86 - EL BIEN Y EL MAL

 

  

Dios solo creó el bien, el mal no ha sido creado, el mal existe desde que la criatura se reveló contra su Creador, haciendo un uso perverso del preciado don de la libertad, pretendiendo apoderarse del "árbol de la vida".

El mal existe como negación del bien, negación de un ser bueno que es Dios. Pero el mal no es una criatura de Dios, es como una planta parásita que vive de otro y se destruye a si misma cuando se apodera y destruye al otro. El mal es pura negación (Benedicto XVI), es negarle al mundo su destino a la felicidad en Dios, en un ser bueno que nos ha creado para el Amor eterno, no para la corrupción y lo efímero.

Si el hombre se apoderada del "árbol de la vida", seria un destino "no deseable" para la humanidad vivir eternamente esta vida confusa, sujeta a las opresiones de unos sobre otros.... Dios es la salvaguarda de este destino a la felicidad eterna como fruto de su amor por nosotros.

El maligno no consiguió ser como Dios y, vencido, siembra por el mundo la misma soberbia del endiosamiento de las criaturas, en el sentido de querer arrebatarle a Dios su poder sobre la creación. Los grandes científicos quedan anonadados ante la grandeza de lo que van descubriendo y se postran ante el Creador. Otros se enorgullecen admirados por sus descubrimientos e intentan dominar la naturaleza hasta apoderarse de la vida, siempre de manera arbitraria, pues ¿que haría el hombre en poder del "árbol de la vida" sino aniquilarse a si mismo? Por eso Dios designó varios ángeles para que lo custodiaran en el Edén. (Gen. 3,24)

El hombre lleva impreso en su corazón el anhelo del bien eterno, pero el mal lo desvía hacia otros ideales con apariencia de bien, no permite al hombre usar su libertad de amar al Creador, con un amor filial al Ser mas excelente, que nos ha dado todo; no lo permite, desvía ese amor hacia nosotros mismos en actitud narcisista, seres inferiores, con la pretensión de suplir al Creador y situarnos en el centro de toda existencia.

El mal crea un mundo al margen de Dios, y qué difícil es en esta vida no plegarse a las leyes que dicta este mundo egoísta. Debemos cortar por lo sano, dar un cambio de rumbo aunque ello conlleve prescindir de bienes y comodidades materiales por los que todos luchamos, revelarnos ante situaciones laborales, profesionales, sociales, políticas... que a veces perjudican seriamente nuestro desarrollo como persona. La vida que el mundo estima, no es vida, es supervivencia en medio de la ley de la jungla: es alienante, degradante, y muchos la aceptan, se resignan, parece que no ven más allá o que han perdido la esperanza en la lucha para cambiar el signo de los acontecimientos.

Necesitamos una nueva dosis de rebeldía.