| 105 - HUMILDAD Y FRATERNIDAD | ||
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La justicia social es base firme del edificio que levantamos en este mundo, entre todos, sumando fuerzas y sin exclusiones. Se fundamenta en la dignidad de toda persona ante Dios que así nos ha creado, y ante los demás. Esto se traduce en un respeto a cada cual como es, con sus valores y sus defectos, llegando a estimar tanto unos como otros. ¿Los defectos también?, si, los defectos son singularidades de cada persona, superables a veces pero otras no. En eso tenemos que ser comprensivos ayudando a los demás, y por el mismo motivo, dejándonos ayudar. Nuestros defectos no hacen daño al ser humano, solo el mal hace daño al hombre, solo contra él tenemos que luchar denodadamente, no contra nuestros hermanos. Nuestros defectos son la base de la humildad si los aceptamos y luchamos para corregirlos. ¿Que seria de nosotros si Dios nos hubiera creado perfectos?, seria mucho mas difícil vivir esta virtud de la humildad, por no decir imposible. Solo la Virgen Maria concebida sin pecado fue perfecta en todo y es la más humilde de las criaturas. La humildad nos ayuda a comprender a los demás, a comprender que tienen sus motivos para actuar de forma a veces incomprensible para nosotros, y esos motivos no tenemos por qué saberlos. Es necesario un acto de confianza y no juzgar ligeramente, erraríamos muchas veces, y lo que es peor, haríamos un daño a nuestro prójimo, que según la circunstancia, sería muy difícil de corregir. La humildad nos aproxima a otras personas, nos hace más comprensivos. El amor se va descubriendo cuando entras en lo más íntimo del corazón humano, y ves su bondad, sus buenas y malas cualidades, virtudes y defectos, circunstancias y motivos educacionales o culturales que definen su personalidad, pero sobretodo, ves la lucha y el empeño por superar barreras que le separan del bien. Por desgracia también descubres corazones indiferentes y corazones malvados. Solo Dios puede juzgarlos, nosotros solo compadecerlos y procurar no caer en sus redes. El mundo sería muy distinto si se viviera la verdadera fraternidad, pero muchas personas siguen actuando erradamente de forma irracional, buscando solamente la supervivencia individual y la de su clan, sin importarles los demás. Hemos evolucionado en muchos aspectos, sobretodo tecnológicos, pero humanamente dejamos mucho que desear. Seguimos siendo muy “egocentristas”, nos importa muy poco lo que concierne a otros, ni sentimos ni padecemos “pero si es de los míos..., no razono, muerdo”. ¿Tienen que ocurrir grandes tragedias para darnos cuenta que hay otra gente que sufre? Unas personas sufren a nuestro lado, otras mueren violentamente supurando odio por los poros, otras mueren lentamente de hambre, otras de sufrimiento psicológico..., para qué seguir. Hoy día casi todo se puede remediar, pero necesitamos una actitud de luchar por el bien común, de cada persona que habita en este mundo, sin distinción, pues “Dios hace llover sobre buenos y malos y a todos reparte sus bienes”. Todos estamos mas cercanos de lo que parece, la globalización nos aporta poder conocernos mucho mas y compartir este mundo que se nos puede quedar pequeño. Pensemos que somos como una inmensa familia en la que todos importamos a todos, la felicidad de unos hace felices a los demás, y las guerras de otros nos entristecen. Estamos unidos en un mismo tren que camina, todos somos importantes y si uno falla repercute en los demás. Dios tira del tren y cuenta con todos para llegar a la meta.
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