| 110 - UN DESCANSO GRATIFICANTE | ||
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La fatiga se apodera de mí. Necesito unos días de quietud, mover el físico y dejar el cerebro en reposo de asuntos mundanos, buscando el descanso en Dios, que "...me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas..." (Sal. 22,1-6) “...Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco...”, les dice Jesús a sus discípulos a la vuelta de una misión en la que....”no tenían tiempo ni para comer, pues las gentes iban y venían continuamente....” Jesús terminaba las jornadas extenuado, yo procuro imitar al Maestro cuando me encuentro sin fuerzas, cansado, con necesidad de descanso “en un sitio tranquilo”, donde noto la paz del espíritu pleno de Jesús, porque Él descansa conmigo y en mi. Se recompone mi cuerpo y mi mente cuando el Espíritu de Dios se hace dueño de toda mi actividad. Muchos buscan el descanso de forma frenética creyendo obtenerlo en el disfrute sin límites, no dejando lugar al espíritu, por lo que su agotamiento es mayor y se privan del medio necesario para salir del absorbente activismo sin sentido. Pierden la paz interior que da la compañía de Dios, en la oración, en el silencio, en la contemplación y deleite de lo bello, en la armonía de las cosas, paz que contagia, ayuda a los que están a nuestro alrededor, en un clima fraterno, de comprensión y concordia. Así se descansa, se reponen fueras, con un descanso enriquecedor. De otra manera es más difícil, por no decir imposible. Dios está en lo simple, en lo cotidiano, no en lo complejo y banal. Ahí se encuentra la paz del espíritu, se encuentra a Dios que nos conforta y alivia, y podemos disfrutar con todos los sentidos su Amor y el amor de los demás, entregándonos sin limite y sabiendo que en el amor no existen vacaciones. | ||