Los dramas humanos remueven muchas conciencias a la reflexión, a situaciones que purifican nuestra alma cuando perdonamos y pedimos ser perdonados, cuando olvidamos el daño sufrido y reparamos el daño causado

124 - MEMORIA HISTÓRICA
 

Es necesario intentar comprender los sucesos históricos, por dramáticos que hayan sido, y no justificarlos cuando son injustificables, como las barbaridades realizadas por personas embriagadas de ideologías totalitarias.

Plantearnos la situación tal y como era en ese momento de la historia, sacar conclusiones para que nuestra sufrida humanidad no vuelva a vivirlas, ni revivirlas innecesariamente. Desideologizar la memoria histórica y tener piedad, compadecer a los que sufrieron, con independencia de sus ideas, haciendo justicia de su recuerdo.

Analizar las verdaderas causas y recriminar a los que, pudiendo evitar un drama humano no lo hicieron, por cobardía, por miedo, por maldad perversa...

Dios permite estos dramas fruto de nuestra libertad y del mal que Satán extiende por el mundo, y nos ayuda a sacar bien del mal. El drama del Calvario abrió las puertas de nuestra salvación, de igual manera, un drama humano hace mártires a muchas personas que en otras circunstancias habrían vivido quizás una mediocridad indiferente. Mártires que Dios acoge con los brazos abiertos, personas libres que no se pliegan al mal, que mueren con la dignidad de un ser humano soberano, pues no es mártir el que muere matando sino el que muere perdonando, o al menos sin rencor, el que muere sabiendo que Dios hará justicia, muere con paz, con... mucho miedo pero sin perder la esperanza en la promesa divina.

Los dramas humanos remueven muchas conciencias a la reflexión, a situaciones que purifican nuestra alma cuando perdonamos y pedimos ser perdonados, cuando olvidamos el daño sufrido y reparamos el daño causado. Nos fortalecen si no nos dejamos llevar por la desesperación o el odio destructivo, difíciles de superar.

Todo ocurre para bien, incluso las terribles guerras de exterminio, aunque sea difícil de comprender para los humanos y parezca que Dios se ha olvidado de sus criaturas. No es así, Dios vuelve a ser crucificado en cada persona que sufre, y… sufre con el, y… saca bien del mal, de una manera que solo él sabe hacerlo. Nuestra fe no puede dudar. Sabemos que es un Dios de paz, misericordia y amor, pero nosotros muy a menudo nos empeñamos en lo contrario: guerras, injusticias, odios, fanatismos, incomprensiones... frutos de la siembra del mal.

La venganza y el rencor no traen paz. Los causantes de tanto mal que ya no están aquí han sido juzgados por sus acciones, con una justicia más perfecta que la nuestra, debemos perdonarles y olvidar, ya están sufriendo el castigo merecido y si nosotros no superamos el rencor o el ánimo de venganza que nos domina, nos haremos tan culpables como ellos, pues en nuestro ánimo anida seguir causando daño a personas inocentes.