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Con una mirada a Maria, mirada de hijo necesitado, ella nos enseñará el camino, nuestro camino para llegar a Jesús, el camino más seguro, el más directo, el que solo ella sabe. Es flecha certera al corazón de Dios. ![]() |
128 - UN NUEVO AMANECER | |
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En algunos momentos me asaltan la angustia y desazón. Percibo el rumbo que toman muchas personas que se van olvidando de Dios en sus vidas, producto de esta visión materialista, consumista y hedonista de nuestra cultura occidental en declive. Una cultura que tanto le debe al pensamiento cristiano en su progreso humanista y moral. Acudo a Nuestra Señora y le pido la conversión de estas personas, hombres y mujeres, alejadas de su Hijo, porque Ella es la que verdaderamente cambia nuestros corazones, los hace humildes como el suyo para poder mirarnos a nosotros mismos, mirarnos en nuestro interior, y mirarnos a la cara hasta caer en cuenta de nuestra poquedad, de que nuestro orgullo es ridículo. Siendo humildes descubriremos a Dios que actúa en nosotros cuando tenemos sentimientos nobles. Actuó y actúa en el principio de nuestro ser, de nuestra existencia y… no debemos ser desagradecidos ignorando tanta bondad. Con una mirada a Maria, mirada de hijo necesitado, ella nos enseñará el camino, nuestro camino para llegar a Jesús, el camino más seguro, el más directo, el que solo ella sabe. Es flecha certera al corazón de Dios. Pero ocurre que a veces no sabemos como dirigirnos a ella, apenas se la menciona en los evangelios y solo san Lucas transmite aspectos, aparentemente de poca relevancia. Pero no es así, pienso que esa es su grandeza: la humildad. Hacer la voluntad de Dios pasando desapercibida, pero con valentía en los momentos difíciles. Todo lo contrario a los "figurones" de hoy día que están en todas las sopas, todo lo saben y todo lo copan. Contemplarla, no se necesitan palabras, saber que su "si" a Dios ha permitido la Redención de una humanidad perdida en la egolatría, en la autosuficiencia; pensar que si no hubiera aceptado estos designios no se hubiera realizado la Redención, no hubiera venido el Reino de Dios a nosotros. Dios hasta ese punto respeta nuestro querer, porque ese querer humano lo hace suyo, aunque le duela. Medito todas las escenas del Evangelio imaginando a Maria en un rincón, escuchando, amando el querer de Dios, aceptando y amando el querer de los hombres, aunque llegue a ser un auténtico escarnio... amando la Cruz de su Hijo, crucificada con El. Me viene a la cabeza su silencio, silencio de amor, de saber estar, de saber dejar hacer a los discípulos cuando su Hijo ya se ha ido, impulsando la evangelización. Saber decir en los momentos oportunos al corazón de cada uno: "no ofendáis mas a mi Hijo con vuestros pecados, rezad, haced penitencia,...". Maria está ahí cuando la necesitamos. En todos los santuarios marianos, iglesias o ermitas donde se la invoca, en todos nos ha hablado y nos habla al corazón, y en muchos momentos habla a todos los presentes de forma clara. Dios Padre le ha dado todo el poder. Y con todo ese poder que ningún humano ha recibido jamás, ella se nos muestra como una madre, no cesa de ayudarnos, sufriendo y actuando con firmeza contra el mal, causa de nuestros desvaríos. Es la que puede salvar a esta humanidad que camina cada vez más en tinieblas y traernos un nuevo amanecer. | ||