89 - LA VERDADERA FAMILIA
|
"La familia es el ámbito privilegiado donde cada persona aprende a dar y a recibir amor" (Benedicto XVI). Sus miembros saben y aprenden a gastarse diariamente con efectiva y afectuosa preocupación de los unos por los otros. Es una autentica “escuela de amor”, de convivencia, de "educación para la ciudadanía". En una familia rezan los unos por los otros, se ayudan, se sufre y alegra con las penas y los gozos de cada uno. "De este modo, todos contribuirán a sacar adelante el dulcísimo precepto, que lleva consigo la fraternidad cristiana, con una siembra de paz y de alegría que necesariamente acaba influyendo en la sociedad". (D. Javier Echevarria) Puede haber desavenencias, "señoritismos", derechos sin obligaciones..., pero la "escuela familiar" ayuda a todos, apoya en momentos difíciles, prepara mujeres y hombres maduros para la sociedad, que valoran la verdad, la igualdad de derechos, la palabra dada, el compromiso adquirido, por encima del dinero y el éxito a cualquier precio. Por desgracia en muchos países se minan -mediante leyes y costumbres injustas- los fundamentos naturales de la institución familiar, pretendiendo hacer de la "educación para la ciudadanía" -EPC-, un adoctrinamiento ideológico al estilo de la antigua "formación del espíritu nacional" -FEN-, inculcando sus ideologías, pero sin los valores éticos y morales de una buena familia cristiana. No están de moda estos valores de siempre, o, mejor dicho, hay mucha gente empeñada en que no lo estén. Ignoro sus torcidas intenciones, pero desvirtuada la dignidad de la mujer y del hombre, se destruye el matrimonio, equiparándolo a cualquier tipo de unión, se rompe la familia, la educación de los hijos se hace imposible.... Así, poco a poco, estamos observando como la sociedad se convierte en la “ley de la selva”, donde triunfa el mas fuerte, el mas dominante, el que mas influencias tiene, el que mas medios económicos…, no el mas valioso humanamente, intelectualmente... se pisotea la dignidad de la persona. El mundo valora en desmedida el dinero y el patrimonio, acaparándolos por encima de lo necesario, sin percatarse que tanto uno como otro, en exceso, destruyen al ser humano, atándolo de tal manera que vive sin paz, como guardián de sus tesoros, en clave economicista por el interés propio. Pierde el sentido de lo humano que solo da el esfuerzo y las penurias de sacar adelante a una familia, a unos hijos, a personas que necesitan nuestro apoyo, nuestra ayuda; se pierde el sentido que solo da la unión fraterna de unos y otros, la solidaridad, el amor desinteresado, por encima de nuestros personalismos egoístas y materialistas. Se pierde la confianza de unos en otros, de saber que no estamos solos en este mundo, que podemos contar con.... nuestros padres, hijos, hermanos, amigos..., que nunca nos sentiremos solos. Se siembra la duda.... “La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma” (Hch 4, 32). Esta actitud de los primeros cristianos ¡que conquistaron el corazón y el alma del Imperio Romano!, ha quedado muy distante del actual proceder de gentes que viven sin rumbo, abocados a un final incierto, sin fundamento en valores que “solo una autentica familia cristiana puede transmitir” y no han tenido la dicha de recibir porque…, les ha faltado una familia o, se han apartado de ella. “…es el amor el que nos lleva a acoger especialmente a los más débiles, al respeto por los niños, quienes deberían siempre nacer de un acto de amor, que está en el origen del ser humano y en la capacidad de acogerle… Hay familias que tienen miedo al hijo porque supone un espacio en la propia vida, y cuando se vive sólo para ganar vida, y no para darla, ni para dar espacio de la propia vida, se tiene miedo al hijo...” (Benedicto XVI) Los hijos son nuestro mejor negocio, humano y divino, nuestra mejor colaboración con la Ley Natural y la Ley de Dios. Nuestra familia cristiana es el mejor lugar para nacer, crecer, recibir lo mejor de nuestros padres y hermanos, comprender el sentido de la vida, ver nuestro destino en ella, vislumbrar lo que Dios nos pide, crear con la madurez nuestra propia familia, vivir sabiendo que siempre tendremos su ayuda y apoyo, para al final de nuestros días en la tierra, morir en ella, en nuestra familia, la que Dios nos ha dado. ¡Como sería el mundo de otra manera! No me lo imagino. Quizás nunca pueda existir. |