83 - FIELES HASTA EL FINAL

No podríamos llegar nunca a contemplar a Dios cara a cara con un espíritu mezquino y sin los frutos de la caridad

 


 

   

Nos angustian a veces las dificultades que el mundo pone en nuestro camino hacia el encuentro con Dios. Jesús ha dicho que la senda no es fácil, no es una "senda placentera y apacible". La obstinación de muchos por apartarnos de esa senda y llevarnos a la suya, nos confirma que seguimos el camino verdadero. Si fuera placentero y fácil, seguro, no estaríamos yendo por la verdadera senda que conduce al bien supremo en Dios.

Nuestras angustias desaparecerán aunque veamos caminar a nuestro lado el mal en su más descarnada manifestación intentando arrancarnos la fe. Sabemos que Jesús ha vencido al mal definitivamente y esto no son más que coletazos de Satanás enrabietado, que por desgracia arrastra a muchas personas.  

Nuestra actitud de calma, esperanza y fe profunda, es el testimonio que este mundo necesita de los cristianos. Debemos ser sal y fermento para los demás, apoyo seguro, guía para los desorientados, remanso en medio de las tormentas.  

Pero somos débiles, y nuestra paz se altera. Desearíamos gritar ¡locos!, ¡parecéis bestias salvajes peleando por carroña!, ¡vuestra meta en la vida está en llevaros el mayor bocado!, ¡locos!, ¡corred hacia el abismo, pero no contagiéis a otros vuestra locura!... llevan su mundo consigo y no quieren otro, no quieren conocerlo, y cuando se topen de bruces con la verdad, con ese mundo desconocido para ellos, por cínicos, pondrán cara de cromo pero la elección no tiene vuelta. Triste historia, que no debe alterar nuestra perseverancia en buscar los bienes del espíritu y hacérselo ver a estos ¡locos!, aunque nos desprecien.  

Se templa el hierro a base de fuego y golpes en el yunque para que adquiera más dureza; de igual manera, Dios permite el mal para purificar nuestro espíritu y nuestro amor, pues no podríamos llegar nunca a contemplar a Dios cara a cara con un espíritu mezquino y sin los frutos de la caridad, del amor autentico y apasionado por un Dios que se nos hace misterio en esta vida pero que descubrimos poco a poco en nuestro interior, en nuestros hermanos, en todos los acontecimientos, un Dios que nos va enamorando y.... si le conquistamos, Él se nos mostrará “tal como es” en la vida definitiva que tenemos a la vuelta de la esquina.  

¿Como puede un deportista lograr una medalla olímpica si no entrena duramente? Llegada la hora de la verdad, hará el ridículo. Merece la pena nuestra lucha por avanzar en la entrega a Dios que, aunque no nos demos cuenta, contagiará a otros y, entre todos, lograremos mejorar este mundo, acercándolo a su destino, haciendo que el cielo comience aquí.