Podremos ser sabios, inteligentes, poderosos... pero si no hay amor en nosotros porque no conocemos la bondad de Dios, no conocemos a Dios, no tenemos dialogo con Él… como dice san Pablo, de nada sirven nuestros éxitos si no hay Amor, y solo se ama a quien bien se conoce.

120 - ¿POR QUÉ LA ORACIÓN?
 

Con la oración se conquista el corazón de Dios, el Amor que vuelca todo su poder y misericordia en nuestro mezquino e insignificante ser.

Con la oración no hay tentación que nos venza, porque Satán tienta a todas horas sin descanso, nunca se fatiga, y a los que rezan les tienta más; pero con Dios al lado siempre le vencemos, a no ser que obstinada y torpemente dudemos del poder de Dios, nos ocurrirá como a san Pedro sobre las aguas embravecidas del mar de Galilea.

Sin oración confiada la tentación nos vence, no podemos luchar a pecho descubierto contra mejores armas, con nuestras solas fuerzas, es una absoluta temeridad.

Sin oración, desvirtuamos nuestra conciencia y admitimos todo lo que el mundo nos propone como bueno, aunque sean autenticas deformaciones de lo creado bueno por Dios. Lo transformamos al capricho del mal, y Satán pasa de esta forma desapercibido para los hombres, pero actuando a su antojo, en su salsa.

Dios siempre nos ayuda, pero si no dialogamos con Él en la oración, su ayuda es menos eficaz, la minusvaloramos, incluso la despreciamos, no vemos la necesidad de luchar, nos relajamos y sucumbimos sin darle importancia, es una cuesta abajo resbaladiza que inevitablemente nos arrastra. Hay que poner un limite antes de que sea tarde, decir ¡hasta aquí he llegado!, y recomenzar.

Porque Dios no es un ser lejano, nos muestra su rostro en Jesús, su palabra, su obra, su vivir con nosotros. Se nos muestra Él mismo, Dios que se nos da, el don de todos los dones, lo que verdaderamente necesitamos: Dios y su Espíritu. Aprendemos a relacionarnos con Él, a dirigirnos a Él, presente entre nosotros en el sagrario: físicamente, en alma, en cuerpo y en todo su poder y divinidad. Aprendemos a rezar, a mostrarle nuestro afecto, nuestro amor siempre diminuto en comparación con el que nos tiene.

A través de la oración, la bondad de Dios pasa a nosotros, nuestras obras serán buenas, iremos enraizando las virtudes divinas en nuestro ser, haciéndolas carne de nuestra carne y llegará un momento que no podremos vivir sin ellas.

Perseverando en la oración constante, buscaremos el bien en todas nuestras acciones poniendo amor en ellas como Jesús nos enseñó con su ejemplo, nuestra unión con Dios será un hecho… Podremos ser sabios, inteligentes, poderosos... pero si no hay amor en nosotros porque no conocemos la bondad de Dios, no conocemos a Dios, no tenemos dialogo con Él… como dice san Pablo, de nada sirven nuestros éxitos si no hay Amor, y solo se ama a quien bien se conoce.