nuestra existencia, deteriorada y abocada a la muerte eterna por nuestra pertinaz huida hacia el mal. ¡Y todo será regenerado! Las huellas del mal desaparecerán, pues el maligno ha sido definitivamente vencido. Los que buscan a Dios y no descansan hasta verlo para siempre cara a cara, los que caminan hacia el bien de las bienaventuranzas, los que mueren a las cosas pasajeras de este mundo porque eligen el camino estrecho de la renuncia a uno mismo por Dios, todos, se verán saciados de Amor que no sacia. Morir para lo caduco, vivir para lo eterno. Un misterio lleno de asombro y esperanza, pero también un misterio de desesperación, de eternidad en tinieblas cuando el espíritu ha muerto para Dios. Sería un fracaso no acertar con la puerta que lleva a la Vida, seducido por otras sendas que satisfacen nuestro "ego" mudable y mortal. La muerte a nuestros placeres, caprichos, banalidades, egoísmos, intransigencias, a nuestro aislamiento en el “yo”, a nuestro olvido de las necesidades de los demás…, es vida para nuestro autentico ser, cuerpo y alma, carne y espíritu, inseparables como la muerte y la vida. | ||