116 - EL ESTADO DEL BIENESTAR

La sociedad del bienestar que nos procura la tecnología hace aguas, y amenaza derrumbarse si no avanza en el espíritu que anima al ser humano.

 

 

Feliz y sin problemas

 

 1 - Buscando nuestra seguridad.

Todos queremos seguridad, asegurar la felicidad en el futuro, o al menos mantener la presente, aunque sea incompleta; queremos el estado del bienestar donde todo esté cubierto, disfrutando de la felicidad que da no carecer de los bienes de este mundo. Pienso que ¡pobre felicidad! si la basamos en el disfrute ¡aquí!, asegurándolo cueste lo que cueste, con el continuo temor a perderlo. Tendremos a lo sumo una felicidad muy raquítica, a nivel de nuestras aspiraciones mundanas, y, puesto que nuestra seguridad -la que da el estado del bienestar- nunca será completa, ni siquiera esa raquítica felicidad está en nuestras manos.

¿Que es lo que con tanto empeño queremos asegurar?, ¿nuestra posición económica lograda con esfuerzo a lo largo de una vida?, creo que me quedo corto. Anhelamos más bien una cobertura social que, pase lo que pase, esté garantizada por el estado: nuestra atención y mantenimiento en un nivel digno de calidad de vida. Es una aspiración lógica y razonable. Pero esta vida es corta, no pasa de ser un suspiro y… ¿anhelamos también ser dignos de participar en la promesa de Jesús, promesa de otra vida que nunca acaba, vida de la que Él ha venido y nos da testimonio?

2 - Seguridad con elevado coste humano.

No nos engañemos, la seguridad que buscamos en esta vida, hoy es una realidad incompleta, parcial, interesada, con fuerte carga ideológica que desvincula al ser humano de parte de su esencia… Porque… ¿seguridad a costa de que?, ¿de nuestra libertad?, ¿de nuestra capacidad de elegir el destino que queramos para nuestra vida?, ¿preferimos que nos lo elijan otros? ¿Que nos lo elija ese estado del bienestar del que sabemos que garantiza -es un decir- el paso de la cuna a la tumba?

No podemos pretender cubrir de forma absoluta todos los riesgos que el hecho de vivir conlleva. No puede un estado pretender el control de nuestra existencia, ni limitar nuestra libre decisión en asuntos que conciernen a la libertad de conciencia. No somos aves de corral. No podemos encerrar nuestra vida en un horizonte puramente terrenal. Nos crearía unas dependencias absolutas, una vida vegetal en un invernadero. ¿Y nuestra voluntad individual?, quedaría absorbida por la voluntad absoluta del estado protector, estado formado por personas ávidas de poder. Tenemos suficientes experiencias dramáticas en el último siglo como para caer en los mismos errores, aunque les cambien el nombre.

3 - Una sociedad humanista protectora del bien común.

“El servicio al bien común es el fundamento del valor y de la nobleza de las instituciones políticas. Cuando esta finalidad se oscurece o se sustituye por la rivalidad entre partidos o por las ventajas de un grupo determinado, todo se devalúa y se corrompe. Sin el predominio de la “ley moral” socialmente reconocida y vigente, la mejor democracia degenera en dictadura de unas pocas personas con apariencias democráticas. La política no debe absorber la vida entera de los ciudadanos sino solamente aquellas cosas que las personas solas no pueden hacer, o no pueden hacer las familias, ni tampoco otras instituciones inferiores.” (F. Sebastián, Arzobispo de Pamplona)

Esta es la cuestión. Nuestra organización ciudadana, el Estado, es un mero administrador del medio natural en que vivimos para orientarlo al bien común, el bien de todos por igual, no el de unos pocos por afinidad. Es el organizador de nuestra convivencia, el que suple nuestras carencias individuales, el que desarrolla nuestro carácter social que nos da la capacidad de acometer empresas en común, el que presta servicios necesarios para todos y fomenta el progreso de una sociedad organizada, potenciando los valores individuales y colectivos, valores espirituales y morales, valores humanos necesarios en un ser con cuerpo material y alma espiritual inspiradora de todas las cosas buenas y nobles que somos capaces de hacer.

4 - El injusto ser humano unidimensional.

Si a la vida humana le falta su dimensión espiritual, su dimensión divina, si le falta Dios, su Creador, no deja de ser una vida animal, animal inteligente, pero animal. La religión "es como la mas grande revolución del hombre que no quiere ser una bestia" (San Josemaría). La persona que ha descubierto a Dios, su razón de ser, como criatura llamada a la comunión filial con Él, se revela ante la ceguera de una vida sin Dios, y sufre por las consecuencias humanas que conlleva.

