74 - UN MUNDO SIN ESPÍRITU

 

 

He visto a personas perder su compostura, su dignidad y faltar a la caridad más elemental, por un falso criterio economicista que, en el fondo es ansia de dinero. Criterio, por cierto, muy arropado y argumentado: por el bien de la empresa, por principio - monetario, por supuesto -, normas que hay que cumplir pues así está estipulado, el dinero es sagrado, la pasta es la pasta y con eso no se juega..., cuando en realidad es deseo desordenado de mayores bienes, aburguesamiento, comodidad, lujo, caprichos, y, sobretodo, falta de sensibilidad hacia las necesidades de los demás, inmoralidad y falta de caridad. ¡Si no me reporta beneficio para qué voy a molestarme!, ¡no consiento que me chuleen!, ¡el que da primero da dos veces! Casi siempre terminan en la especulación y en la corrupción, con la conciencia ¡muy tranquila!, ¡es normal en el mundo de hoy!, dicen.

 

Son almas ciegas a los bienes del espíritu, y nunca han experimentado que "el desasimiento hace de la vida un sabroso camino de austeridad y eficacia" (F. Carvajal). Desconocen la bondad de Dios y el verdadero sentido de esta vida, por eso se creen satisfechos y felices con sus triunfos. Tienen necesidad de demostrar - ¿a quien? -, que ellos son los más listos, los más hábiles en su negocio, en su parcela de poder grande o pequeña, en su trabajo.

 

Desgraciadamente el mundo se rige por estos parámetros - salvo honradas excepciones -, y estamos viendo sus nefastas consecuencias en los procesos de globalización entre pueblos y culturas, una oportunidad fantástica de aunar intereses en pro de una vida más humana, más justa, con más oportunidades para los desfavorecidos. Pero la realidad no es esa, y tiene pocos visos de ir a mejor.

 

El materialismo dirige los rumbos actuales, y difícil es enfrentarse a esta enorme maquinaria. Los cristianos somos conscientes de que el camino no es ese, y luchamos en nuestra parcela por mejorar las cosas, pero nos encontramos con la pasividad de los hipócritas, los necios, los de doble vida y….de doble contabilidad, la suya propia y la de los demás. Se mide con doble rasero y a quien le toca, le toca. Es injusto, o estás en su carro o ¡ahí te pudras!

 

No tienen alma. No son humanos, pues el ser humano está formado por cuerpo y alma. Por eso no padecen, están en el limbo del placebo. Pero…. dirigen nuestras vidas, nos imponen sus condiciones, o entras o te quedas fuera. Yo prefiero quedarme fuera, pero como se apoderan de bienes necesarios para nuestra subsistencia, hay que contar con ellos por desgracia, y…. no son trigo limpio.

 

Intentaremos no contaminarnos con sus dineros, monopolios, trapicheos y acaparamientos, que hacen inevitables los roces con semejantes codiciosos. Los cristianos les somos molestos. Nos soportan porque somos potenciales clientes, pero dejamos en evidencia sus mezquindades y necedades, pues no reconocen otra vida distinta a su obsesivo mundo materialista. No reconocen a Dios aunque pase a su lado, no lo admitirían, le dirían que se vaya, que estorba sus propósitos. Pobres, no se dan cuenta que Dios vale más que todas las riquezas de este mundo que hoy son y mañana desaparecen. Solo Dios responde a las aspiraciones más profundas del corazón humano, es nuestro mejor negocio, pues sin Él se pierde mucho en esta vida y todo en la otra.

 

Si dejamos que el Espíritu de Dios empape nuestra alma, seríamos capaces de cambiar el destino de las gentes que pueblan este planeta. Muchas personas lo hacen, calladamente, sin medios, solo con sus manos y su voluntad de querer al que más lo necesita. Muchos misioneros, colaboradores, organizaciones de ayuda humanitaria desinteresada, con micro-créditos u otras formulas imaginativas, profesionales que desarrollan su labor sin pedir a cambio más que un mínimo sustento, vocaciones de amor a los enfermos, a los desahuciados, personas desprendidas que donan lo que tienen a los que más lo necesita, que utilizan su dinero para hacer bien, para sacar adelante labores encomiables de formación, capacitación, acogida. Personas que dan de su tiempo para otros, por cariño y porque Jesús así nos lo ha mostrado con su ejemplo.

 

Todo esto suena a hueco en los oídos de esta gente poderosa en bienes materiales, pero sin sensibilidad en el espíritu para ver la parte más humana del hombre, visible solo al alma y al corazón enamorado. No son tan listos como parece. Deberían pensar que las cosas efímeras a las que se aferran con avaricia les serian infinitamente más rentables si las destinaran a fines diferentes a la propia satisfacción, haciendo felices a otros con su entrega y desprendimiento.

 

No debemos escurrir el bulto, como decía una buena amiga: "me hacen gracia esos que van de cooperantes a limpiar los mocos de niños de no se que país, y son incapaces de echar una mano a limpiar el polvo de esta habitación...". Muy grafico y muy cierto. Tenemos una gran labor con nuestros allegados, vecinos, conciudadanos, con nuestro país y con todos los habitantes de este planeta, por ese orden. No mejoraremos el mundo si no mejoramos nuestro entorno, dando de lo nuestro, de nuestro cariño, de nuestro dinero, compartiendo, ayudando, siendo generosos, alegres, con amplitud de miras y visión sobrenatural. Transmitiendo nuestra fe con obras, hechos y palabras. Todo tiene su premio y salir de nosotros mismos para darse, es el mejor negocio de nuestra vida. Salgamos de la mediocridad, de la mezquindad, dando un salto hacia arriba, hacia lo eterno.