102 - EL MUNDO SIN LÍMITES

 

 

 

 

  

Este mundo no está cerrado, no se queda en lo que es, no se acaba en si mismo, no nos cierra horizontes, no tiene fronteras... Es un mundo de partida, el inicio de algo que no llegamos a vislumbrar, que está en otro plano, en otra dimensión. Quizás las mentes despiertas sean capaces de elevarse unos palmos sobre el suelo, pero caen irremisiblemente al plano cero.

La fe nos dice que el cambio se produce después de la muerte corpórea, y así como la crisálida sale de su funda que la mantenía encerrada y comienza a volar, nuestro espíritu necesita salir de la materia corrupta para volar hacia un mundo superior y definitivo donde la materia se vuelve incorrupta, donde el bien todo lo llena y el mal ya no existe, solo en otra dimensión y en otro mundo distinto porque el actual habría pasado..., es decir, en un mundo con todas las perversiones y vilezas sin freno, un mundo abandonado de Dios en las manos del Maligno y a merced y capricho de los obstinados, que vagarán eternamente con su obcecación.

No es difícil imaginar este estado de cosas. Para los creyentes en la trascendencia de este mundo hacia Dios, es más fácil, pues nos ha sido revelado. Revelación clara y precisa cuando se tiene el corazón abierto a la verdad, no para los escépticos. De todas formas asumible y fácilmente verificable para los primeros, y ojala nos encontremos entre ellos, ojala arrojemos lejos de nosotros tanto apego desaforado a lo material, que anula la voluntad de búsqueda de la Verdad en Dios.  

No pongamos puertas al campo, no menospreciemos los dictados del corazón, no vivamos “adormecidos” cuando mas despiertos hace falta estar, no nos cerremos a los misterios por el hecho de que no caben en nuestra pequeña inteligencia. Este mundo es un pequeño reflejo de su inmensidad, no lo hagamos aun mas reducido para nosotros.

No limitemos nuestras posibilidades en el tiempo que aun nos queda, mas al contrario, abramos los ojos de la inteligencia y el corazón, pues pronto el tiempo dejará de pasar porque habrá acabado, sustituido por un presente perpetuo que todo lo abarca y en todo está. Habremos llegado a nuestra morada definitiva: ilimitada en el amor y la dicha para muchos, reducida a la propia mezquindad para otros.