El impresionante progreso tecnológico ha convertido al mundo en una pequeña aldea donde cada cual lucha por asegurar su hueco de bienestar, sin querer ver que al lado viven, mas bien mueren otras personas por carecer de lo estrictamente necesario para sobrevivir. Nunca ha existido una humanidad tan deshumanizada. Cuando no había medios, era muy difícil acudir en ayuda de otros pueblos que sufrían. Ahora que hay medios, no queremos ser solidarios, no entra en nuestros planes, afecta nuestra economía, no queremos compartir ni repartir…queremos su mano de obra barata y sus recursos naturales… Somos tremendamente injustos.

Podemos “… hacer de este mundo un jardín o reducirlo a un cúmulo de escombros…, usar las fuentes de la vida para el bien… o ceder al orgullo miope de una ciencia que no acepta límites…” (Juan Pablo II)

La sociedad del bienestar que nos procura la tecnología hace aguas, y amenaza derrumbarse si no avanza en el espíritu que anima al ser humano. Una humanidad que ya ha llegado a su momento cumbre con la venida de Dios encarnado en Jesucristo -“…al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer…” (Gal. 4,4)- y se hunde irremisiblemente cuando no sigue sus caminos de fraternidad, amor y justicia. Estamos creando una nueva esclavitud mucho mas sutil y refinada, pues hay personas que viven no solo como animales, sino como animales perversos por desalmados -no tienen alma, la han reducido a nada- adoran a un solo dios: el dinero, dios ambicioso y sediento de victimas que crece y engorda con la carencia y sometimiento de muchos.

El enorme avance tecnológico no va acompañado de un paralelo “crecimiento en el espíritu”, surgiendo un atroz materialismo de base economicista con dependencias cada vez más insoportables para el ser humano. Hace falta una revolución del hombre, formado por cuerpo y espíritu, que no quiere verse sometido a esa nueva esclavitud. Se revela al ver reducida su existencia a la simple satisfacción material de los sentidos, a una sociedad del bienestar sin valores eternos; se revela a un mundo sin la realidad de Dios, abocado a la desesperación.

5 - Un Estado limitador.

Si el poder público limita el desarrollo humano, declarándose agnóstico, es decir, enfermo de agnosis -incapacidad para entender el significado de lo que se percibe por los sentidos, de las sensaciones…- y relativiza todo principio moral, declarándose laicista, ciñéndose exclusivamente a "pan y circo", lo que la mayoría pide -eso cree-, lo que da votos..., se equivoca.

Es un planteamiento erróneo, pues la mayoría que les vota no piden, se atiborran con lo que les dan, lo que les venden con todo tipo de promesas de felicidad y bienestar, lo que se les muestra como bueno, despreciando lo que es mostrado como limitador de nuestros instintos y apetencias, de nuestra libertad sin trabas ni leyes morales: haz el amor y no la guerra, no limites tus capacidades instintivas, no pienses, déjate llevar..., todos seremos felices y el mundo también... La ley de la selva donde, no hay que olvidarlo, unos se devoran a otros... cuando tienen hambre. Por desgracia, el ser humano siempre tiene hambre. Crean una nueva conciencia que todo lo relativiza al plano meramente instintivo con las pasiones desatadas, sin frenos morales.

Si el hombre erigiéndose en el ser supremo del mundo, pretendiese por métodos "democráticos" imponer esta verdad y dictar nuestros derechos, ¿que sociedad podríamos configurar? Por intereses económicos estaríamos sometidos a trabajos forzados, por intereses ideológicos -cambiantes- a pensamiento único -también cambiante-, por intereses sectarios a locuras seudo religiosas, por intereses de grupos dominantes minoritarios, a la esclavitud y pobreza de la inmensa mayoría… ¿alguien tiene interés en nuestra felicidad, la de todos sin distinción?, nadie, aunque lo cacareen hipócritamente, solo Dios da la felicidad y nos libera de ataduras. 

6 - ¿Dónde nos puede llevar tanta ceguera?

La ceguera del corazón es muy osada, relativiza los hechos, ignora lo que nuestra pequeña inteligencia no comprende, se rodea de banalidades y se convence de que tiene una vida llena y completa. "No me falta nada" dicen, y les falta lo más importante, les falta conocer la “verdad” de esta vida que trasciende de nuestra capacidad perceptiva y proviene del alma, del espíritu que albergamos. Pobrecillos, se quedan en lo material y palpable, no saben ir mas allá.

