Hay que pensar que cualquier día puede ser el último, no compensa nuestro rechazo, más al contrario, si queremos vivir la vida con plenitud haremos de cada día una joya con los engarces de nuestras cruces, pequeñas quizás pero con un brillo muy especial. 

118 - ¡UN DÍA MÁS... !
 

Un día más en nuestra vida, un nuevo día que traerá sus alegrías, sus contradicciones, su cruz… normalmente pequeñas cruces. La bondad de este día será otro regalo de Dios, también lo serán las contradicciones que nos envía, Él sabe por qué, para nuestro bien, seguro, aunque no lo comprendamos. Pero si rechazamos estas aparentes contradicciones, porque no aceptamos lo que no nos gusta, llegarán de todas maneras, y este rechazo irá socavando poco a poco nuestra alma, nuestro cuerpo, nuestra psicología. Esos sucesos inevitablemente nos golpearán, no podremos esquivarlos, por nuestro rechazo nos harán daño y al final, nuestra vida será invivible. Podemos terminar como personas deformes, muy diferentes a como Dios nos quiere, a como ha pensado en nosotros desde la eternidad.

 

Vivir el día a día cara a Dios aceptando alegres sus designios, requiere estar desprendidos de las cosas de este mundo, estar desatados de ellas, y también de nosotros mismos, porque… debemos cuidar de nuestra salud, pero sin ablandar nuestra voluntad, pues Dios nos purifica con las enfermedades que hacen más dificultoso nuestro caminar. No podemos... estar deprimidos, aunque sintamos esa desazón que nos ata, ni decaer ante nuestra merma de salud.

 

Es nuestra cuesta arriba de cada jornada, y si la subimos con garbo, llegaremos antes a la paz y sosiego del deber cumplido. Pero, sobre todo, caminaremos más unidos a Jesús, seremos sus compañeros de fatigas, colaboraremos con eficacia en esta inmensa tarea de la Redención del género humano que Él se echó sobre sus espaldas, contando con nuestra ayuda, nuestro granito de arena, a pesar de las personales debilidades, dudas y tropiezos.

 

No tenemos que fallarle, avanzando paso a paso, con nuestras miserias, con nuestras enfermedades, aunque sea a rastras, ningún obstáculo nos puede frenar. Solo la muerte es el fin de nuestro caminar en este mundo, y, los que han luchado denodadamente, "recibirán la corona merecida" como dice san Pablo, ejemplar luchador incansable por el Reino de Dios.

 

La lucha es fascinante, llena de sorpresas, muchas aparentemente desagradables, pero tenemos fe y aceptamos la Voluntad de Dios, todas las recibiremos con la alegría del que ve la predilección de Dios y nota que se apoya en nosotros -frágil apoyo- para extender su reino en este mundo.

 

Hay que pensar que cualquier día puede ser el último, no compensa nuestro rechazo, más al contrario, si queremos vivir la vida con plenitud haremos de cada día una joya con los engarces de nuestras cruces, pequeñas quizás pero con un brillo muy especial. 

 

 

 

gracias Señor

porque en tu generosidad me has concedido un día más

un día esplendido que me regalas

y de mí depende que también sea un día maravilloso

 

un día para esforzarme más en que sea de tu agrado

viviéndolo como un fiel discípulo tuyo

imitándote en todo

como un niño que camina sobre las huellas de su padre... todo bondad

 

un día más para sentirte cerca

a mi lado

en mi intimidad

formando parte de mi ser

 

¿que me pides hoy?

te miro

oigo un susurro en mi alma…

 

…que seas un desconocido para ti mismo

apenas te dedicarás tiempo

tu tiempo para mis hermanos

poniéndote en su lugar

 ayudándoles

 comprendiéndoles

 supliéndoles…

 

Háblame de cada uno

muéstrales mi rostro

ayúdales a pasar esta dura prueba

dura para mi Iglesia

dura para todos

 

Un día para aceptar nuevamente la cruz que hoy me envías

sin quejarme

sin ver en ella una pesada losa

buscándote en ella

porque… tu la llevas

la mía y la de todos

 

Quiero liberarte de mi parte de cruz

sin escaquearme

con prontitud y decisión

quiero mostrarte que del amor sale la fuerza

no solo para llevar mi cruz

sino también para ayudar a otros a llevar la suya