Volveremos al maremagnum, al frenesí y a la vida asilvestrada que nunca vamos a lograr, porque nuestro corazón nos lo impide. El alma reclama la verdad y eso es lo que nos salva | 126 - VIDA ASILVESTRADA | |
La jungla humana está más llena que nunca de árboles, arbustos y plantas de todas las especies. Tenemos donde elegir, y nos sobra para llenar nuestra vida hasta el ultimo resquicio de tiempo disponible -tiempo que ya no existe, todo lo tenemos predispuesto, ocupado antes de que llegue el momento de disponer de él-. Nuestra tecnificada sociedad nos ofrece todo: realidades con un grado de intensidad y dramatismo inimaginable, ficciones de todo tipo, puentes electrónicos entre una y otra, desde lo real a lo virtual, variando las sensaciones, engañando a nuestros instintos… Quiero decir que con este mundo estamos saturados, ¿para qué queremos otro después de este?, llegaríamos a él totalmente zombis, robotizados, sin estímulos que recuerden al ser humano que hemos sido. Los árboles no nos dejan ver el bosque y el bosque cada vez está mas lleno de árboles, arbustos y maleza. Yo me pregunto ¿de verdad estamos adaptados a este frenético mundo cibernético que solo busca nuevas sensaciones y placer? No creo que estemos asilvestrados. Siempre conservaremos algo de nuestro humanismo, de nuestra voluntad de actuar por el bien del espíritu... Me explico: Por mucho colapso mental que todo ello nos produzca, siempre podremos escapar, al menos en algunos momentos, y romper con todo para sumergirnos en nuestro mundo interior, un mundo de afectos, ilusiones, deseos de bien para nosotros y los nuestros, deseos de paz, deseos de ayudar, de amar, de conocer más a Dios, ese ser misterioso que en todo está, porque lo es todo... Pasado este momento íntimamente humano, volveremos al maremagnum, al frenesí y a la vida asilvestrada que nunca vamos a lograr, porque nuestro corazón nos lo impide. El alma reclama la verdad y eso es lo que nos salva. Nos mantiene la pequeña luz encendida al humanismo en el Espíritu de Dios, una luz que, aunque escondida, está permanentemente con nosotros, a veces olvidada, a veces vapuleada, despreciada, luz que en algunas ocasiones hemos intentado apagar para siempre, pero… se ha vuelto a encender con el tiempo… nunca se apaga del todo. Esa luz interior que toda persona tiene -pues provenimos del Ser y su huella está en nosotros-, permanece siempre. Puede iluminar el bosque si la alimentamos, puede elevarnos por encima de él y ver el caos destructivo en el que estamos inmersos, puede abrirnos un camino por esa jungla para que, conviviendo con ella, evitemos ser absorbidos por ella. | ||