El amor es un proceso de purificación, de renuncias, de transformaciones dolorosas en nuestro ser, peligrosas, porque se puede caer en lo mas vil, necesarias para llegar a nosotros mismos, a Dios | 122 - ANTE LAS DIFICULTADES DE NUESTRO TIEMPO: INGENIO | |
Dios nos ha creado, le pertenecemos, modeló cada corazón y comprende todas sus acciones, nuestras acciones. Conoce a cada uno, hasta su más íntimo pensamiento, hasta la más mínima emoción, sus anhelos, luchas, decepciones…, y es querido por Él como un Padre Bueno quiere a su hijo. Comprende sus debilidades, nuestras debilidades, nuestros sufrimientos los hace suyos, pero sabe que la sobreprotección de seres creados libres puede generar la rebeldía del Ángel caído, dramática e irreconciliable; por eso se comporta como un Padre Justo. Sabe que el mundo es nuestro crisol donde nos forjamos en la libre voluntad de amarle. Así lo ha permitido. "No duda en descender al ámbito de nuestras tentaciones y fracasos, para tomarnos de la mano y llevarnos hacia arriba" (Benedicto XVI). Como un padre que respetando la libre decisión de sus hijos, se acerca al antro más pervertido para tenderle la mano si allí se encuentra uno de ellos. Jesús bajó a lo más vil y cruel de esta humanidad para ofrecernos su Amor, siempre pendiente de nuestra respuesta, como el padre del hijo prodigo. Ha pasado por la prueba del dolor y puede auxiliarnos a los que ahora pasamos por ella. El amor es un proceso de purificación, de renuncias, de transformaciones dolorosas en nuestro ser, peligrosas, porque se puede caer en lo mas vil, necesarias para llegar a nosotros mismos, a Dios. Y Él, que nos ha creado y nos conoce perfectamente, no deja de ofrecernos su ayuda para superar estas pruebas, que no destruyen al hombre, mas bies, reafirman nuestro caminar hacia Dios. Lo único que destruye al hombre es el mal, por eso se lo pedimos en el Padre Nuestro: "...y líbranos del mal". Males de nuestros tiempos, de todos los tiempos, que Él también conoce a la perfección. Siempre se han repetido, el Demonio es muy insistente, pero con las nuevas técnicas les cambia de forma y aumenta el poder destructor de nuestro cuerpo, de nuestra mente, de nuestra alma. Nos puede dejar incapacitados para otro menester que no sea servirle como esclavos. Los poderes económicos nos dominan, el poder de muchos sin escrúpulos nos invade -tráfico de personas, de drogas, de armas, de ideas fanáticas, de corrupción y sexo…- la manipulación del mercado domina nuestras necesidades básicas, el poder de comunicación confunde nuestras ideas y nos hace sectarios y dominables, nos hacemos indiferentes, relativizando la moral y la ética. Las leyes humanas -manipuladas- llegan a ser nuestra única verdad, obviando la Ley Natural y la Ley Divina, y el poder político utiliza todos estos mecanismos para decidir sobre nuestro destino: el paraíso terrenal, una muerte feliz y después… la nada. ¿Qué más queremos? El Demonio tiene hoy más fácil la siembra del mal, los sufridos humanos más difícil la consecución del bien, pero Dios siempre ha puesto límites a la actuación del Maligno y nos da nuevas fuerzas en las escaramuzas, agudizando nuestro ingenio para que no nos pillen por sorpresa. Se dice que la verdad más fiable, a la que tenemos que acogernos en ausencia de otra, es la verdad judicial. Pero la justicia humana no es imparcial, dominada por los políticos la verdad es “la que conviene para sus fines en ese momento”. No interesa la objetividad, nos enfrentamos a la indiferencia, el subjetivismo y el relativismo de personas sin fe y sin escrúpulos. Solo Dios conoce la verdad objetiva de este mundo porque ve y conoce cada una de nuestras acciones, y los que le escuchamos estamos más cerca de ella. Esa es nuestra Verdad, a la que no renunciamos, la que ha engendrado mártires gozosos de morir por el bien y la verdad que emana de Dios. Aunque muchos estén absorbidos, succionados por este mundo tecnológico, garante de nuestro bienestar, Jesús sigue a su lado, a nuestro lado. Porque la caída será dura para muchos. Para aquellos que tengan la dicha de dar un golpe de timón en su vida, de arriesgarse a "comenzar otra vez", pero por la senda de Jesús, será menos duro, yo diría que será un retorno gozoso a la Casa del Padre. | ||