111 - EL ARTE DE LO PEQUEÑO

El único arte que merece la pena es "la belleza del alma", y esa escultura se modela poco a poco con pequeñas cosas, menudas, verdadero arte, sin aplausos ni elogios, pero con perseverancia... hasta el final, hasta entregar nuestra “nada”. Lograremos una preciosa obra con los detalles de amor de toda una vida.     

 

 

¡Cuando algo no me sale, a comenzar otra vez! Siempre así, en cada jornada, en cada momento, ese es mi día: comenzar y recomenzar a veces en cosas de muy poca importancia humana. Dios me quiere en las cosas pequeñas para que no haya motivos de soberbia, pues no suelen mover a la vanidad que tantas obras de arte deja vacías.

¿Quien se vanagloria de luchar por ser ordenado, por ser puntual, de sonreír a los hijos, de desear ¡buenos días!, de ser amable, terminar bien el trabajo...?

Nunca me podré vanagloriar de ser ordenado, pues no lo soy, y si lo fuera, seria pretencioso pensar ¡soy una persona ordenada!; ni tampoco me vanagloriaría de ser amable, pues a veces soy antipático, y... Mi aspiración con la ayuda de Dios es la de seguir luchando por ser ordenado, por ser amable siempre..., pequeñas cosas que requieren “arte”, que requieren entregar mi pequeña incapacidad, mis fallos, olvidos… que me duelen. Dios quiere mi “nada” cuando le haya entregado “todo”, y mi nada son mis defectos.

Las cosas grandes, esas, solo las hace Dios, a veces con instrumentos muy insignificantes que podemos ser uno de nosotros, con nuestros defectos, prueba concluyente de que es Dios su autor.

Es el mayor de los ridículos atribuirse uno a si mismo el honor de los aplausos y elogios, sin querer ver que su maravilloso arte lo ha recibido de Dios, hasta el tesón y empeño que ha puesto en mejorarlo para llegar a “maestro de... artes efímeras”. Si uno es consciente del don recibido y en momentos de triunfo, con un guiño al Señor le ofrece toda la gloria, lo transforma en “arte divino”.

El único arte que merece la pena es "la belleza del alma", y esa escultura se modela poco a poco con pequeñas cosas, menudas, verdadero arte, sin aplausos ni elogios, pero con perseverancia... hasta el final, hasta entregar nuestra “nada”. Lograremos una preciosa obra con los detalles de amor de toda una vida.