Si no seguimos las leyes de Dios, el mundo se va paganizando, se convierte en adorador de otros dioses, a su medida, retrocedemos hacia la ley del mas fuerte, del mas hábil, del mas manipulador, del mas violento..., se forman grupos de poder, se generaliza el propio interés y la intransigencia, educamos en el desprecio al que no piensa como nosotros, y trataremos de imponer que la “verdad” sea la que acuerden en consenso las fuerzas políticas en cada momento de nuestra historia, porque... las religiones, está demostrado -dicen algunos-, engendran violencia... De esta forma desmontan cualquier principio moral.

No se dan cuenta que la Iglesia Católica es y ha sido durante veinte siglos, la única garante de los "derechos humanos", puesto que estos derechos no provienen de ningún consenso ni votación popular, provienen de Dios, del Creados de nuestra existencia y nuestro mundo. Nos ha dicho en muchas ocasiones, de muchas maneras y personalmente el mismo Dios, Jesucristo, que todos tenemos la misma dignidad como personal, que estamos unidos en el amor entre nosotros fruto del amor que Él nos tiene… A lo largo de la historia, la Iglesia ha inspirado estos principios que la ONU ha proclamado en su Declaración de Derechos Humanos.

Pero muchos siguen sin querer ver ni oír, no les interesa, va contra su bolsillo y su "ego". Pilato preguntó a Dios ¿que es la verdad?, pero no esperó su respuesta, era un escéptico, y por eso, quizás tampoco hubiera obtenido una respuesta, Dios tiene una paciencia infinita pero no pierde el tiempo. La “verdad” está ahí, en su doctrina, solo comprensible para corazones sencillos y humildes.

Frente a esta fuerza paganizadora de la sociedad, transmitida con un proselitismo agresivo por todos los medios de comunicación, solo cabe el testimonio personal de cada uno de los cristianos, con nuestra fe, nuestro trabajo, con nuestra vida familiar y social, en todos los ambientes donde nos encontremos, activos, contra corriente, llamando a las cosas por su nombre, sabiendo decir… ¡no, gracias!  

7 - El Estado garante de la integridad del ser humano.

“Yo he venido como luz al mundo para que todo el que cree en Mí, no permanezca en tinieblas” (Jn 12,46).

Un Estado justo, consciente de todas estas realidades, no debe situarse por encima de ellas, volveríamos de forma retrograda a una soberanía absoluta sobre el destino de la humanidad. Muy al contrario, debería respetar y fomentar la integridad del ser humano, materia y espíritu que anima esa materia, promoviendo los valores humanos y asentando en ellos la organización de nuestra convivencia ciudadana, el progreso tecnológico, científico y social.

Un Estado protector de nuestros valores más nobles, que afloran como fruto maduro de profundas creencias enraizadas en el alma. Un estado del bienestar de nuestro cuerpo y nuestra alma, pues “hay una única vida hecha de carne y espíritu”. Cuerpo sano, inteligencia creativa y alma espiritual que anhela los goces divinos. Este es el autentico estado del bienestar íntegro de la persona humana, en libertad y respeto al hecho diferencial que nos enriquece.

De esta manera, los cristianos y todos los creyentes, podremos caminar por el mundo con los pies en el suelo y la mirada en el Cielo, escrutando el rostro de Dios, porque “…hay algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes de la vida, que toca a nosotros descubrir… a ese Dios invisible lo encontramos e las cosas mas visibles y materiales”.

8 - Una petición confiada.

Señor, que este mundo no me enloquezca, que sepa sacar la cabeza de entre sus tentáculos y buscarte, que tenga capacidad de admiración por tu gran obra, que sepa verte en ella, porque Tú nos has dicho "por los frutos los conoceréis", luego, la obra de un artista es un medio de conocimiento del artista. Tu inmensa obra habla de ti.

Los santos te tienen en su corazón permanentemente y a pesar de ello, pasan largas "noches oscuras" como prueba de tu amor y predilección por ellos; pero la gente llana, atrapados en la voracidad de nuestra sociedad, tenemos grandes dudas porque no sabemos verte, nos hemos acostumbrado a que el sol salga todos los días, a que la naturaleza funcione perfectamente, a ir desgranando sus misterios sin admirarnos, somos unos desagradecidos, unos ignorantes orgullosos de nuestra ignorancia, así nos va. Solo Tú puedes librarnos de esta plaga de salvajismo. Danos luz y un corazón humilde para participar en la dicha de los bienaventurados: pobres de espíritu, mansos, limpios de corazón, justos…