115 - DIOS SIEMPRE SORPRENDE

Si nuestro agnosticismo nos impide avanzar, las obras con amor en la búsqueda del bien son nuestro aval.

 

   

Ojalá ninguno de nosotros descubra cuando Dios nos pida cuentas que ha estado colaborando con el mal, por ignorancia, por dejadez, por cobardía, aunque nuestra intención haya sido hacer el bien.

No es difícil esta situación si vivimos de espaldas a la verdad objetiva, a Dios mismo, indiferentes a su presencia, a sus desvelos por nosotros. Aunque sea por educación, merece una mínima deferencia. Quizás queremos verlo con nuestros ojos carnales, y así, es difícil, se le ve más fácilmente con los ojos del alma cuando están limpios y transparentes, los ojos de un alma en gracia, cercana a Dios y su Espíritu.

Dios no es rencoroso y nos juzgará según la cantidad y calidad de amor que hayamos puesto en nuestro caminar por el mundo, amor a las criaturas y a la naturaleza creada fruto de sus manos. En un sentido puede considerarse amor a su Creador.

Si nuestro agnosticismo nos impide avanzar, las obras con amor en la búsqueda del bien son nuestro aval. Quizás nos ayuden a intuir el misterio, a amar el misterio que hace entrañable la vida, a encontrar el misterio de Dios.

Si la dictadura del relativismo dominante nos tiene absorbidos, nuestras acciones en la búsqueda del bien serán nuestras valedoras. El bien que proviene de nuestro amor fraternal, confiado y misericordioso, más excelso que la justicia, pues ser justo poco vale si no se es misericordioso. Más excelso que el cumplimiento de nuestros deberes y obligaciones, pues pueden convertirse en una carga injusta cuando no van acompañados de amor bondadoso, comprensivo y confiado entre nosotros, como Jesús nos enseñó.          

"Y aunque tuviera el don de profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, y aunque tuviera tanta fe como para trasladar montañas, si no tengo amor, no sería nada..." nos dice san Pablo. Porque toda buena acción que no vaya acompañada del amor, el cariño, la ternura y la comprensión que Dios tiene con nosotros, de nada sirve.

En el silencio, despegados del mundanal ruido, busquemos en nuestro interior, hurguemos en nuestra intimidad, descubriremos lo inefable. Dios siempre sorprende. Mas aun, si amamos el misterio de la vida porque sabemos que está ahí, Dios no se queda impasible, nos sorprenderá, aunque nuestra alma se encuentre en la oscuridad más absoluta... una pequeña luz aparecerá a lo lejos… y se irá acercando… poco a poco…