| 113 - LA ESPIRITUALIDAD DE UN CATÓLICO DE A PIE | ||
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Una misma realidad puede ser para unos, motivo de santificación y para otros, motivo de condenación, con solo vivirla poniendo la intención y el empeño en agradar a Dios mediante la entrega a los demás o, por el contrario, con la intención de agradarnos y complacernos a nosotros mismos, poniéndonos por encima de los demás. Una aparente pequeña diferencia que cambia radicalmente nuestra historia y la del mundo. |
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Medito mucho sobre lo que Dios pide a personas que, como yo, vivimos inmersos en nuestro trabajo, nuestra familia, nuestro ambiente, entre amigos, debates políticos, cuestiones sociales..., ¡como vivir una autentica espiritualidad, abierta a todos!, cada uno en su mundo, en sus circunstancias, con los suyos, con los que Dios le ha puesto al lado. Acudo a los escritos de San Josemaría y a los del Concilio Vaticano II. Allí encuentro explicación clara de la "llamada universal a la santidad" que Jesús nos pide y tantos santos han proclamado. "Dios está entre los puchero", nos dice Santa Teresa. "nuestra actividad cotidiana, nuestro trabajo realizado por y para Dios, es camino de santificación", nos dice San Josemaría. Son caminos abiertos, caminos de contemplación, de paz, descanso y abandono en Dios para los que estamos agobiados en esta vida tan absorbente. ¿Caminos para los que buscamos a Dios? Hay muchos, muy diferentes, se podría decir que hay uno para cada uno de nosotros. "Se hace camino al andar" escribe Machado, y ese es el nuestro, el que hacemos intentando seguir al Maestro imitándole en nuestras menudencias de todos los días, el camino que nos acerca a Dios mas y mas, el que nos puede hacer "santos", eso, "santos", porque nos exige lucha constante en esas "menudencias", pero tan importantes como las hazañas de los grandes héroes: nuestras cosas pequeñas de todos los días hechas con amor... ¡Qué nos importa la opinión de los hombres! Nos importa la de Dios, que ve nuestro interior, nuestras verdaderas intenciones. En los años 60, era yo un niño, solíamos ir en verano mis padres y mis hermanos, todos en un Seat 600 a pasar quince días en tienda de campaña que llevábamos bien atada sobre el coche. No íbamos solos, muchas familias hacían lo mismo. Unos gitanillos comentaban con sorna: ¡no hay quien entienda a los payos, todo el año trabajando como animales para pasar unos días como nosotros! Seamos payos o gitanos, no es nuestro caso, ni trabajamos como animales para poder disfrutar unos días de vacaciones, ni nos pasamos la vida sin trabajar. Estos tópicos están superados. El trabajo es un mandato de Dios que dignifica al hombre, sea un trabajo humilde o de gran responsabilidad, todos sirven al bien común, los médicos que curan nuestras enfermedades y los jardineros que cuidan nuestros parques. Nuestro trabajo bien hecho es oración, vida contemplativa en nuestra cotidianeidad, camino de santificación. No hay doble vida, es una sola, de amor a Dios y a los demás. Dios será uno mas entre nosotros, y Él, con nuestra ayuda habitará en los corazones de todos. Jesucristo nos convoca a todos a seguirle en nuestros quehaceres mas cotidianos, a imitarle en las realidades mas humanas de nuestro entorno, a seguir su camino, a hacernos “santos” como Él es santo, santidad que puso a nuestro alcance con su ejemplo en nuestro trabajo, con nuestra familia, con nuestros amigos, nuestras actividades sociales…, realidades puestas por Dios Creador en nuestras manos para que nos acerquen a Él, no para que nos alejen mas y mas de Él cuando las convertimos en los “ídolos de nuestros tiempos”: el afán de poseer, el dinero, el poder sobre los demás, la sensualidad sin freno, el orgullo, la vanagloria…, la falta de caridad con nuestros hermanos, que nos aleja de Dios. Una misma realidad puede ser para unos, motivo de santificación y para otros, motivo de condenación, con solo vivirla poniendo la intención y el empeño en agradar a Dios mediante la entrega a los demás o, por el contrario, con la intención de agradarnos y complacernos a nosotros mismos, poniéndonos por encima de los demás. Una aparente pequeña diferencia que cambia radicalmente nuestra historia y la del mundo. | ||