83 - LA CRUZ DE CRISTO

La locura de la cruz es demostración suprema de la locura del amor y sólo puede comprenderla quien comprende lo que es el amor.

 


 

 

Es fundamental meditar sobre la vida y sufrimiento de Jesús  para comprender su mensaje. Un mensaje que se ha hecho mas increíble para este mundo escéptico por excesivamente racionalista y materialista, al que no le importa ni el antes ni el después, solo el disfrute del ahora sin prever sus consecuencias: ofensas a Dios, burlas a lo creado y a las criaturas... a los cristianos... masoquistas que nos deleitamos recordando una y otra vez la pasión de Cristo...

¡No!. Recordamos con el corazón roto como, en aquel momento, surgió con toda su fuerza la "fuente de la Vida"; recordamos como la esperanza de redención del mundo se hizo realidad. En palabras de Guardini: "Nadie ha muerto como Jesucristo, porque era la misma vida. Nadie ha expiado el pecado como Él, porque era la misma pureza". Mirando al Crucificado descubrimos el más inmenso amor jamás imaginado del Hombre-Dios por sus criaturas.

Nosotros estamos recibiendo ahora copiosamente los frutos de aquel amor de Jesús en la Cruz. Sólo nuestro desprecio puede hacer baldía la Pasión de Cristo para nosotros. Solo nuestra intransigencia puede pensar que son puro folclore las sentidas celebraciones de la Pasión, pero en lo más profundo del corazón sabemos que en la Cruz se consuma nuestra Redención, que en la Cruz encuentra sentido el dolor en el mundo. No quedamos indiferentes ante un Crucifijo, porque nos habla de la malicia del pecado y del amor de Dios a cada uno de nosotros.

Al abandono de la Cruz se deben el aumento de la violencia, la corrupción y el fanatismo del mundo actual. El mal entra por nuestros corazones insensibles y se desparrama sobre un campo fértil pero descuidado, sin apenas obstáculos para sembrar su odio a placer. Hemos perdido el vigor de la fe, ahogado por el ambiente gelatinoso y falso que han creado sus seguidores.

Muchos han abandonado la Cruz. Muchos han sucumbido al mundo fácil, de ficción y egoísmo, han sucumbido al deleite y la vanidad de una sociedad irreal, volátil como el humo, que no sabe de amor, no le interesa, porque les llevaría a salir de sí mismos, a coger la cruz, la de cada uno, a... imitar a Jesús. Podrían llegar a comprender el "mensaje de la Cruz" y eso les aterroriza porque, delataría sus vergüenzas y limitaría su actuar en este mundo, permisivo con las agresiones a la humanidad que ellos mismos fomentan, un mundo decadente, que pasará, arrasado por el viento, pues lo están dejando sin las raíces que nos mantienen unidos a lo verdadero y auténtico, en definitiva, unidos a los frutos de la Cruz de Cristo.