63 - ¿DAR O RECIBIR?
Nunca seré consciente de lo mucho que he recibido de Dios: la vida, la fe, una familia, unos amigos, unos dones, unas cualidades que me hacen diferente a los demás, que me hacen único, unos talentos, una capacidad de amar, de dar amor, una inteligencia, una libertad... todo recibido gratuitamente, sin pedirme nada a cambio…., solo...., un poco de amor.
Señor, se que buscas mi amor, y noto como te ruborizas al ofrecértelo, mi más humilde amor, como si fuéramos jóvenes que lo experimentamos por primera vez, no solo el primero, sino el único Amor verdadero, al que quiero corresponder, pues Tú me has amado primero.
Se que este Amor me lleva a entregarte todo, a ser desprendido de los dones recibidos, por tu infinita misericordia de Padre y Madre, a no quedarme nada para mí “Gratuitamente lo habéis recibido, dadlo gratuitamente”
Teniendo tu Amor lo tengo todo nada me falta
Quiero ser generoso contigo, Señor, y con los que me has dado, porque la persona generosa sabe dar cariño, comprensión, ayudas materiales..., y no exige que la quieran, que la comprendan, que la ayuden. Da, y se olvida de que ha dado. Ahí está toda su riqueza. Ha comprendido que es mejor dar que recibir.
Descubre que amar "es esencialmente entregarse a los demás. Lejos de ser una inclinación instintiva, el amor es una decisión consciente de la voluntad de ir hacia los demás, desprendido de todas las cosas para poder amar de verdad y, sobre todo, de uno mismo; dar gratuitamente... Esta desposesión de uno mismo... es fuente de equilibrio. Es el secreto de la felicidad" -Juan Pablo II-.
El dar ensancha mi corazón y me hace más joven, con más capacidad de amar. El egoísmo me empobrece, hace mi propio horizonte más pequeño. Cuanto más doy, más me enriquezco. Lo "mío" se salva precisamente cuando lo entrego, cuando permito que Dios pueda entrar ahí con libertad, para no convertir "eso" en un ídolo. Todos los días tengo un tesoro para distribuir. Si no lo doy, lo pierdo para siempre; si lo reparto, el Señor lo multiplica.
Nuestra felicidad no es completa sin la de los demás. Hacer feliz a otra persona, en lo mas profundo de nuestra alma, nos hace más felices a nosotros.
Pero ¿como puedo "darme" en mi trabajo diario, con mi familia, con mis amigos, en la calle, en mi actividad social,...?. He aprendido que las ocasiones de servir se hacen realidad con sacrificio, como fruto de una actitud interior de abnegación y de renuncia; y me doy cuenta de que para encontrar estas oportunidades de servicio es necesario buscarlas: pensando en el modo de ser de quienes conviven o trabajan conmigo, en aquello que necesitan, en qué puedo serles útiles.
El egoísta, que vive para sí, y pasa el día lejos de Dios, sólo se da cuenta de sus propias necesidades y de sus caprichos, no de las necesidades de los demás. Yo tengo que estar atento, no despistarme (lo que me ocurre con frecuencia), ver mas allá de las apariencias, meterme en los problemas y necesidades de los demás, y si puedo, ayudar sin que se note, ser bálsamo, facilitar las cosas, con una sonrisa. Puede parecer que no me entero, pero mi Dios sabe que si, y que lo hago por El.
|